Capítulo 57
C armen está apoyada en la encimera exterior mientras Morris corta verduras sobre una tabla de madera.
—¿Cómo estás? —quiere saber Morris.
—Bien, es que llevo durmiendo mal toda la semana; estoy preocupada por Lina, es solo eso.
—Me refería a Iván Salvatierra. —Deja de cortar las verduras y se la queda mirando—. ¿Lo conocías bien?
Su compañera tarda unos segundos en responder. Coge la copa de vino, remueve el contenido y le da un sorbo.
—Nunca trabajamos juntos —dice al final—, pero coincidimos mucho en la comisaría.
Iván… —se queda pensando cómo explicarlo— era de esos inspectores que siempre iban dos pasos por delante del resto.
Muy metódico, muy cabezota…; cuando algo le olía mal no paraba hasta descubrir qué pasaba.
Tuvo muchos enfrentamientos con el comisario por su actitud.
Hace una pequeña pausa y levanta la vista hacia Morris.
—No era el típico policía simpático, ¿sabes? Observaba mucho, hablaba más bien poco. Y si creía que alguien estaba haciendo algo que no debía… no se callaba.
—Debió buscarse muchos enemigos entonces.
—Alguno que otro, pero era un buen tipo. Medina lo idolatraba —ríe—. Fue su primer compañero, Camila.
—Lo sé… —murmura Morris—. No le gustaba hablar mucho de él.
—Fue un golpe muy duro, siempre lo es perder a un compañero, aunque… Iván y Gabi encajaban, ¿sabes?
Carmen duda un momento antes de continuar.
—Eran muy distintos. Iván era frío, analítico…, de los que piensan antes de hablar. Gabi, en cambio, es puro instinto, tú ya lo sabes. Aun así, juntos funcionaban muy bien, ¿me entiendes? Uno frenaba al otro.
La puerta del jardín se abre y Álex aparece arrastrando con una mano el carrito doble de los bebés y en la otra mano lleva un pequeño montón de cartas.
—Todo esto estaba en el buzón.
Deja los sobres sobre la mesa, entre la tabla y la botella de aceite, y le da un beso cariñoso en los labios a Morris. Luego se dirige a la inspectora Dasilva y le da un abrazo.
—¿Cómo va todo, Carmen?
—Ay, por favor, están guapísimos —dice Carmen, que le ignora completamente y se coloca delante del carrito de los pequeños para observarlos.
—Sí, se han quedado dormidos con el paseo, déjalos que sigan así —le pide Camila—. Podemos cenar nosotros.
—Por favor, qué angelitos… —continúa su compañera.
—Huele de maravilla, ¿qué cenamos? —pregunta Álex sonriendo.
—Fajitas de pollo.
Mezcla en la sartén las verduras con el pollo y, al girar la botella, derrama sin querer un poco de aceite sobre los sobres.
—Oh.
Carmen los coge y los limpia con un trapo. Se los queda mirando unos segundos y frunce ligeramente el ceño.
—Camila…, estos sobres tienen el sello de un gato.
Álex se acerca enseguida y coge uno de los sobres dispuesto a abrirlo.
—¡No! —gritan las inspectoras al mismo tiempo.
Él se queda petrificado con la carta suspendida en el aire.
—Traeré unos guantes —indica su mujer, que entra corriendo en la casa.
Dasilva lo mira y pone los ojos en blanco.
—Parece mentira.
—Vale, vale…, perdón —se disculpa, levantando las manos.
A los pocos segundos, Morris vuelve con unos guantes y un abrecartas. Coge el sobre y se dispone a abrirlo con mucho cuidado. Saca los papeles y los despliega sobre la mesa.
—¡No me jodas! —suelta Carmen—. Necesito otra copa.
Coge la botella de vino y se llena la copa.
—Ponme una —replica Camila sin apartar la vista de los documentos.
—Pasajeros —lee Álex—: Camila Morris y Alejandro Navarro…, salida el 3 de agosto de 2024 a las 18:40 con llegada a las 20:15. Vuelo FR 4827.
Los tres se quedan en silencio. Morris vuelve a mirar los billetes.
Su compañera le hace entrega de una copa de vino bien llena, ella resopla y bebe un trago largo.
—¿Puede que sea una trampa? —se adelanta su marido.
—Hay algo más dentro —señala Carmen.
Morris vuelca el sobre y del interior cae una pequeña nota.
La recoge y cierra los ojos porque reconoce la letra. En ella hay escrita una sola palabra: «Dispara».
—Es de Gabi —murmura—. Nos está pidiendo ayuda.
—Puede ser una trampa —insiste su marido.
—Yo me quedaré con los niños —se ofrece Dasilva.
—No, ni hablar. Es demasiado. Le pediremos a la hermana de Álex que se los quede.
—Mi hermana está fuera este fin de semana.
—Camila —insiste Carmen con calma—, puedo ocuparme yo de ellos.
Se hace un silencio incómodo. Morris mira a Álex, luego a su compañera y ella asiente con la cabeza.
—Tienes que ir a buscarle.