Capítulo 43
P resente
Tres meses después.
—¿Cómo va eso? —le pregunto a Connie mientras le doy toquecitos en la frente con la toalla tibia. La mojo y la meto en el microondas, luego se la aplico con suavidad en la cara mientras ella está tumbada en la cama. A veces lo hago en casa, y parece un día barato de spa.
Connie no responde, claro está. Ya no puede hablar mucho.
Tampoco puede moverse. Su especialista no le da mucho tiempo.
Llegó el punto en que se recomendaron los cuidados paliativos.
Como la ayuda que necesitaba no era intensiva, decidí ayudarla yo misma, con un cuidador personal que pasa a verla con regularidad.
Quería pasar todo el tiempo posible con ella antes de que se vaya.
Han pasado más de tres meses desde la muerte de Jason y la noche en que descubrí la verdad sobre Dennis y George.
Al principio, el pequeño pueblo se hizo tristemente famoso cuando salieron a la luz los crímenes de Jason, George y Dennis.
Los entrevistadores y periodistas invadieron Kadestill.
Curiosamente, el turismo alcanzó su máximo histórico.
La cafetería local se llenó de nuevos clientes.
Pero es curioso cómo funciona el ciclo de las noticias. Una semana después, el descubrimiento de los asesinatos de los hermanos Kempmen era ya cosa del pasado, y todos habían pasado a la siguiente historia.
Es raro conectarse a internet y encontrar historias sobre una misma. Leí unas cuantas e incluso escuché un pódcast de crímenes sobre lo que pasó. Enseguida comprendí por qué tantos famosos intentan no leer las críticas de sus películas. La gente en internet puede ser espantosa. Falsa.
La gente comentaba que Sandra, Connie y yo no nos habíamos dado cuenta de los monstruos que eran George y Dennis.
Algunos incluso nos culpaban de sus crímenes, sugiriendo que era culpa nuestra no haberlos descubierto antes.
Los hermanos no eran los únicos asesinos en serie que llevaban vidas falsas, sin embargo. Hay muchos más.
Es muy fácil para la gente anónima en internet escribir lo que haría ella en esa situación. A ver si son capaces de vivirlo. A ver si sobreviven.
Sigo teniendo pesadillas sobre aquella noche. Sobre mi incapacidad para impedir que Jason apretara el gatillo contra sí mismo. Sobre mi incapacidad para ver quiénes eran realmente Dennis y George Kempmen.
Monstruos. Hermanos que mataban juntos.
Intento no pensar en ello demasiado. Tanto él como George están muertos ahora. Los monstruos de Kadestill ya no pueden hacerle daño a sus habitantes. Sus vidas solo podrán atormentar al pueblo a partir de ahora, y el lugar quedará marcado para siempre por lo que hicieron los hermanos.
Le paso el paño por la cara a Connie y noto que está perdiendo el calor. —Ahora vuelvo —le digo, aunque ella no puede responder y probablemente no sabe lo que está pasando.
Pero me gusta pensar que sí.
Cojo el paño, lo mojo en el fregadero y luego lo meto en el microondas. Mientras se calienta, me asalta un destello de recuerdos.
¿Quién era realmente Dennis Kempmen, mi padre adoptivo?
Un hombre al que en su momento llamé papá.
Al igual que con Jason, yo no fui capaz de ver lo que otros veían.
Nunca lo creí capaz de hacer las cosas terribles que la gente decía que había hecho hasta después de su muerte.
Pensaba que era un buen hombre, un buen padre y un buen marido.
Pero lo que se escondía detrás de esa identidad falsa era algo verdaderamente aterrador.
El mapa que encontré en la guantera de George, el mismo que había visto en el despacho de Dennis, era exactamente lo que yo pensaba que era.
Las familias y seres queridos de los fallecidos recibieron la noticia con tristeza, pero agradecidos de encontrar los cuerpos.
Uno de los restos pertenecía a Ethan Harris.
El agente Anderson me confirmó que su cuerpo fue hallado donde la letra E estaba escrita a lápiz sobre la marca en el mapa del sendero.
Pienso en Jason a menudo. La tía Sandra me había contado lo mal que estaba durante su divorcio. No tenía ni idea de que era hasta tal punto que se permitiría hacer las cosas que hizo. Se quebró.
Mientras que los artículos periodísticos, los pódcasts y todos los medios de comunicación tienden a mostrar lo perturbado y terrible que era Jason por secuestrar a una niña pequeña, yo sé algo diferente.
La cuidó. Pasaba casi todo su tiempo con Sophia, haciendo apariciones con los demás solo cuando era necesario.
Parte de mí se pregunta qué habría hecho él si yo no hubiera encontrado a Sophia en el club.
Me gusta pensar que la habría dejado marcharse, sana y salva.
Al fin y al cabo, los informes confirmaron que Sophia Hughes no sufrió daño físico ni secuelas emocionales.
Jason le mintió diciendo que tenía que cuidar de ella hasta que su mamá estuviera lista para verla de nuevo.
Según se informó, Sophia dijo que el hombre que la secuestró, a quien ella llamaba el hombre triste, llevaba una máscara de miedo porque su cara tenía unas cicatrices de terror y no quería darle asco.
Nada de eso justifica lo que hizo. Pero quizás demuestra que no era capaz de hacer lo que había hecho su padre.
