Mi Amor Es De Peso 56
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Corrimos tras el vehículo, pero fue imposible alcanzarlo. Los cuatro nos quedamos en mitad de la calle, empapados y frustrados. Parecíamos un grupo de superhéroes sin propósito alguno, pero al menos habíamos logrado un avistamiento directo.

—¿Lograron ver su rostro? —pregunté, jadeante.

—Yo no —admitió Nick—. Pero si afirmas que el acosador se vincula con el apellido de aquel compañero…

—Incluso podría ser tu padre —le espetó Garrett.

—¿Otra vez con eso? Mi apellido es Becket —replicó Nick con molestia.

—¿Y cuál era el apellido del compañero? —intervino Garrett, tratando de hacer memoria.

—Baudin —respondimos Abby y yo al unísono.

—¿Baudin? —murmuró Garrett—. ¡Cómo olvidarlo! Le apodábamos "Budín de zanahoria" por el color de su cabello.

Nick soltó una carcajada espontánea.

—Ya lo recordé, el famoso Budín —repitió, sacudiendo la cabeza.

—¿Existe el budín de zanahoria? Qué asco —comentó Abby, arrugando la nariz.

—Fue solo un sobrenombre de niños —dijo Garrett entre risas.

—¡Concéntrense! —exclamé para recuperar el orden—. ¿Vamos a investigar a ese tipo o seguiremos con las bromas?

—Lo haremos, pero después de hoy —respondió Garrett, arqueando las cejas—. Tenemos algo pendiente.

—Todos tenemos algo pendiente, no solo tú —Nick lo empujó levemente con el codo.

—¡Basta! —exclamó Abby—. Vamos a celebrar el éxito de la presentación. Con tantos incidentes, no hemos tenido oportunidad de brindar.

—Exacto. Vamos a casa —sentenció Nick.

—A la mía, querrás decir —debatió Garrett.

Abby y yo rodamos los ojos y subimos al auto. La relación entre Nick y Garrett era un enigma: oscilaba constantemente entre el respeto y la rivalidad más absoluta.