Mentiras (Inesperado 2) Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

—No lo toques, te han dado un par de puntos, nada grave, se te quitarán solos en un par de días. Y sí, un golpe en la cabeza. Saliste corriendo del restaurante y yo te seguí… luego te plantaste en medio de la carretera, fue una locura, casi te atropella un coche.

—¿Casi? —Le observo alterada. Tan solo soy capaz de recordar el momento en el que apareció para tomarnos nota y me di de bruces con alguien parecido a Tyler.

Y ciertamente, aunque el parecido es evidente, con la luz del hospital, su piel parece más pálida, su color de pelo menos oscuro y sus ojos más claros.

De hecho, casi rozan una transparencia poco común.

—Sí, yo te empujé, pero te diste contra el bordillo y comenzaste a sangrar, eso te debió causar este shock —explico, gesticulando tanto que si no estuviese en el hospital con una brecha en la cabeza, me partiría de risa.

—Entonces, ¿me salvaste?

—Sí, bueno, más o menos, sino hubiese estado ese jodido bordillo... —Una mueca de frustración se forma en su rostro y yo sonrío.

—Gracias.

—No hay de qué. ¿Te encuentras mejor?

—Sí, creo… solo me duele un poco la cabeza. Puedes irte a descansar, seguro que alguien te está esperando en casa. Además, mi hermana no tardará en venir, estará en el baño o comprando algo de comida.

—Elle, ¿qué es lo que recuerdas?

—Pues... me acuerdo de ir al restaurante " White Rabbit ", que nos atendieras tú, y hasta ahí. Espera, —Arqueo las cejas con descaro después de darme cuenta de que hay algo que no cuadra— ¿por qué sabes mi nombre?

—Tienes… tienes que saber algo.

—¿¡Por qué sabes mi nombre!? —alzo la voz con el ceño fruncido. El corazón me palpita con fuerza—. ¿Quién eres?

—Eso no importa ahora.

—¿Quién hostias eres? Voy a llamar a seguridad.

Me deslizo por la camilla en busca del botón de emergencias y cuando estoy a punto de pulsarlo, nuestras miradas se cruzan. El chico coloca la cabeza entre sus manos y, después, traga saliva antes de soltar:

—Soy Fyodor Smirnov, soy amigo de tu hermana.

—¿Dónde está mi hermana? —Mi dedo pulgar roza el interruptor con tanta inestabilidad que dudo de si acabaré pulsándolo sin querer.

—Elle, lo que tu cabeza es incapaz de recordar es que tu hermana ha sido secuestrada. —Mi rostro se vuelve pálido y mis manos comienzan a temblar. Desconcertada, decido soltar el timbre que podría alertar a todo el hospital y me reincorporo de la cama después de quitarme con cuidado la vía.

—¿Por quién? —El dolor de cabeza aumenta y los dientes empiezan a castañetear.

—Será mejor que te sientes. —Asiento y me poso inestable en la camilla—. Tu hermana conocía a Anastasia Kozlovski, la hermana de Viktor… quería de ella información, bueno, de él mejor dicho. —Mis ojos siguen sus manos que se mueven sin cesar de una dirección a otra.

—¿Quién es Viktor Kozlovski? ¿Quién es Anastasia Kozlovski?

—Viktor es el antiguo jefe de la mafia.

—Dios mío —exclamo, levantándome por los nervios.

—Por favor, Elle, siéntate. —Le hago caso y señalo agitada el vaso de agua, esperando a que él me lo acerque para beberme de un sorbo lo que queda en él—. Viktor tiene información sobre la persona a la que llamáis Sombra .

—Pero nosotros sabemos quién es Sombra , Sombra está muerto, creí que solo estábamos aquí por precaución, eso es lo único que Caitlyn me repetía una y otra vez. —Fyodor coloca su mano en mi hombro, tratando de mostrarme su apoyo.

—Te mintió. Sombra está vivo y está detrás del secuestro de tu hermana, bueno, Sombra y Fernando Méndez. —Antes de que pueda contestarle continúa hablando—. Un asesino en serie de Venezuela, pero…

—Joder, joder, joder —repito incontables veces—. No puedo creerme lo que está pasando.

A medida que la conversación va tomando un cariz más amenazante, el aire que invade mis pulmones se desinfla con mayor esmero. Cada vez me cuesta más mantener la calma.

—Tranquila, Elle, la encontraremos, estoy aquí para ayudarte y protegerte.

Pero hay algo que debes saber sobre Viktor, —Mi mirada palidecida penetra en la suya esperando una respuesta que me haga recuperar el aliento, pero, por desgracia, parece que la realidad difiere mucho de ese deseo—.

Viktor está encerrado en una de las prisiones más peligrosas del mundo y no está solo.

Caitlyn necesitaba a alguien que entrase a esa cárcel, alguien tan leal que fuera capaz de acompañarle a una muerte segura, de salvarle en el caso de que las cosas se torcieran, de desafiar el bien y el mal para salir de ese infierno. Elle, Viktor está con…

El sonido de unos nudillos llamando a la puerta de la habitación resuena por toda la sala y mi vista atemorizada se cruza con la de Fyodor, sensata pero imprecisa.

—Tranquila —pronuncia bajo un hilo de voz prácticamente imperceptible—. Adelante —ordena en voz alta, mientras me enseña su arma levantándose el jersey que cubre su torso.

Trago saliva de inmediato. El hecho de que lleve una pistola no es algo que me tranquilice, sino todo lo contrario, no la llevaría si no estuviésemos en verdadero peligro.

—Señorita Mckenzie, hay alguien fuera esperándola, le gustaría hablar con usted. —Mi apellido falso rechina en mis oídos y aún más la frase con la que me ha sentenciado. «¿Quién querría hablar conmigo en Rusia después de que mi hermana haya sido secuestrada?»

—La señorita Mckenzie aún sigue aturdida, denle diez minutos más —comunica Fyodor alargando brevemente mi vida.

—Estupendo. —Una sonrisa se dibuja en la comisura de los labios de la enfermera que sale de la habitación con paso firme y sin apenas hacer ruido.

El ruso se mueve rápidamente hasta el armario donde se encuentra guardada mi ropa y la lanza con suavidad en la cama. Luego, exclama sin haberme permitido recuperar la compostura:

—Tenemos que irnos, ¡ya!

—Pero… no… —Mis balbuceos no consiguen respuestas. Puede que, porque ni siquiera llegue a entender aquello que mi cabeza pronuncia más rápido que mis labios, o quizás carezca del tiempo suficiente para florituras y espere de mí una simple acción que ayude a acelerar todo el proceso.

Él se gira sobre su cuerpo, dándome intimidad mientras yo me visto a regañadientes sin comprender qué demonios estoy haciendo. «Unos zuecos sanitarios y un vestido de gala, genial, parece que Halloween ha llegado este año con retraso.»

—¿Estás preparada?

—¿Acaso me queda otra?