Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

—No, tranquilo, joven —dijo, dedicándome una amplia sonrisa.

Sus ojos se hicieron más pequeños y su nariz se arrugó con simpatía—.

Pensé que llegaría más pronto y mira… —Se encogió de hombros como pudo—.

ya no soy tan rápida como antes… —se lamentó—.

Pero, tú… tú vas más tarde que yo todavía, venga, sube a la grada, están todos tus compañeros esperándote —exclamó empujándome levemente.

—No, señora, se confunde, —Una pequeña carcajada se formó en mi boca por la confusión—. yo ya me gradúe hace dos años…

—¡Oh, perdona! Y si no es mucha intromisión… ¿a quién ha venido a ver para que se haya puesto usted tan guapo? —preguntó curiosa.

—A una amiga —pronuncié volviendo a dirigir la mirada al frente tras escuchar los últimos acordes de la obra—, a una amiga solamente —repetí como si tratara de creérmelo yo mismo.

—Ajá —añadió complaciente.

Los minutos pasaron rápidos. Los alumnos desfilaron por la pasarela para recoger su diploma y su esclavina y, veloz, llegó el momento de Brooke.

Todo el mundo se alzó para aplaudir y vitorear, y yo orgulloso, no pude evitar sonreír como nunca lo había hecho.

Antes de retirarse, ella me miró y movió la cabeza hacia abajo en señal de agradecimiento.

—Perdona que me vuelva a entrometer joven, pero… —insistió la señora, reanudando un tema antes cerrado—. vuestras miradas indican mucho más que amistad… puede que tengáis una conversación pendiente…

—Viktor, ¡tenemos que irnos ya! —suplico mientras aparto la mirada de la pantalla. «No puedo soportar ver cómo esos guardias maltratan a Tyler.»

—¡Vamos! Troy, tú vienes conmigo. —Asiento al oír su mandato—. April y Nick, quedaos aquí esperando a mi hermana. Ella tiene las claves, así que, si escucháis la puerta abrirse, no tengáis miedo, nadie más puede entrar.

—Bien, tened cuidado… y por lo que más queráis, sacad de ahí a Tyler, por favor —ruega Nick dedicándome una mirada de compasión.

—Y a Elle —añade April agarrando la mano de Nick con fuerza y atrayéndola hacia sí.

—Volveremos todos sanos y a salvo —prometo antes de alejarme de ellos y seguir a Viktor a través de los pasillos infernales.

Oigo el portazo de la puerta y ahí me doy cuenta de que el final está más cerca que nunca.

Corremos en silencio hasta que el frío de la calle irrumpe en nuestros cuerpos.

«Mentiría si dijese que no tengo miedo, pero la adrenalina y mi debilidad por Tyler hacen que todo alrededor de mí parezca insignificante.

Es mi hermano y no puedo volver a perderle. »

—Necesitamos un coche, tenemos veinticinco minutos andando.

—Pediremos un taxi —sugiero precipitadamente.

—No llegaremos aun así —afirma sin ninguna esperanza—. Espera, un coche… —exclama señalando un Renault Fluence blanco que se dirige hacia nosotros.

—Podemos pedirle que nos lleve, seguro que si le damos dinero…

—Eres demasiado inocente, Troy —matiza Viktor al mismo tiempo que comienza a correr y se sitúa al lado de la ventanilla del coche sonriendo.

El conductor le mira extrañado y justo cuando está a punto de bloquear las puertas, el ruso abre la suya con rapidez:

—Chto, chert voz’mi ty delayesh? [18]

—Ty znayesh’ chto eto znachit? [19] —pregunta Viktor, quitándose la cazadora y levantándose la camiseta para dejar al descubierto uno de sus espeluznantes tatuajes: una cruz con Cristo.

—Da —contesta saliendo rápidamente del coche—. Lo siento, lo siento mucho.

—Nichego strashnogo, vasha mashina vstretit vas cherez neskol'ko chasov na ploshchadi Bol'shogo teatra [20] —continúa, acomodándose la ropa y metiéndose en el coche.

— Spasibo i yeshche raz izvinite. [21]

Viktor me hace una señal para que me acerque y yo, que me encuentro anonadado por tal situación, camino rápidamente hasta allí, metiéndome en el vehículo sin hacer demasiadas preguntas.

Él, acertado, bloquea las puertas y luego pisa el acelerador hasta casi duplicar la velocidad permitida en esa vía.

