Capítulo 29
A ntes
—¿Que no apareció? —me pregunta el agente Anderson mientras anota rápidamente en su libreta. Un segundo agente llega al campo y empieza a fotografiar la escena y varios de los lazos atados a la rama.
Ya le expliqué todo esto al agente. Le conté los planes que habíamos hecho Ethan y yo. Le hablé de la pelea entre el padre de Ethan y Dennis.
No entiendo por qué me hace de nuevo una pregunta tan estúpida, sobre todo cuando Ethan ha desaparecido.
Estaba temblando cuando encontré el lazo. Sin saber qué hacer, pedí ayuda a gritos. Lo suficientemente fuerte para que Jason saliera al porche delantero y mirara hacia donde yo estaba. Le grité que llamara a la policía. Como no se movió, le dije por qué.
—¡Hay un lazo! —grité—. ¡Se ha llevado a Ethan!
Casi treinta minutos después de que Jason llamara a la policía, llegó Ben Anderson. Papá me dice que normalmente juega al póquer con los vecinos. Me pregunto si papá ya sabe lo que está pasando.
Ya se ha congregado un pequeño grupo de personas del callejón sin salida cerca de nosotros. Con el lazo a la vista de todos, todo el mundo sabe lo que ha ocurrido.
Otro niño ha desaparecido. Se ha encontrado un nuevo lazo. Va a volver a ocurrir, y empieza por Ethan.
Mi Ethan.
¿Qué le está haciendo? ¿Por qué él?
—Ali —dice el agente Anderson—, ¿me has oído?
Jason habla en mi nombre. —Ya la has oído —dice, rodeándome con el brazo—. Habían quedado para salir a encontrarse en el bosque. Cuando él no apareció, ella vio el lazo. Yo fui quien os llamó.
El agente Anderson frunce los labios y asiente. —Gracias por aclararlo. —Me mira—. ¿Cómo estás, chiquilla?
Suelto un suspiro pesado. —¡Tenemos que dejar de hablar de lo que ha pasado y hacer algo!
—La Unidad de Delitos Graves está de camino —dice el agente Anderson—. Llegarán más agentes pronto. La búsqueda comenzará en cuanto sea posible.
Niego con la cabeza. —No —digo—. Tenemos que buscar ahora. —Miro hacia atrás—. Debe de estar en el bosque por algún lado. No lo recogieron desde la carretera. Eso lo sabemos, porque si no el lazo estaría más cerca de la calle.
—No te preocupes, Ali —responde—. Nos estamos ocupando. Tu padre y tu madre vienen de camino, ¿de acuerdo? Todo va a salir bien.
En lo más hondo del estómago, sé que eso no es verdad. Las cosas están muy lejos de ir bien. El monstruo que se llevó a esos dos niños, y que probablemente los mató, se ha llevado a Ethan. Seguramente ya sea demasiado tarde. De algún modo, sé que ya está muerto.
Me doblo sobre las rodillas y noto cómo todo se me revuelve en el estómago. No tarda mucho en volvérseme la cena a la boca. Jason se aparta de inmediato. Le puse algo en la bota al agente.
—Lo siento —digo, limpiándome la boca.
—¿Dónde está? —grita una voz potente desde el campo. Cuando me vuelvo, veo al padre de Ethan, Richard, acercarse a nosotros a grandes zancadas—. ¿Dónde está Ethan? —La madre de Ethan no va muy por detrás, con una mano en la boca mientras sin duda ve el lazo rojo.
—¡Oh, no! —dice en voz alta—. ¡No!
El agente Anderson se acerca a él. —Lo siento mucho, habéis llegado antes de que pudiera hablar con vosotros —dice—. Nosotros también acabamos de llegar.
Richard se planta delante de él con el dedo extendido. —Tienes que meterte en ese bosque y encontrar a mi hijo. ¿Qué estáis haciendo exactamente?
El agente Anderson le explica el plan que acaba de contarme.
—Eso no es suficiente, Ben —grita Richard—. Vamos. —Se vuelve hacia su mujer—. ¡Empezamos la búsqueda ahora! —Mira al pequeño grupo de personas—. ¿Quién viene conmigo? —Varios hombres y una mujer se acercan a él—. Bien. ¡Hay que salir ya! No paramos hasta que lo encontremos.
El agente Anderson le mira. —Yo también voy, pero tenemos que tener cuidado. No podemos alterar la escena del crimen.
—¿La escena del crimen? —repite la madre de Ethan—. Oh, no. —Se lleva una mano a la cabeza.
—¡No hay tiempo para eso! —le grita Richard a su mujer, cogiéndola de la mano con brusquedad—. Para. Contrólate. —Empieza a zarandearla con fuerza.
—Tranquilo, Richard —dice Ben.
Richard le mira, con el ceño cada vez más fruncido. —¡No me digas lo que tengo que pensar o hacer! Necesitamos actuar. ¡Hay que buscar a Ethan ahora mismo!
Estoy de acuerdo con él. Tenemos que ponernos en marcha. Empezar a buscar. Ethan debe de estar ahí fuera.
—¡Ali! —Me vuelvo y veo a papá corriendo hacia mí. Se arrodilla de inmediato delante de mí y me coge las manos—. ¿Estás herida?
Richard responde por mí. —No, no está herida, Kempmen. ¡El que ha desaparecido es mi hijo!
Dennis se levanta y le mira, desconcertado. Señalo hacia la rama y el lazo atado a ella.
Dennis se vuelve hacia mí de nuevo. —Tenemos que ir a casa. —Le lanza una mirada al agente Anderson—. ¿Ya has terminado de hablar con mi hija?
Cuando el agente asiente, me coge de las manos y empieza a llevarme a rastras hacia nuestra casa. —Papá —digo frenéticamente—. Tengo que ayudarles a encontrar a Ethan. ¡Está ahí fuera!
Dennis no se detiene ni responde. En el porche, Connie mira hacia nosotros y hacia el grupo, con una mano sobre los ojos como si intentara ver mejor lo que está pasando.
—¿Dónde está mi hijo, Kempmen? —nos llama Richard. Eso hace que papá se detenga en seco, pero no responde—. ¿Amenazas a mi hijo y luego desaparece? ¿Dónde está? ¿Qué has hecho con él?
Dennis mira a Richard con una rabia en los ojos que nunca antes había visto hasta hoy. Es exactamente la misma mirada que tenía cuando le dijo a Ethan que no me viera más. La misma expresión que puso cuando Richard le encaró más temprano hoy.
—No respondas —dice Dennis. Parece que me lo esté diciendo a mí, pero da la sensación de que se lo está diciendo a sí mismo.
—¡Asesino de niños! —grita Richard.
—No mires atrás —susurra Dennis mientras seguimos hacia la casa—. No digas ni una palabra. Entra en casa.
Richard sigue gritándonos mientras nos marchamos. —¡Asesino! ¿Dónde está mi hijo, Kempmen? ¡Monstruo! ¡Asesino!