44. Capítulo 44
C uando Victoria se alejó de la chimenea, la temperatura bajó diez grados en apenas unos metros. Los pasillos más allá de la recepción estaban gélidos. El edificio gemía a su alrededor, con la madera y el metal contrayéndose por el frío.
Tal vez Jordan se había escabullido del refugio, fingiendo encontrarse mal, y había desaparecido en la tormenta, donde ni siquiera la patrulla de esquí podría localizarlo. Pero aquello parecía poco probable. Nadie estaba tan desesperado.
Cruzándose de brazos sobre el pecho, regresó al despacho de Alex con Elspeth. Al doblar la esquina, se quedó petrificada.
Una figura alta estaba agachada en el suelo a mitad del pasillo. Una mochila negra yacía abierta a su lado.
Victoria avanzó hacia él.
—Lo estaba buscando.
Jordan cerró la cremallera de su mochila y se puso de pie de un salto.
—¿Por qué?
Ella empezó con la acusación de Walsh.
—Un huésped llamado Michael Walsh cree que usted lo empujó por las escaleras.
Jordan abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Se ha quejado a la dirección por su actitud cuando le preguntó por el cierre de las pistas.
Jordan se frotó la cara con el dorso de la mano.
—La gente nos da problemas por los cierres todo el tiempo.
—Él cree que usted lo empujó como represalia.
—Nunca he empujado a nadie. ¿Por qué iba a hacer algo así? —Su confusión parecía genuina.
—Dijo que usted fue grosero y le dijo que siguiera las normas o se largara.
—Me cansa que la gente crea que conoce la montaña mejor que la patrulla de esquí. ¿Pero empujar a alguien? Eso es una locura. Nunca me jugaría mi puesto de trabajo. —Entrelazó las manos. Le temblaban—. ¿Eso es lo que quería preguntarme?
—No, hay más. Tengo una pregunta sobre la mujer con la que estuvo la noche de la avalancha. En el cobertizo del equipo.
Su rostro palideció. Parecía más joven, más vulnerable.
—¿Qué quiere saber?
—Ella tiene hematomas en la cara. ¿Se los hizo usted?
—¿Qué hematomas? No vi ningún hematoma. —La espalda de Jordan chocó contra la pared y sus hombros se hundieron—. Oh, Dios. Solo fue un ligue. No sé quién es.
—Dígame lo que sepa.
—Nada. No sé nada. —Jordan se quedó mirando sus manos temblorosas—.
Ni siquiera intercambiamos nombres. No sabía en qué habitación estaba ni si había venido con alguien.
Pasa a veces con las huéspedes. Se quedan unos días, buscan pasarlo bien.
Debo de proyectar la impresión de que me interesan esas cosas.
Una cosa lleva a la otra. Nadie se ha quejado nunca. Nunca antes había sido un problema.
La reacción emocional de Jordan sorprendió a Victoria. No entendía por qué estaba tan a la defensiva, a menos que fuera culpable de haberle causado aquellos moratones a Lilly.
—¿Siempre lleva a sus ligues al cobertizo del equipo?
—No, normalmente a sus habitaciones, o a la mía, pero ella quiso ir al cobertizo. No sé por qué. Pero nadie puede entrar excepto el personal, así que pensé que era un lugar bastante privado. —A Jordan se le quebró la voz—. Después de que... ya sabe... ella se fue primero. Dijo que tenía que volver.
—¿Dijo con quién estaba?
—No. Como ya he dicho, no hablamos mucho. Pero miró el móvil justo antes de que, ya sabe, empezáramos, y justo cuando terminamos.
—¿Volvió a verla después de esa noche?
El rostro de Jordan se desencajó.
—No. No hasta que... —Las palabras salieron atropelladas—. Le juro que yo no le hice daño. —Reprimió un sollozo—. No volví a verla hasta que encontré su cadáver en la nieve.
Victoria se quedó sin aliento. Su voz sonó apenas por encima de un susurro.
—¿Qué acaba de decir?
—Cuando volví a verla, ya estaba muerta.
Al principio Victoria no lo entendió, y entonces la horrorosa verdad la golpeó. Jordan no había estado con Lilly Childers. Había estado con la víctima.