Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—¡Madre mía! ¡La canción perfecta! —clamo volviéndome totalmente loco y agarrando a Troy para subirnos a la tarima de nuevo. «Nadie ha tenido esa idea antes pero no por ello tengo que pensar que esté prohibido, ¿no?»

—Pero ¿qué canción es esta, Nick?

—Tío, ¡es Britney Spears! ¿De dónde te has escapado? —le pregunto poniendo los ojos en blanco y empujándole antes de conducirle a la gran locura de la noche.

Vasily me contempla nervioso desde la cabina sin saber qué estoy a punto de hacer y cuando me ve subirme a la plataforma e incitar a Troy a hacer lo mismo, rompe a reír.

Rápidamente se aproxima decidido hacia los dos y nos da un micrófono mientras nos dice a duras penas en inglés: “romped el escenario” .

Mi amigo me observa confundido y paralizado y yo dispuesto a hacer el ridículo en un país más, agarro con fuerza el aparato y lo enciendo. Los ojos de Troy se abren incómodos:

—¿Qué demonios vas a hacer?

—Vamos a hacer —le corrijo alargando mi dedo índice a la pantalla que ha vuelto a salir y que dilucida una letra clara y fabulosa.

En un par de segundos tenemos al público saltando y cantando a pleno pulmón siguiendo nuestra coreografía inventada y disfrutando de nuestra carismática e inesperada puesta en escena.

La fascinación de nuestros fans me nubla por un segundo el juicio y siento un gran impulso de tirarme al público, pero Troy, que parece estar leyendo mi mente, me frena abruptamente agarrándome del brazo.

Todos braman furiosos, incluidos nuestros amigos, ante tal acción y comienzan a gritar que nos tiremos.

Mi corazón de artista me pide que lo haga, pero mi cabeza atormentada, traumatizada, ¿y por qué no decirlo en esta situación?

racional, me ruega que me quede quietito en la tarima.

Mis ojos se quedan fijos en los de Troy y ambos dudamos durante un instante que se antoja eterno.

«Cuando comenzó esta noche me prometí que no dejaría entrar a la tristeza ni al miedo así que…¡Qué demonios!»

Emocionado, corro hasta Troy y tiro de él con fuerza arrastrándole a la multitud mientras todo el mundo nos vitorea.

—Te voy a matar, Nick Evans —me advierte mi antiguo enemigo con el ceño fruncido y un color rojizo en sus mejillas.

Yo suelto una carcajada y le guiño un ojo antes de lanzarnos a él y a mí a una muerte segura.

Britney culmina el mejor momento de la canción al mismo tiempo que nos encontramos en el aire, volando durante unas milésimas de segundos y entonces…

caemos sobre los brazos de la gente que nos sujeta tenaz.

Así, pasamos de unas manos a otras. Creo, de hecho, que alguna persona aprovecha para tocar lo que no es suyo, pero estoy tan ensimismado por lo que acaba de ocurrir que no puedo más que lamentar no haberlo hecho antes en mi vida.

Troy y yo chocamos los cinco en el aire y sonreímos sin comprender lo que acabamos de vivir. Todo pasa intensa y rápidamente, solo unos segundos nos bastan para llegar hasta los brazos de nuestros amigos. Y allí, ante su mirada incrédula, nos bajan con la cabeza a punto de estallar por la tensión.

—¿Qué cojones acabáis de hacer? —exclama Viktor desquiciado y risueño a la vez—. ¿Cómo se os ocurre? ¡Estáis más locos de lo que yo pensaba!

—Os dije que sería la mejor noche de nuestras vidas —respondo—. Pero ahora necesito descansar por lo menos veinte horas seguidas, me duele todo el cuerpo.

—No tenía ni idea de que cantabais así de bien —nos felicita April asombrada.

—La verdad que Troy me ha sorprendido gratamente —exclamo muerto de risa mirando a mi compañero de locuras.

—Imbécil —me increpa enfadado—, anda, salgamos de aquí antes de que nos obliguen a volver al escenario…

Juntos desfilan hacia la salida y yo, a regañadientes, digo adiós al lugar en el que he vuelto a ser el Nick de siempre, el que no tiene miedo de mostrar cómo es, el que no tiene miedo a nada.

En el ascensor, nos vamos despidiendo de aquellos cuyo piso es inferior al del resto y finalmente, tan solo quedamos Troy yo que, para alargar la enajenación que se consuma en nuestra mente por el alcohol, decidimos que será divertido regresar hasta la planta de Elle y Tyler y desearles un feliz año nuevo.

Llamamos a la puerta con precisión y grito sin importar el qué dirán, pero cuando nos damos cuenta de la tontería que acabamos de hacer, corremos a nuestra habitación como si fuésemos unos niños que intentan huir tras hacer una infantil fechoría.

Entramos como podemos en la suite, entre carcajadas y lágrimas de risa deslizándose por nuestros rostros y al fin nos sentamos en las camas donde pasaremos nuestras últimas horas aquí.

Nos miramos cómplices y sonreímos sin siquiera hablar.

