Lucy (Mentiras y Cuernos 4) Epílogo
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Epílogo

La siguiente fue una semana de hechos memorables. Estos empezaron por la mañana del lunes, cuando muchos radio diarios se desayunaron con la noticia de la «DEPRAVACIÓN EN UNA FAMILIA EJEMPLAR».

Le siguieron las tertulias de televisión, con titulares tan significativos como «LA PODREDUMbrE EN EL CLAN MOLINASECA».

La prensa por Internet no se quedó atrás y no había medio que no mostrara algunas de las imágenes que les habíamos enviado.

Habían seleccionado las más crudas, las que más atraerían la atención y generarían más ingresos en publicidad.

En algunas de esas imágenes —videos o fotos extraídas de ellos— se veían celebridades del país, políticos, banqueros, hombres de negocio y un largo etcétera.

La prensa escrita, aunque con un día de retraso, no se quedó atrás.

Era la noticia del momento.

La que ensombrecía al resto de noticias nacionales.

Y tras la primera semana, los ecos siguieron activos las tres siguientes, antes de apagarse pasado el mes poco a poco con menciones intermitentes.

A tan alto nivel llegó el escándalo, que varios organismos gubernamentales tomaron parte en la desintegración de la familia.

Algunos porque en las imágenes aparecían menores de edad.

Otros porque ciertos políticos de campanillas aparecían tomando champán al lado de cargos públicos o privados con los que se suponía no podían hacer migas por razones de potencial corrupción.

Pero lo más escandaloso fueron los tres próceres de la iglesia que aparecieron en paños menores y disfrutando de varias esclavas, menores de edad en algún caso. Aquello llenó páginas y horas de cotilleos como para hacer temblar al Marqués de Sade.

Todo en su conjunto era un tremendo varapalo no solo para los Molinaseca, aunque estos se llevaron la peor parte.

Dicen que a perro viejo todo se le vuelven pulgas, y en ese caso fue literal.

Porque la última en entrar a investigar fue la mismísima Hacienda.

Y eso fue el final de la historia del clan al completo y de varios adláteres.

Por supuesto, muchos acabaron en la cárcel.

Los primeros: Alberto y tío Juan. Al hijo le cayeron más de veinte años y al segundo, debido a la edad, tan solo doce. Suficientes en cualquier caso para acabar sus días entre rejas.

Pero la cárcel no les llegó tan solo a ellos. Toda la trama empresarial y delictiva creada a su alrededor fue cayendo como un castillo de naipes. El último en caer, el padre de Lucy, quien no llegó a entrar en prisión por su muerte repentina y fulminante a causa de un ataque cardíaco.

Los tres conspiradores en la sombra nos sentimos aliviados. Y libres por completo. Ninguno de nosotros había dado la cara, todo se había realizado de forma anónima a través de un entramado de direcciones de correo temporales que nos había preparado Charly.

Y a ese anonimato nos habíamos agarrado.

Libres de culpa y de cargos, pudimos respirar ante el fin del clan que podría habernos llevado a la ruina, incluso a la muerte.

Solo Lucy y Elsa tuvieron que soportar algunas molestias en los juicios, pero siempre bajo el papel de víctimas o de testigos, nunca como acusadas.

El final del clan Molinaseca se produjo trece meses después de aquel domingo en el que se enviaron algunos de los videos más obscenos y asquerosos que se hayan grabado jamás en un entorno similar.

Fin de la historia.

*

Lucy y yo nos casamos pocos meses después de que comenzaran los juicios.

La chica sin filtros pasó de ser mi enemiga a ser mi esposa en tan poco tiempo que me parecía un sueño.

A pesar de que yo me había esforzado por aplazar los esponsales tanto como me fue posible.

Pero Lucy, para empujarme hacia el matrimonio sin prisa pero sin pausa, aducía que ella no era de noviazgos largos, que con el imbécil de Alberto ya había tenido más que suficiente.

Y por supuesto que venció la batalla.

Lucy era mucha mujer, a pesar de su juventud, y no me atreví a llevarle la contraria.

La boda se celebró por todo lo alto y atrajo la atención de los medios, especialmente la prensa amarilla y la del corazón. La polvareda que había levantado la caída del clan Molinaseca les permitió hacer caja de nuevo enfocándose en nuestra unión.

Poco después de la boda, tras la muerte de su padre, Lucy se hizo cargo de uno de los mayores imperios económicos del país.

Probablemente la habréis visto en la prensa salmón, los que gustéis de la información económica.

Dicen sus cientos de empleados que es una jefa dura, pero al mismo tiempo ecuánime.

Y yo añado que muy inteligente y buena estratega y negociadora.

Y mejor esposa.

De hecho, acaba de convencerme de traer a nuestro primer hijo al mundo. Y quiere tener no menos de tres o cuatro, lo cual me llena de alegría, al tiempo que me hace sudar. Porque para ello tenemos que follar prácticamente a diario, a veces más de una vez.

En cuanto a Elsa, una vez liberada de sus «amos», recobró la alegría y las ganas de vivir. A las semanas de que esos canallas entraran en la cárcel, volvió a la empresa que había abandonado no de motu proprio, sino obligada por ellos para poseerla por completo, en cuerpo y alma.

Hay días que coincidimos en el desayuno o en la comida y nos contamos nuestras cosas. Se nota que ambos recordamos con cariño nuestra vida en común, pero en ningún caso volveríamos a tener algo entre nosotros. Traicionar a Lucy no entra en mi código de conducta de futuro padre.

Además, Elsa ya ha comenzado a salir con un compañero de la oficina —no el capullo de Andrés, quien hace tiempo fue despedido por acosador— y me ha comentado que van en serio.

Les he deseado lo mejor y por supuesto iremos a su boda cuando decidan celebrarla, cosa que entra en sus planes a medio plazo.

De Sofía puedo decir poco, ya que siguió a Andrés cuando lo despidieron —tan encoñada seguía con él— y no hemos vuelto a saber de ella.

Lo mismo puedo decir de Nata.

Tras la destrucción del clan Molinaseca, la zorra interesada desapareció y ninguno hemos vuelto a tener noticia de ella. Hay quien dice que emigró a Alemania y que anda puteando por allí, actuando en videos porno o similar. Otros dicen que tiene un canal de OnlyFans, aunque nadie afirma conocerlo.

Finalmente, os hablaré de Sonia, mi secretaria.

La relación entre nosotros se fue enfriando poco a poco, especialmente a raíz de que se quedó embarazada. Al principio tuvimos un conato de pánico, pues sospechó que el niño podría ser mío. Cierto era que casi siempre follábamos con condón, pero más de una vez lo habíamos hecho sin él.

Afortunadamente, tras hacerle un análisis de ADN al feto, resultó ser una falsa alarma. El bebé era de su marido. Este, ajeno a las tribulaciones de su mujer, vivió con total emoción su paternidad, sin sospechar que Sonia había gemido muchas veces bajo mi peso.

Del resto de personajes que ensombrecieron o alegraron estos últimos años de mi vida no quiero hablar, la mayoría pasaron a la historia y no han dejado la menor huella en mí.

De modo que no hablaré de Loren, Chema, Amy o el puñetero libanés.

Son sombras de una vida anterior que ya no me quitan el sueño.