Capítulo 16. Lana
LANA
Las lágrimas son el lenguaje silencioso del dolor.
— V OLTAIRE
Justo estoy saliendo del baño acomodándome la toalla cuando Logan entra por la puerta del dormitorio y me da un susto de tres pares de narices.
—Casi me provocas un infarto —me quejo, agarrándome el pecho.
A pesar de que él mantiene una expresión muy seria, yo esbozo una sonrisa.
—¿Has vuelto para el circo que hay montado fuera? —pregunto, recolocándome la toalla.
—Se han ido todos. Esta vez ha aparecido un mensaje escrito con fuego. Seguro que se ha corrido la voz. En los pueblos pequeños las noticias vuelan.
—Es una mala costumbre que tienen —balbuceo, y me trago cualquier otra cosa que pudiera querer comentar al respecto.
No deja de mirarme, y su expresión seria me inquieta cada vez más.
—¿Va todo bien? —le pregunto, preocupada.
—Sí —contesta, acercándose a mí.
No tengo oportunidad de preguntarle más porque de repente se abalanza sobre mí y me besa con violencia, aplastando mis labios contra los suyos. No hay ni rastro de la delicadeza y ternura habituales.
Es duro, exigente, casi punitivo, pero le devuelvo el beso, agarrándome a él. No sé muy bien cómo ha conseguido un rato libre, pero por mí estupendo.
—Te quiero —digo contra sus labios, con lo que me gano un beso aún más intenso, casi doloroso, mientras me levanta y me deja caer sobre la cama, colocándose encima de mí.
Él no me corresponde, posiblemente porque está demasiado ocupado quitándose la ropa, desesperado por poseerme. Cuando sus labios vuelven a encontrar los míos, no lo hace con más delicadeza.
Me separa las piernas con la misma fuerza bruta y luego me penetra. Grito sorprendida, dando gracias por mojarme tan fácilmente cuando estoy con él. De lo contrario, me habría dolido.
Y embiste cada vez más y más fuerte. Y así sigue, sin detenerse, moviendo las caderas con furia, sin ritmo alguno.
—Te quiero —le susurro al oído cuando interrumpe el beso y deja caer la cabeza al lado de la mía.
Una vez más, no me devuelve las palabras, y continúa follándome como un salvaje, con violencia y rabia. Por mucho que me guste, se me abre un hueco en el pecho, un dolor sordo que crece y se expande por todo mi cuerpo.
Me aferro a él con más fuerza mientras se me escapa una lágrima y poco a poco me doy cuenta de lo que está pasando. Él me agarra por las caderas, me arquea y me toma como si fuera de su propiedad…, como si fuera algo que puede quebrar.
Otra lágrima. Y otra más. No es por el dolor físico, porque solo siento un placer intenso. Es porque no se tiene sexo con rabia a menos que se esté enfadado, y Logan está furioso.
Y me está usando.
Por última vez.
Me está castigando.
Porque lo sabe.
Pero aún no sabe toda la verdad.
Las lágrimas brotan más rápido, y yo las dejo correr. Ojalá esto no me gustase tanto, pero la carne lo disfruta incluso mientras el corazón se hace pedazos tras ella.
Grito, incapaz de contenerme cuando el orgasmo me atraviesa. Incluso mientras lloro por el dolor que siento en el pecho, el placer físico hace que mi cuerpo se estremezca de deseo.
Mientras él permanece dentro de mí, el corazón me palpita con fuerza, y cada latido lo destroza un poco más. Sabía que me dolería.
Sabía que me dejaría devastada.
No tenía ni idea de que, con cada segundo que pasara, me costaría más respirar.
—Lo sabes —susurro con cuidado, y la voz me sale tan rota que casi me chirría en los oídos.
Sale de mi interior con la misma brusquedad con la que empezó todo y me coloca las manos por encima de la cabeza. Ni siquiera me resisto, solo me fijo en que se niega a mirarme mientras me ata con sus esposas las manos al cabecero de hierro forjado.
Mis lágrimas caen implacables, llenándome de vergüenza, humillándome, arrebatándome cualquier atisbo de dignidad que me pudiera quedar en este momento.
Y me deja desnuda mientras él se pone la ropa sin decir una palabra hasta que está completamente vestido.
