Capítulo 10 #3
La vena de mi cuello se hincha hasta poder sentirla palpitando sin compasión, mi mandíbula apretada provoca que el daño de la conmoción vuelva a aparecer y mis ojos, abiertos e inyectados de ira, ni siquiera comprenden cómo me mantengo de pie, con esta presión y el sueño ocasionado por días de insomnio y pesadillas, golpeando mi espalda.
Al mismo tiempo, Igor rompe a reír a pesar de que la sangre ya forma un charco en el suelo.
«No sé si es un imbécil o un completo psicópata. »
—¿De qué mierda te ríes? —clamo golpeando su cabeza con el mango de la pistola. Él aúlla por el dolor y después esboza una amplia sonrisa manchada de sangre.
—Mira en la habitación.
Todo lo que ocurre tras escuchar esa frase forma parte de un círculo vicioso en el que la locura y la cordura se difuminan ante mis ojos, cansados y a la vez, rígidos, que luchan por conocer una verdad atormentada.
Camino a duras penas por el pasillo, sujetándome en las paredes, y escuchando los latidos de mi corazón en primer plano.
Creo que Nick está detrás de mí, siguiendo mis pasos, pero realmente solo es un pálpito, ya que no veo nada más allá de lo que mi frágil mente puede imaginar.
Por desgracia, todo tiene que ver con muerte y destrucción, como siempre que la ansiedad me acorrala.
Al llegar, mis fosas nasales se estremecen, mis piernas se quiebran y mi voz desaparece.
Por una vez, mi ansiosa cabeza me ha dicho la verdad.
Tyler y yo, dubitativos y perdidos, quisimos correr siguiendo a las chicas, pero fue ahí cuando nos disponíamos a buscarlas, cuando Elle apareció gritando a trompicones la palabra “bomba”.
Tiró de nosotros precipitadamente, hasta que llegamos a una carretera que separaba la abrupta zona en dos y entonces escuchamos una gran explosión y vimos una llama de fuego precipitándose sobre el cielo.
—¡Elle! ¿Dónde está Brooke? —grité desesperado, pero no obtuve respuesta.
El miedo se introdujo en mi cuerpo ante el silencio, que no duró mucho más. Su boca temblaba y se prestaba demasiado torpe como para pronunciar expresión alguna, así que fueron sus ojos los que se atrevieron a hablar en forma de lágrimas.
—No puede ser, no puede ser, no puede estar muerta.
El cuerpo de Karina, desnudo y lleno de puñaladas yace entre las sábanas que, cubiertas de sangre, apenas sirven para taparla.
Siento un impulso y me levanto del suelo, pretendiendo cerrar sus ojos y cubrirla con alguna manta, pero el brazo de Nick me agarra con fuerza y me impide llevar a cabo una acción tan moral como ilegal.
Si mis huellas aparecieran en su cadáver, nuestro viaje a Rusia aún se complicaría más, pero ahora mismo, no soy capaz de pensar en otra cosa que no sea vengar su muerte y callar mis demonios.
Las lágrimas aún recorren mi rostro cuando salgo despavorido de la habitación.
Todo ocurre a cámara rápida en ese instante.
Los gritos de Nick y la sirena de la policía brotan en mi cabeza de golpe y yo, incapaz de reconocer qué es lo real y qué es lo imaginario, sigo corriendo hasta llegar al lugar donde Igor ríe a carcajada limpia.
Las palabras no salen de mi boca, solo mis puños hablan.
En cuestión de segundos Nick aparece, y me saca a rastras de esa casa, sin apenas esfuerzo, pues siento que la vida se escapa de mis manos.
Ahora mismo, tengo la sensación de estar flotando.
—Chicos, ¿ya os queréis ir? —La voz del ruso hace que Nick se detenga, y ambos nos volvemos para mirarle de frente.
El terror se vuelve incontrolable al verle apuntándonos de nuevo, esta vez no podré detener lo que está a punto de suceder, esta vez no podré salvar la vida de mi amigo.
Cierro los ojos y me levanto rápidamente, sabiendo que seré yo quien reciba la próxima bala que salga de esa pistola.
Al fin y al cabo, todo acabará como empezó, él y yo, nadie más deberá salir herido.
Nick pretende apartarme y tirar de mí antes de que Igor pulse la cuenta atrás, pero para mí, ya ha comenzado.
Los segundos pasan increíblemente lentos y por un momento pienso que todo se ha paralizado, sin embargo, cuando escucho el sonido del disparo me doy cuenta de que no, las agujas del reloj continúan corriendo.
Espero con frialdad sentir la bala convirtiéndose en parte de mí, sin embargo, esa sensación no llega, y el ruido que hace apenas unos segundos me atormentaba, simplemente se desvanece.
Abro los ojos con duda y la muerte se abalanza ante mí sin previo aviso, el fantasma de Igor ya viaja en las barcazas de Caronte destino al Inframundo.
Me doy la vuelta y miro a Nick extrañado.
Él tiene una expresión similar a la mía, aunque menos exacerbada.
—Deberíamos irnos, la policía está a punto de llegar —pronuncia una voz familiar.
Nick y yo giramos sobre nosotros mismos, y otro fantasma que hacía mucho tiempo que no veíamos aparece frente a nosotros. Nuestras bocas se abren casi a la par, y por un instante, siento que me voy a desmayar.
—No hay tiempo que perder, ¡vamos! —vocifera, rogándonos.
Nosotros con el shock aún recorriendo nuestras venas y la incertidumbre caminando a sus anchas por nuestra mente, le hacemos caso.
Es gracioso porque nos fiamos sin más información que la que nos ha otorgado con sus mandatos y ruegos, como si no tuviéramos nada que perder.
Aunque la verdad es que yo ya he perdido mucho.