—Haré que los quince minutos se conviertan en diez, así que agárrate.

El ruso acelera en las rectas y reduce la velocidad en los giros como si se encontrara en un auténtico circuito. Lo peor de todo es que la gente ni se inmuta, simplemente le dejan pasar precavidos por lo que pueda ocurrir.

Las luces de las farolas iluminan el camino y destellean con celeridad presentándose como el prólogo de un desenlace completamente imprevisible.

Viktor pisa con fuerza el acelerador haciendo que mi estómago se desvanezca.

La inercia provoca que mi cuerpo se pegue al asiento y aprieto la mandíbula insaciable recordando viejos momentos.

Así, cierro los ojos cobarde y me transporto al momento en el que el pedal del freno decidió dejar de funcionar.

Sonreí. Reí. Grité. El éxtasis inundaba mi organismo y di golpes al volante.

Sin embargo, algo ocurrió cuando estábamos a punto de sobrepasar la meta.

Con esmero, intenté bajar la velocidad poco a poco, pretendiendo no perder la posesión que tanto había luchado por conseguir, sin embargo, fue ahí cuando la corona de laurel que se alzaba ante los campeones, apretó mi cabeza con tanta que fuerza que se rompió en mil pedazos.

Los frenos parecían haber pedido eficacia, el pedal de estos estaba muy duro, debía haberlos sobrecalentado.

En realidad, lo había hecho hasta tal punto que la victoria del día había cambiado su rumbo.

—¡Joder, no, no puedo!

—¡¿Qué pasa, Troy?! —Ella me miró preocupada. La sonrisa se había borrado de su rostro.

—Ahora sí que tienes que agarrarte —advertí con seriedad.

—¡¿Qué pasa?!

—Los frenos no funcionan.

El dolor de cabeza vuelve a embotar mis sentidos una vez más, así que me coloco los manos en las sienes y comienzo a apretar como si eso fuese a mejorar algo. Aturdido, grito en el silencio de mi mente, y de un momento a otro, el terror se disipa.

—¡Troy! ¡Troy! —grita Viktor zarandeando mi brazo—. ¿Estás bien, Troy?

Pestañeo varias veces antes de abrir los ojos por fin. Una bocanada de aire se intuye en el límite de mis labios donde recojo todo el oxígeno que puedo, tratando de recuperar la compostura.

—Sí.

—¿Seguro que estás bien? —Asiento, fijando la vista en el frente—. ¿No necesitas parar? Estamos a punto de llegar, pero si necesitas… —incide preocupado.

—No, no necesito parar —susurro.

—¿De verdad que no necesitas parar?

—¡No! —bramo colérico—. Perdón… estoy bien… no necesito parar.

—Vale, en dos minutos habremos llegado, ya no queda nada —declara complaciente.

Los minutos pasan rápidos, después de los ataques todo parece viajar con más celeridad a través del tiempo.

Y, tal y como él ha predicho, en un par de minutos llegamos.

La recta se desvanece como el humo de un fuego que ha visto agotar todas sus llamas y, entonces, el motor deja de sonar.

El coche se queda aparcado en doble fila mientras Viktor abre la puerta del piloto y sale rápidamente.

Yo hago lo mismo. Durante un instante contemplo perplejo la belleza del monumento y la decoración navideña de alrededor, pero el encantamiento apenas dura unos segundos.

En el centro de la plaza, un clandestino ruido estalla.

Las estrellas trazaban con intensidad la noche.

Observé la grande y redonda luna que cubría el cielo desde la oscuridad.

Era inevitable sentirme representado por ella cuando pensaba en Brooke, ella era el sol y yo la luna.

Dos astros obligados a permanecer separados y que, por mucho que lo deseasen, nunca podrían estar juntos.

El mundo entero lo impedía. Puede que tan solo estuviésemos viviendo un sueño efímero que se esfumaría cuando nos despertásemos.

Puede que esto solo pudiese existir en nuestra imaginación.

Una esperada llamada interrumpió mis pensamientos, así que rápidamente deslicé mi mano derecha hasta el bolsillo de mi pantalón, sacando el móvil con alegría. Su nombre iluminó toda la pantalla y, nervioso, pulsé el botón esperando buenas noticias.

—¡Troy! Siento haberte hecho esperar, ¿dónde estás? —preguntó después de disculparse.