Mi Amor Es De Peso 6
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En una semana pudimos controlar lo que sucedió en las redes sociales.

Tuve que anunciar a nuestros seguidores lo ocurrido y cancelar la presentación de la colección hasta nuevo aviso.

A esas alturas, iba a tener que diseñar una nueva línea, pero ya no de otoño e invierno, sino de primavera y verano.

Con respecto al guardaespaldas, no me lo había tomado en serio. O sea, ¿quién tiene uno hoy en día? Ni que fuera Paris Hilton o alguna de las Kardashian. Aunque, pensándolo bien, soy todo eso pero con más "ricura" en el cuerpo.

No me había decidido porque la gente tiende a juzgar demasiado, y aunque no me importa, me daba pereza el proceso.

Todo cambió ayer mientras dormía con mi perrito, que es básicamente mi peluche de compañía; un pomerania toy, mi amado y mimado Apolo.

Estábamos descansando cuando se despertó ladrando y corrió a la sala.

Entre dormida, me asusté y agarré lo primero que pillé para golpear al intruso: un tacón de aguja de quince centímetros.

Solo imaginar dónde se lo podía encajar me dio el valor para salir de la habitación.

—¿¡Quién anda ahí!? —amenacé con mi "súper tacón".

Se encendieron las luces al llegar a la estancia.

—¡Colette! ¡Soy yo!

Hice un mohín de confusión.

—¿Abby? ¿Qué haces aquí a las cuatro de la madrugada?

Mi mejor amiga, «Panquequito», estaba merodeando por mi casa y yo no entendía absolutamente nada.