Capítulo 42
P resente
—¿Dennis está bien? —pregunta Connie mientras se incorpora en la cama, desconcertada por el alboroto.
Le sonrío. —Todo está bien —miento. Jamás me atrevería a decirle la verdad. Su hijo está muerto. Su cuñado también fue asesinado. George fue quien mató a esos niños, años atrás. Su marido era igualmente un monstruo que asesinó a los más vulnerables.
El agente Anderson entra en la habitación. —Un paramédico está listo para llevarse a tu madre —dice—. Tu tía dice que puede cuidarla en casa de tu madre mientras terminamos de hablar contigo.
Cuando la mencionan, se me revuelve el estómago. —¿Cómo está Sandra? ¿Cuánto sabe?
Anderson me mira sin expresión. —Cuando Jason entró en su casa, iba diciendo disparates de que George había matado a esos niños años atrás. Que él era el responsable de las desapariciones... Sandra sabe que su marido está muerto. El resto tampoco lo sabemos nosotros todavía.
Asiento con la cabeza mientras un paramédico entra en la habitación y ayuda a Connie a salir de la cama con delicadeza.
—¿Adónde voy? —dice Connie.
—Te llevan a casa —digo, intentando tranquilizarla. Me mira confundida, y sé, sin que me lo pregunte, que no está segura de quién soy.
Miro por la ventana del dormitorio hacia la ambulancia y varias patrullas que ahora están aparcadas en la calle. En el interior de una de las patrullas veo a Sandra. Tiene la vista fija en el respaldo del asiento del copiloto, el rostro en blanco, sin expresión alguna.
Solo puedo imaginar lo que estará pensando. ¿Cómo es posible que haya pasado toda su vida con George sin haber llegado a saber quién era realmente? Siempre había parecido tan tranquilo y bondadoso. Todo era una farsa. Nunca fue un hombre íntegro. Era un buen farsante.
Las piernas de Connie parecen un poco inestables y Anderson ayuda al paramédico con ella. —Vi la silla de ruedas en el salón —dice. El paramédico asiente mientras se dirigen al pasillo.
Los sigo por detrás, asimilando la escena de pesadilla. La sangre mancha las paredes, tanto de la herida que Jason se infligió a sí mismo como de George. Dos agentes recorren la habitación anotando en sus libretas.
En el suelo están George y Jason, los dos muertos. Sus cuerpos están cubiertos con sábanas. Mientras Anderson está distraído con Connie y los otros agentes procesan el otro extremo de la habitación, bajo la vista hacia donde yace el cuerpo de mi hermano.
Me asalta el recuerdo de aquella terrible noche en que los hombres enmascarados entraron en nuestra casa familiar. Tenían razón. Dennis Kempmen era un asesino. Un asesino de niños. Me golpea una oleada de emociones.
Recuerdo la expresión que tenía Jason cuando volvió a colarse en la casa para ver lo que quedaba de su padre. De pie sobre Jason, me imagino qué aspecto tendría si yo hiciera lo mismo. Respiro hondo, sabiendo que hay cosas que no merece la pena ver.
Jason hizo de todo, incluido secuestrar a un niño él mismo, para intentar demostrar la inocencia de su padre. Solo que le salió el tiro por la culata. Demostró lo que el pueblo ya pensaba. Dennis Kempmen era verdaderamente un monstruo. Y su hermano también.
Miro hacia la otra sábana blanca en el suelo. La expresión del rostro de George cuando intentó atacarme quedará grabada en mi memoria para el resto de mi vida. No cabe duda de que me habría hecho daño si hubiese podido.
En la mesilla junto al sofá está la gorra plana gris de George. La cojo delicadamente con dos dedos, como si estuviera contaminada, y la dejo caer sobre la sábana blanca que tengo debajo.
—Ali —dice el agente Anderson, acercándose a mí—. ¿Puedes venir a la comisaría? —pregunta—. Tenemos mucho que aclarar aquí.
Pienso en las palabras que George me dijo antes de que apretara el gatillo. La muerte de Jason no tiene por qué ser en vano. Podría darle a mi hermano lo que murió buscando. Demostrar la inocencia de su padre.
Al mirar por la habitación, veo el mapa junto a los dos agentes.
Se lo señalo a Ben. —Encontré ese mapa en la guantera de la camioneta de George —digo—.
Tiene marcas. Tres de ellas tienen las letras M, J y E encima.
—Miro las paredes teñidas de rojo y vuelvo la vista al mapa—.
Creo que es ahí donde los enterró. A todos los desaparecidos.
Sacudo la cabeza con asco al saber que una de esas marcas pertenece a Ethan. ¿Por qué marcarían las tumbas? ¿Por qué llevar la cuenta de los niños que asesinaron?
¿A cuántos mató Dennis? ¿De cuántos fue responsable George después de que mataran a mi padre adoptivo? Miro a Jason y recuerdo lo que George me dijo en sus últimos momentos de vida. Podría echarle la culpa de todo. Podría darle a Jason lo que quería, lo que murió buscando.
El agente Anderson asiente. —Hablemos más en la comisaría, Ali. Allí puedes contarnos todo.