Capítulo 40
P resente
—¡Abre la puerta! —exijo, aporreando con fuerza.
—¿Ali? —dice Jason desde dentro. Se produce una pausa. —Tienes que irte.
—Merezco estar ahí dentro tanto como tú.
La puerta se abre de golpe, seguida del cañón de la escopeta apuntando al agente Anderson. —Atrás —grita Jason. Me agarra del hombro y me empuja hacia dentro, cerrando la puerta deprisa. Se da la vuelta de inmediato cuando George se incorpora del sofá. —¿A dónde vas? Siéntate. ¡Ahora!
—Jason —suplica George, levantando las manos pero sin sentarse—. Tu madre está en la otra habitación. No hagas ninguna estupidez de la que te vayas a arrepentir. Déjame marcharme sin más. No hay ningún motivo para que esto se ponga feo, ¿de acuerdo?
—¡Los mataste! A esos niños. —Jason me mira—. Asesinó a Ethan.
Miro a George, y por un momento la sonrisa habitual de su cara desaparece. Sus facciones apacibles se endurecen, sus ojos cálidos se vuelven fríos.
—Lo sé —susurro.
—¡Dennis! —llama una voz desde el pasillo.
El tío George esboza una sonrisa irónica. —No querrás hacer ninguna tontería, chico. Baja el arma. Déjame marcharme sin más. Yo no he hecho nada malo. No querrás que tu propia madre te oiga matar a su cuñado, ¿verdad?
Jason sonríe con desdén. —No se va a acordar aunque lo haga.
George lo mira con una expresión nerviosa. —¡Yo no he hecho nada malo! ¿Qué os ha llevado a los dos a inventaros algo tan descabellado? Yo jamás haría daño a nadie.
Jason saca el mapa que me quitó en el bosque. —Ali te lo cogió del camión. —El semblante de George se descompone mientras lo mira fijamente—. Hay un montón de marcas en este mapa. ¿Qué crees que pasará cuando la policía vaya a una de ellas? ¿Qué encontrarán, tío George?
Mira a Jason y luego a mí, pero no responde. Se sienta despacio, con la cabeza gacha.
—¡Monstruo! —grita Jason—. Debería matarte ahora mismo. —Levanta la escopeta apuntándole.
—Jason —suplico—. No lo hagas. Se merece pudrirse en la cárcel el resto de su vida. Entreguémoselo a Anderson. Está fuera con la tía Sandra.
Cuando menciono su nombre, George se cubre la cara. —Dios mío —susurra—. Matadme de una vez. —Mira a Jason—. Hazlo.
Jason recoloca la escopeta en la mano, apoyando el cañón contra su hombro. —Una prisión suena bien, ¿verdad, tío George?
—¡Dennis! —llama Connie desde el pasillo—. ¿Qué está pasando?
Jason gruñe. —¡Mamá! —grita sin dejar de apuntar a su tío con el arma—. ¡Papá está muerto!
—Baja el arma, Jason —grito de nuevo—. Tú no le hiciste daño a Sophia. La cuidaste bien, a pesar de todo lo que hiciste. Deja que George se entregue y podemos seguir adelante con nuestras vidas. La Justicia se hará.
George suelta una carcajada. —¿Fuiste tú quien se llevó a esa niña pequeña? —Vuelve a reír con nerviosismo—. Supongo que viene de familia.
—¿Qué? —dice Jason desconcertado.
—Los secuestros. Los crímenes. —George sonríe—. ¿De verdad creíais que hice todas esas marcas en este mapa yo solo? —Nos mira a los dos—. Tu padre me ayudó —dice, mirando a Jason con una sonrisa perversa.
—¡Eso no es verdad! —grita Jason—. ¡Para de mentir! No haces más que mentir.
Ríe. —¿Ah, no? Espera a que le cuente a la policía todo lo que hizo tu padre conmigo. —Me mira—. Matar a tu amigo Ethan fue idea suya.
—¡Cállate! —grita Jason.
Se me cae la boca al suelo cuando sus palabras me golpean. El mapa que encontré en su camión era el mismo que Dennis tenía en su despacho. Yo misma lo vi hacer las marcas. He estado dando vueltas toda la noche intentando atar todos los cabos cuando la verdad estaba a la vista.
George suelta una risa nerviosa. —Mátame, chico —dice con tono duro—. Y nadie lo sabrá jamás.
—¡Cierra la boca o te la vuelo! —Jason levanta el arma y apunta a la cabeza de su tío. George incluso apoya la frente contra el cañón.
—Adelante —dice—. Aprieta el gatillo. —Como Jason no lo hace, trata con más ahínco de provocarle—. ¿Por qué crees que tu padre adoptó a una niña pequeña? —Levanta la cabeza y me mira fijamente con la cara más perversa que he visto en mi vida.
Mientras proceso sus palabras y lo que quiere decir con ellas, Jason da un paso atrás.
—Nunca llegó a hacerlo —dice George con una carcajada—. Así era tu padre. Siempre tan débil.
—¡Cállate! —chilla Jason. Gira la escopeta y golpea a su tío en la cara con el cañón. —¡Cállate! —grita aún más fuerte.
Mientras la sangre brota de la nariz de George, este se cubre la cara y suelta otra carcajada. —¿De quién crees que fue la idea de atar cintas donde nos los llevábamos?
Los ojos de Jason se abren como platos. Como si estuviera en trance, gira la escopeta, pero esta vez no apunta a George. Con el cañón dirigido hacia su propio pecho, Jason me mira y lanza un último alarido antes de apretar el gatillo.