«Nunca imaginé que viviría uno de los mejores momentos de mi vida con Troy Jefferson. »

—Ha sido increíble —pronuncia él rompiendo el divertido silencio que se había formado desde que nos habíamos dejado caer en los colchones—, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien…

—Totalmente, ha sido una auténtica pasada… creí que me ibas a meter un puñetazo cuando te obligué a subir allí pero luego parecías en tu salsa… —contesto jocoso.

—No te voy a negar que no tenía ganas, —Me guiña un ojo—. pero me alegro de haberlo hecho y también de haber saltado… no sé… fue una sensación… no sé cómo explicarlo… no quiero sonar como un loco, pero era como si…

—Como si dejases todo atrás —le interrumpo y él asiente dándome la razón.

—Exactamente eso.

—Yo también lo sentí, han sido meses duros —confieso apoyándome con las manos en la cama para impulsarme y sentarme—, desde que me secuestraron no volví a ser el mismo, la soledad me asfixiaba y el miedo se apoderó de mí. Estaba muy perdido.

—Te comprendo, llevo perdido desde el día en que murió Brooke y a veces siento que nunca me volveré a encontrar —se sincera, alzándose también y poniéndose a mi lado.

—Lo siento mucho, Troy. April me contó todo en el avión…

—Es como si una parte de mí se hubiera quedado enterrada en Tailandia.

—Traga saliva y sus ojos se anegan—. Y luego apareció Karina, creí que a ella sí podría salvarla, fui un ingenuo al creer que todo saldría bien…

todo lo que toco lo estropeo, primero fue mi madre, después Brooke y ahora Karina…

debería de alejarme de todos vosotros antes de que vuelva a fastidiarla —exclama de pronto, destapando todos sus demonios.

No puedo evitar pensar en la certeza de aquella frase que decía que las personas ebrias y los niños siempre dicen la verdad. Muchas veces el alcohol sirve para sacar todo lo que uno tiene dentro, todo lo que debería de salir sin la necesidad de tener que tomar una mierda como esa.

—Troy, —Agarro sus manos y nuestras miradas se juntan—.

tú eres quien nos ha protegido desde las sombras y supongo que llevas haciéndolo más tiempo de lo que creemos —declaro y este baja la vista asintiendo avergonzado—.

Es cierto que fuiste un completo imbécil en el pasado, pero estoy seguro de que la única razón por la que eras así es porque querías alejarnos de ti.

—Alza sus ojos, haciéndome entender que estoy en lo cierto—.

Deja de apartar a todo el mundo de tu vida, tú también mereces ser feliz y solo podrás empezar a serlo si comienzas a perdonarte por las cosas que no tienen remedio y para las que tú no tienes ninguna cura.

Mis palabras inciden dolorosas en él y una lágrima comienza a correr por su mejilla.

Durante unos segundos las dudas sobre qué hacer me atemorizan, sin embargo, tras escuchar unos leves sollozos, dejo la incertidumbre atrás y me acerco decidido a abrazarle, ofreciéndole todo mi apoyo, sin poder parar de pensar lo surrealista que es todo.

Permanecemos unos minutos así, sintiendo el uno del otro la cercanía de un nuevo amigo y el ansia de volver a casa. Y cuando él se desprende del abrazo y sorbe su nariz, me agradece con palabras mi ayuda.

—Muchas gracias, Nick.

—No hay de qué, para eso están los amigos, porque ahora somos amigos, ¿no? —le pregunto elevando una ceja.

—Hombre, después de arriesgar mi vida mientras sonaba una canción de Britney Spears, creo que sí —suelta entre risas y yo rompo a reír—. Oye, ¿y April y tú? ¿Qué te ocurre con ella?

—La verdad es que no lo sé, no tengo ni idea de lo que pasa por mi cabeza ahora mismo, aún me siento un poco desubicado y lo último que quiero es confundirla, aunque quizás sea lo que estoy haciendo —admito, resoplando—.

Quiero encontrarme a mí antes de estar con ella, todo ha cambiado, no soy el mismo y pretender actuar de la misma manera sería fingir, no quiero estar con ella haciéndola ver que todo sigue igual porque no es así.

Necesito tiempo para aclararme, para saber qué es lo que quiero, pero no solo con ella, sino con todo.

Ella es una persona muy importante para mí y no quiero decepcionarla fingiendo que soy otra persona, no se lo merece.

—Es lo mejor que puedes hacer, pero díselo, dile qué es lo que sientes, si no acabarás haciéndole daño de igual manera.

—Tienes razón, lo haré. Hasta ahora he tratado de evitarlo, pero tengo que hacerlo. Cuando pisemos Estados Unidos, le contaré cómo me siento. —Él asiente y yo decido comenzar otra conversación—: Oye … ¿tienes ganas de dormir?

—La verdad es que estoy desveladísimo .

—Yo también —confieso encogiéndome de hombros—, ¿y si ponemos un rato la televisión?

—¿No estará todo en ruso?

—Algo habrá en nuestro idioma, al fin y al cabo, este es un hotel internacional —exclamo y él mueve la cabeza en señal de aprobación.

Alargo el brazo dispuesto a alcanzar el mando que se encuentra en la mesilla y cuando lo consigo, enciendo el televisor de plasma colgado frente a nosotros. El color verde indica que está en funcionamiento así que comienzo a zapear pronunciando un “no” cada vez que escucho hablar en ruso.