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Ignoraba cómo evolucionaría la relación entre nosotros. Nick y Garrett apenas lograban cruzar palabra; si bien podían coordinarse ante una amenaza inminente, la convivencia bajo el mismo techo se perfilaba complicada.
Al llegar a la residencia de Garrett, Abby aguardaba en la entrada. Me estrechó en un fuerte abrazo que correspondí con cierta vacilación. Tras los últimos incidentes, la confianza se había fracturado, pero ella insistió en que fuéramos a una cafetería cercana para conversar. Acepté.
Abby soltó un suspiro cargado de pesadumbre tras beber un sorbo de café.
—¿Todavía dudas de mí, Colette? —preguntó afligida.
—Te mentiría si dijera lo contrario.
—¿Qué puedo hacer para recuperar tu confianza?
—Un setenta por ciento de mi ser desea creerte, Abby. Pero el resto está dominado por el miedo que me ha perseguido estos meses sin obtener respuestas.
—Al menos tengo una oportunidad —murmuró ella—. Jamás te causaría daño, Ett, aunque entiendo tu postura.
Bebí de mi taza, tratando de ordenar mis pensamientos.
—Todo cambió en este viaje. Quizá no tengas la culpa de nada; intento convencerme de que no tendría sentido que me traicionaras, siendo casi hermanas. Por eso mismo, me destrozaría descubrir que estuviste involucrada.
—Lo sé, y yo me sentiría igual. Pero para demostrarte mi lealtad, he estado investigando estos días.
—¿Ah, sí? ¿Qué descubriste?
—Averigüé que el sello con el que se identifica tu acosador, ese envase de perfume, pertenece a una empresa real. Creo que ese es el punto de partida.
Abrí los ojos con asombro y deposité la taza sobre la mesa con excesiva fuerza.
—¿Qué? Explícate ahora mismo, Abigail.
En ese instante, mi teléfono vibró. Un número desconocido apareció en la pantalla. Dudé en responder, presa del nerviosismo, hasta que Abby me arrebató el dispositivo.
—Yo contesto, quédate tranquila —dijo con firmeza. Atendió la llamada y su expresión cambió de inmediato—. ¿Diga?... ¿Qué?... Sí, ella está conmigo.
Me miró con un gesto de espanto que presagiaba noticias funestas.