11
Mis manos temblaban mientras buscaba el número de Garrett en el celular. Sonó un par de veces antes de que me contestara.
—¡Hey, Golosina! ¿Qué tal?
—¡Garrett!
—Colette, ¿qué te sucede? —Su tono de voz se volvió preocupado.
—Abby... Abby, ¿dónde está?
—En su casa, supongo; yo acabo de llegar a la oficina. ¿Estás bien?
—¿Seguro? ¿No la has visto por ahí?
—No, Colette, no está aquí. Ya dime qué pasa, me estás asustando.
—Me llamó la persona que me ha estado amenazando... ¡Dice que tiene a Abby!
—¡Demonios, Colette! ¡Voy a llamar a la policía! ¡Quédate ahí!
—¡No, Garrett! No llames, yo voy en camino.
Me puse los tacones y tomé en brazos a Apolo para ponerlo en su transportín; me daba miedo dejarlo solo en casa.
—Colette, ¿qué demonios vas a hacer? No puedes ir sola. ¿Dónde es?
—Sácame dinero de la cuenta bancaria.
Garrett maldijo a través del teléfono. Se oía desesperado y le gritó a Louis, quien, por supuesto, ya se había enterado y andaba corriendo de un lado a otro.
—¿A dónde vas, Colette?
—Voy a juntarme con el idiota y terminar con esto de una vez por todas.
Corté la llamada y salí de mi apartamento, decidida a que fuera lo que Dios quisiera.