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Algo cambió en mi interior tras conocer aquella parte de la historia. La verdad posee esa capacidad transformadora, incluso tratándose de una verdad a medias.
Desde el día de la presentación, las amenazas cesaron.
Era un alivio, aunque me mantenía en un estado de alerta constante.
Ignoraba qué buscaba el acosador o si solo esperaba a que bajara la guardia.
Decidí que mi vida debía tomar un rumbo nuevo: ya no viviría con Nick y Garrett.
Adquirí un apartamento en el mismo edificio de Garrett y mantuve a Nick como guardaespaldas solo para eventos multitudinarios.
Resultaba extraño intentar una cita con Garrett mientras Nick vigilaba a escasos metros; las citas de tres no funcionan. Me costó convencerlos, pero necesitaba un respiro. Me enfoqué en mi trabajo, en mi novio y en mis amigos, confiando en que tarde o temprano la verdad completa saldría a la luz.
Aquella oportunidad llegó de forma inesperada.
Mientras caminaba por el parque con Garrett, divisé de nuevo al hombre del cementerio.
En cuanto notó nuestra presencia, huyó. Garrett lo alcanzó tras una breve carrera.
Era un hombre mayor, de la edad de mi padre, pero con un estilo juvenil y sofisticado; se notaba que había sido muy atractivo en su juventud.
En ese instante, mi olfato captó un rastro inconfundible: era el mismo aroma del perfume con el que habían intoxicado a mi padre.