Mi Amor Es De Peso 22
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Ya no se trataba solo de un cruce de miradas; era un contacto físico total, piel contra piel.

—Qué labios tan bonitos tienes —susurró él, con la voz cargada de una ronquera matutina.

—Para comerte mejor —solté de inmediato, aunque intenté disimularlo con una tos fingida que no engañó a nadie.

Nick soltó una carcajada. En ese instante, mi mente era mi peor enemiga.

—¡Oye! Levántate. ¿Has visto a Cole…?

La voz de Garrett irrumpió en la sala. El grito que soltó casi alcanzó el techo, seguido de una cadena de maldiciones al encontrarnos en aquella posición comprometedora.

Nick se incorporó de inmediato, mientras yo permanecía extendida en el sofá, como una estrella de mar, abrumada por la situación.

Garrett nos señaló a ambos, con los ojos desorbitados y un tartamudeo evidente.

—No me digan que ustedes…

—No es lo que piensas —intervine mientras me ponía de pie—. Iba al baño y, bueno…

—Creí que alguien extraño había entrado en la casa —añadió Nick.

—Que alguien extraño había entrado… —repitió Garrett con tono burlón—. ¡Es obvio que estamos nosotros aquí!

—Ya basta, no reclames tanto, no ocurrió nada.

—Bueno… yo… —balbuceé—. Iré a preparar un sándwich.

—Por lo visto, ya estabas preparando uno con Nicholas —espetó Garrett.

—¿Qué intentas decir? ¿Que yo soy el pan? —repliqué.

Garrett puso los ojos en blanco y yo contuve la risa.

—Ahora te haces la tonta.

Me tomó de la mano y me condujo por el pasillo hasta el baño, obligándome a entrar con él.

—¡Garrett! ¿Por qué entras conmigo?

—Porque no puedo descuidarte ni un segundo —declaró con firmeza.

—No, tonto, no puedo hacer nada contigo aquí —protesté, intentando empujarlo.

—Solo vas a usar el baño, Colette, no exageres. Además, ya te conozco desnuda.

—¿¡Cuándo!? Jamás me has visto así.

—Sí, cuando saltamos al lago con Abby. Seguro estabas demasiado ebria para recordarlo.

—Pero teníamos trece años.

—Para que veas que siempre has sido traviesa —dijo él, alzando una ceja.

—Mi cuerpo cambió desde entonces.

—El mío también, y bastante —se jactó, adoptando una postura orgullosa.

Abrí los ojos con sorpresa.

—Mejor ve a preparar el desayuno —le ordené.

—¿No ibas a hacerlo tú?

—Te tardas demasiado y pronto debemos ir a trabajar. Fuera de aquí.

—¿O acaso necesitas más privacidad? —se burló mientras reía.

—¡Garrett! —lo regañé.

Unos golpes en la puerta nos interrumpieron. Era la voz de Nick:

—¿Todo bien ahí dentro?

—¡Sí! —exclamamos al unísono.

—Le estoy preparando un baño de espuma —bromeó Garrett.

Le propiné un golpe en la espalda.

—Ay, Colette, no te pongas agresiva.

—Vete ya. —Abrí la puerta y lo empujé hacia el pasillo.

Cerré con llave de inmediato. Tenía la respiración agitada y las mejillas encendidas. ¿Acaso creía que su cercanía no me afectaba? Alcé los brazos hacia el techo en un grito mudo: «¡Dios, ¿me estás escuchando?!».