Sigue sin mirarme.
—No debería haberlo hecho —dice con amargura—. Pero, por otra parte, también debería haber sabido que llevaba varios meses acostándome con una asesina.
Finalmente, me mira fijamente con unos fríos ojos azules en los que no hay ni una pizca de afecto.
Existe el dolor, y luego está la agonía.
Hacía mucho que no sentía la agonía que provoco en mis víctimas.
Pero ahora la siento.
Es algo que te cala hasta los huesos, te revuelve las entrañas y es tan poderoso que te pulveriza por dentro. Desnuda y esposada a la cama, mientras lloro lágrimas ardientes de dolor, intento ignorar la agonía que no deja de desgarrarme con una violencia implacable.
Pero es inútil.
Todavía estoy demasiado sensible por las heridas que abrí anoche.
Estoy demasiado enamorada como para fingir que no me importa.
Y el desamor es demasiado real como para no notarlo en cada fibra de mi ser.
Ya no quiero ser una romántica. Duele demasiado, joder.
—Logan, yo…
—Tú te callas la puta boca, Lana —espeta, con los ojos cubiertos de lágrimas no derramadas—. Te quería. Me preocupaba por ti. ¿Y tú? ¡Lo único que has hecho es mentirme, joder! ¡Me has usado!
Intento volver a hablar, pero él me tapa la boca con la mano, apretándola con tanta fuerza que me duele. Esto es lo peor que podría hacerme.
Silenciarme.
Fue lo peor de todo.
Que me silenciaran, que nadie quisiera escucharme.
Ahora la única persona a la que me he abierto lo suficiente como para enamorarme me está silenciando.
Intento aferrarme a la ira, busco la frialdad, pero solo encuentro más tristeza y lágrimas que caen con demasiada libertad.
Pero él no siente nada. Es como el hielo. Y encima pone en duda mis sentimientos.
—Estás enferma. Necesitas ayuda. Y sinceramente no tengo ni puta idea de qué hacer contigo ahora porque… ¿Sabes qué? Averigua tú el motivo. Tú has montado este lío, me has involucrado en él sin importarte lo más mínimo cómo me afectaría, y ahora aquí te quedas, rumiando lo que pasará ahora.
Él se gira bruscamente y yo me trago mis palabras.
—Kennedy Carlyle —dice por lo bajo—. Es que es para cagarse, vamos.
Tengo en la punta de la lengua la explicación de todo, pero finalmente esa frialdad me invade, aliviando parte del dolor mientras cierro los ojos y la busco…, imploro que llegue.
Jake tenía razón. Logan nunca me habría elegido.
Acaba de demostrarlo.
Ni siquiera me ha preguntado.
Ni siquiera le ha importado.
En cuanto pega un portazo y se marcha, abro los ojos lentamente y me quedo mirando a la nada mientras deslizo las muñecas por la barra. Mi cuerpo funciona en piloto automático y con el pie busco mi bolso y lo levanto.
No aparto la mirada de la pared mientras el frío se apodera de mí, recorriendo mis venas con una fuerza renovada. No quiero sentir nada, pero para eso necesitaré más tiempo. Tendría que matar a más gente de la que puedo hoy.
Perderé mucha más alma de la que acabo de recuperar.
Mientras busco el kit de ganzúas y lo palpo con los dedos para encontrar las herramientas adecuadas, sigo mirando al frente, ya que no necesito los ojos para nada.
Normalmente no se me da muy bien forzar cerraduras, pero, al parecer, que te arranquen el corazón es un incentivo añadido para hacerlo bien.
Después de soltarme, me levanto lentamente de la cama, me visto, cojo mis cosas, hago la maleta y salgo tranquilamente de la cabaña, como si no tuviera prisa. Tengo la mente prácticamente en blanco. Aunque no puedo contener las lágrimas, la frialdad se hace cada vez más intensa.
En cuanto llego a la nueva localización que Jake ha preparado tras abandonar la cabaña de caza de su padre, me encuentro con mi mejor amigo.
Levanta la vista y palidece cuando caigo de rodillas, con el cuerpo agotado por el dolor que intento reprimir con todas mis fuerzas.
Pensé que el amor me arrancaría el corazón.
Pensé que me envolvería en llamas.
En cambio, me ha convertido en hielo.