Aunque también es cierto que Jason mató a Richard Harris. Su cuerpo aún no ha aparecido. Está ahí fuera, en los bosques que rodean este pueblo. Jason era capaz de una violencia extrema al final.
El microondas pita y saco el paño, escurriéndolo de nuevo sobre el fregadero.
Pensé más en Jason después de que mi exprometido, Andrew, se pusiera en contacto conmigo unos días después de lo que ocurrió. Andrew, como el resto del mundo, vio las noticias sobre mí y llamó desde un número anónimo nuevo.
Esta vez, no intenté colgarle. No intenté ignorarlo. Sí le dije que todo había terminado. Que me merezco a alguien que esté dispuesto a serme fiel. Que me merezco algo mejor que él. Se deshizo en disculpas y, aunque le agradecí los gestos poco sinceros, le expliqué con calma que se había acabado.
Le devolví su anillo de compromiso por correo. Aunque me encantaría tirarlo al lago como hizo Jason, ya no me duele tanto dejarlo ir. Estoy lista para seguir adelante.
Ya no necesitaba evitar a Andrew. Pasar por lo que viví me hizo darme cuenta de lo evasiva que había sido toda mi vida. Dejé este pueblo hace años para huir de mi pasado. Huí de mi exprometido y lo bloqueé porque no podía enfrentarme a lo que había pasado.
Esos pensamientos me hacían pensar en Jason. A diferencia de mí, él culpaba a los demás de todo lo que le había ocurrido en la vida. Dejó que su rabia lo consumiera. Se rebajó a enfrentarse a la injusticia que percibía, y eso lo mató.
Tanto Jason como yo estábamos en caminos de destrucción.
No podía dejar que eso me ocurriera a mí. Era hora de enfrentarme a mis demonios de frente. Nada de seguir huyendo ni de fingir que mis problemas no existían.
Vuelvo al dormitorio y me aseguro de que el paño no esté demasiado caliente antes de colocárselo a Connie en la cara, doblándolo sobre su frente. Ella emite un sonido como un zumbido que me hace pensar que le gusta la sensación. Espero que la calme.
Me he cogido una baja en el trabajo para estar con ella.
Aunque no estoy sola. Me sorprendió que la tía Sandra quisiera ayudar.
Daba por sentado que se marcharía del pueblo en cuanto pudiera y no volvería jamás.
De hecho, me dijo que eso es exactamente lo que tiene pensado hacer, pero que de momento está esperando para ayudarme.
No tuve que preguntarle qué estaba esperando antes de marcharse. Me estiro y cojo la mano de Connie apretándola.
Mi trabajo me ha permitido tomarme tiempo libre para cuidar de Connie.
Lo que no saben es que yo también he estado ocupada.
Aprovechando mi experiencia, he podido solicitar subvenciones para crear mi propia agencia que ayude a familias con dificultades.
También he donado parte de mi propio dinero.
En cuanto pueda volver a Toronto, podré poner en marcha mi nueva organización sin fines de lucro.
Incluso he conseguido asegurar un local.
Es pequeño, pero perfecto para lo que necesitamos.
Seré la directora ejecutiva. Con ese cargo, puedo garantizar que cualquier declaración de principios que elabore refleje la esencia de nuestra organización.
También me he puesto en contacto discretamente con algunos compañeros de trabajo que están interesados en trabajar conmigo.
Para tener una buena organización, necesitaré rodearme de buenas personas que compartan mis mismas convicciones.
Las familias son lo primero, no los resultados.
El único problema que tengo es que, después de presentar mi propuesta de negocio para las subvenciones, me dijeron que necesitaría más capital inicial para prepararme bien de cara al éxito.
Y no poco. Cerca de veinte mil euros. Ya he invertido diez mil euros de mi propio bolsillo y no puedo permitirme más.
Estaba poniéndome nerviosa por el dinero que necesitaba hasta que me llegó un regalo inesperado.
Como si el universo quisiera que triunfara, recibí una llamada de un pódcast muy popular que quiere pagarme por una entrevista.
¿Cuánto están dispuestos a pagar? Diez mil euros, pero cuando les conté mi situación, aceptaron donar otros diez mil a mi organización sin fines de lucro cuando abra.
Ahora estoy emocionada por lo que depara el futuro. Incluso le ofrecí trabajo a Sandra si quería, pero lo rechazó. Quiere reconectar con su hermana, que vive en el oeste.
Aprieto la mano de Connie entre las mías y siento calor. Quizás es una bendición que ella no vaya a saber la verdad. Aunque todo el mundo sabe lo que pasó en este pueblo.
Connie se mueve en la cama y me aprieta la mano a su vez. Me mira pero no habla. Me gusta pensar que hay momentos en que sabe quién soy, a pesar de lo que me dice la especialista.
—¿Qué tal tu spa, mamá? —le pregunto. No responde.
Me inclino hacia ella. —Lo siento —le susurro—.
Siento no haber estado siempre aquí. Ojalá lo hubiera estado.
Después de cómo me abandonó mi madre biológica, me protegí tanto que no fui capaz de abrirme a ti del todo.
Pero tú no eras nada como ella. Nunca te rendiste conmigo.
Ojalá hubiera podido ser tan buena hija para ti como tú has sido madre para mí.
Ella me aprieta la mano de nuevo, como si esa fuera su manera de responderme. Connie tiene muchos movimientos involuntarios. No es raro que apriete una mano cuando alguien sostiene la suya. Aunque me gusta pensar que sabe que soy yo.
—Te quiero, mamá.