Mi Amor Es De Peso 69
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La dirección nos condujo al otro extremo de la ciudad, a una zona rural rodeada de naturaleza y alejada del bullicio de la capital. Al fondo del terreno se erguía una casona acogedora de madera, custodiada por árboles y flores de colores vibrantes que embellecían el paisaje.

Al tocar el timbre, dos perros ovejeros salieron a nuestro encuentro ladrando con fuerza. Sin embargo, al olfatear el borde de mi vestido, se calmaron de inmediato, como si mi esencia les resultara familiar. De pronto, la puerta principal se abrió y Nick, mi guardaespaldas, salió a recibirnos.