Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Epílogo para #3
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Epílogo para #3

Encajamos como una pieza de puzle desde el primer día y he de admitir que me enamoré de ella nada más verla, pero, debido a nuestra diferencia de edad y a su admiración por mi trabajo, jamás fui capaz de dar el paso, me parecía una falta de respeto hacia ella.

Tu madre era una mujer muy inteligente y fue ella quien detectó lo que yo llevaba años sin querer ver: encontró un patrón anual donde ciertas mujeres desaparecían sin motivo aparente, dejando registros incompletos y con procedimientos que no podían justificarse, y lo más perturbador era que nadie las reclamaba ni las buscaba.

Al principio no la creí, pero después comprobé que tenía razón, y es que había una parte del programa que no se dedicaba a la investigación.

No voy a describirte lo que averiguamos, doy por hecho que si estás aquí leyendo esto es porque lo has descubierto tú sola, además de que es una época que tanto tu madre como yo tratamos de olvidar; aunque sin mucho éxito porque las pesadillas la atenazaban cada vez que llegaba el mes de septiembre.

El problema llegó cuando tanto ella como yo nos enfrentamos al problema, trataron de negarlo alegando que esos documentos habían sido mal cumplimentados.

Yo al principio les hice caso, sin embargo, una noche me quedé en el laboratorio porque tenía que vigilar una prueba y escuché una conversación de boca de mi hermano en la que entendí con total claridad que tu madre iba a formar parte de ese proceso.

Alegaban que era conflictiva, que me podría alejar de mi cometido y que podría ser una candidata perfecta para purificar ese año la Sociedad.

No te puedes imaginar el pánico que sentí, solo actué, no sé si de manera imprudente, cobarde o injusta por las que se quedaban allí, pero hui con ella.

Volví a España y nos casamos, era la única manera de que ella se pudiera quedar aquí, y descubrí que lo que yo sentía por ella era recíproco y me sentí feliz, completo.

Cami, no te lo puedo explicar de otra manera.

Tenía sesenta y seis años cuando tú naciste; tu madre, treinta y cuatro.

Y por primera vez en mi vida sentí que tú habías sido la única decisión libre en toda mi vida, luego comprendí que había sido un inconsciente y que lo que había hecho era colocarte en una posición de riesgo, porque de La Vita Per Tre no se sale nunca, y ellos te querían.

Después de huir, intenté continuar con mi trabajo en España, aunque habían pasado casi dos décadas y todo había avanzado mucho. Tenía una situación económica fácil ya que mi padre se encargó de ello antes de morir.

Ahora cierro los ojos y pienso en que soy igual que mi padre, a él solo le importaba la ciencia, vivió por y para ella, así como lo hizo Bruno, uno de mis antepasados, y me pregunto: ¿Estamos destinados a repetir el ciclo generación tras generación?

Tú tenías que ser la que rompiera el ciclo, el día que naciste lo supe cuando tu manita se agarró a mi pulgar, y a medida que crecías y veía cómo te ibas convirtiendo en una niña fuerte, con mucho carácter, a la que no le gustaba que le dijeran lo que tenía que decir.

Decidí crear una sociedad paralela que trabajara en la sombra, por desgracia solo pudimos salvar a una única mujer, y es que no era fácil porque al principio estábamos solos y tú eras muy pequeña.

Luego te empujé a ser policía, no por vocación, más bien por necesidad porque sabía que solo alguien como tú, con las herramientas adecuadas, podría llegar hasta ellos y desmontarlo desde fuera.

Si estás leyendo esto ahora es porque lo has hecho. Y eso significa que has conseguido algo que yo no fui capaz de hacer. Romper el ciclo.

No te pido perdón, hija, porque soy muy consciente de que no sería suficiente.

Solo te pido que si tu madre sigue con vida cuando leas esta carta no te enfades con ella por no contarte la verdad, solo una madre sabe el pánico que se siente al saber que a su hija la pueden usar para…

para lo que sabes que usaban a las mujeres.

No olvides que todo lo que ha hecho tu madre por ti ha sido para salvarte y alejarte de Ellos.

Gracias por llegar a mi vida y abrirme los ojos, Cami.

Tu padre que te quiere.

Pedro

La cara de Camila tras leer la carta de su padre está surcada de lágrimas, las manos le tiemblan y la boca se le ha quedado seca, gira la cabeza para mirar a su tía y la imagen que ve la rompe en dos.

Se coloca de rodillas frente a su tía y le limpia con cariño la cara empañada también de lágrimas.

—Tía… —La voz de Morris tiembla—. ¿Fuiste tú la mujer rescatada?

La única respuesta que obtiene es la de las lágrimas cayendo por el rostro de su tía Lucrecia, ella coge sus manos y le acurruca la cabeza en su regazo para tratar de asimilar la información que acaba de leer.

Álex se acerca con los niños y ella, al verlo llegar, se levanta y corre hasta él; se abraza con los ojos cerrados tratando de controlar su corazón, que bombea rápido. Mientras Álex la mece, Laura suelta un gritito para llamar la atención, y lo logra, porque sus padres se miran sonriendo.