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Ignoro cuánto tiempo permanecí llorando mientras intentaba asimilar la noticia. Garrett no se apartó de mi lado en toda la tarde. Nos recostamos en el sofá en un silencio prolongado, hasta que él, mientras acariciaba mi cabello, rompió la calma.
—¿Entiendes ahora por qué debemos vivir juntos?
—No pierdes oportunidad para insistir con eso —respondí con una sonrisa triste.
—No me agrada verte así, Ett. Amo tu sonrisa y a esa mujer alegre que llega cada día a la oficina. Eres como un rayo de sol.
—Un rayazo, querrás decir.
Reímos brevemente y lo abracé con más fuerza, ocultándome en su pecho.
—¿Qué planeas hacer con ese papel? —preguntó, refiriéndose a la nota que cayó del sobre.
—Si voy a conocer la verdad, deseo que sea completa. Esa dirección debe significar algo.
—¿Quieres ir ahora? Te apoyaré en lo que decidas, excepto en tu idea de vivir sola.
—Ya basta —le di una palmada juguetona y él rió—. Vamos.
Asintió y, decididos, nos dirigimos a la ubicación escrita en el papel.