Mi Amor Es De Peso 76
100%

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Abandoné aquella casa de campo con el alma ligera. Ya no sentía la pesadez que me acompañaba cada mañana. Perdonar tiene el poder de disipar la amargura. No advertí que el viaje con Garrett tomó un rumbo distinto hasta que reconocí el paisaje por la ventana.

—Garrett, ¿a dónde vamos?

—Te estoy secuestrando.

—Hablo en serio —reí.

—Ya lo verás.

Llegamos a un lago colmado de recuerdos de nuestra adolescencia, donde solíamos acampar con el colegio. Nos bajamos y nos sentamos en la arena. La brisa fresca en mi piel me relajó por completo.

—Qué recuerdos, ¿verdad? —dije con nostalgia.

—Sí. Aquí fue donde me percaté de que me gustabas.

—No te creo.

—Ya conoces la historia; no hace falta recordarte lo idiota que fui.

—Eso es cierto —reí—. Pero me encanta nuestra historia. Siempre serás mi favorito.

Él soltó una carcajada.

—Qué cliché —arrugó la nariz con ternura.

—¿Y quién no se enamoraría de este cuerpo? —bromeé arqueando las cejas.

—Solo yo —respondió—. ¿Nadamos?

—No traje traje de baño.

—¿Y qué? No hay nadie aquí.

—No lo sé… —dudé.

—Vamos, no te hagas la inocente.

—Me estás retando —le dije con complicidad.

—Exactamente.

Nos levantamos riendo. Me quitaba el vestido con rapidez cuando él pronunció mi nombre.

—Colette.

Lo miré. Estaba arrodillado, fingiendo desabrocharse los zapatos, pero de pronto extendió un anillo hacia mí.

—No soy el hombre más romántico, y sé que soy un loco, desordenado y todo lo que ya conoces. Me entiendes mejor que yo mismo. Pero, tal como soy, te amo de una forma que me supera. Quiero estar a tu lado y despertar contigo cada mañana. ¿Aceptarías a este corazón que se ha rendido por ti?

Mis ojos debían estar hinchados por el llanto con mi madre, pero aquellas nuevas lágrimas eran de pura emoción. No dudé ni un segundo. Me abalancé sobre él para besarlo con pasión mientras repetía:

—¡Sí!

Él me abrazó con fuerza, deslizó el anillo en mi dedo y me besó de nuevo. De repente, sonrió con malicia.

—Pero del agua no te salvas.

Sin previo aviso, me tomó en brazos y se lanzó al lago conmigo antes de que terminara de desvestirme.

Dios, cuánto amaba a ese hombre, ahora mi futuro marido.

¿Podría ser más feliz? La vida no es perfecta, ni lo son las relaciones, pero aprendí que la confianza debe ser mutua.

Donde hay amor, existe lealtad, y si ese sentimiento es sólido, ninguna barrera nos derrumbará.

Y si estás triste, mejor come un pastelillo, porque el filete ya es mío.