Medina. Operación Ébano (Universo Morris) Capítulo 1
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Medina. Operación Ébano (Universo Morris)

Medina. Operación Ébano (Universo Morris)

Por Veronica Sandel

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Capítulo 1

Alicante

Á lex pasea de un lado a otro del porche con el pequeño Pedro en brazos, tratando de calmar su llanto, mientras su cuñada, Nora, sostiene a Laura y los mira con una sonrisa de orgullo en sus labios.

Laura y Pedro decidieron llegar al mundo el dieciocho de abril, tras un parto de más de veinticuatro horas. El embarazo de la inspectora Camila Morris había llegado justo al cerrar su anterior caso, dándole el soplo de vida que necesitaba en ese momento y siendo una grata sorpresa para su marido.

—No hay manera de calmarlo —bufa.

—Él es más inquieto, sin duda ha salido a Cami —asegura, y reprime una carcajada.

Justo entonces, Camila sale al exterior con el teléfono en la mano, se queda mirando a Álex y sonríe.

—Te he oído, Nora… Y sí, este pequeño se lleva todas nuestras horas de sueño. —Se acerca y le da un beso en la coronilla—. Está todo bien, mi amor.

Toma a Pedro en sus brazos y comienza a tararear mientras lo acurruca contra su pecho. Cuando le da el biberón, el llanto se apaga casi de inmediato. Álex se sienta al lado de Nora con cara de enfado.

—Ella juega con ventaja —se indigna, y ellas ríen ante el comentario.

—¿Cuándo empiezas a trabajar, Cami? —quiere saber su hermana, elevando un poco el tono de voz.

—Me gustaría incorporarme a mediados de julio. Quiero dejarme un par de semanas para otoño; aunque tengo que ir a ver al comisario para ver si le parece bien.

—Álex tiene flexibilidad horaria, ¿no?

—Sí —confirma él—, la segunda semana de julio tengo un viaje importante, pero podemos apañarnos.

—Si me necesitáis —se ofrece Nora—, yo puedo teletrabajar.

—Gracias, Nora. Aunque, por el momento nos apañamos bien y, además, también está mi hermana, Tatiana —se justifica Álex.

—Eso lo dices ahora —replica, dándole a Laura y levantándose—. Cuando llevéis un par de meses trabajando los dos, me lo decís.

—Existen guarderías… —Morris se pone en pie con Pedro dormido y lo coloca en su cunita.

—¿Los vais a meter en una guardería? —se sorprende ella, eso hace que su hermana se la quede mirando con las manos en jarras y parpadee varias veces.

—¿Qué problema hay? Hay guarderías muy buenas.

—Bueno, bueno —dice levantando las manos—. Si me necesitáis, me avisáis; puedo estar aquí en menos de veinticuatro horas. Voy a preparar una cafetera, ¿queréis algo?

Ambos niegan con la cabeza y Camila camina hasta el sofá para sentarse al lado de Álex.

—¿Todo bien? —quiere saber él señalando el móvil.

—Todo en orden. —Cierra los ojos y toma una amplia bocanada de aire—. Tengo ganas de volver, Álex.

—Necesitas acción —deduce él con una sonrisa de medio lado.

—No sé si acción, pero necesito…, no sé muy bien cómo explicarlo. —Duda y se queda en silencio—. Sentirme útil.

Morris coloca la cabeza sobre el hombro de su pareja y aprieta los labios.

—Te conozco, Cami, te pasa algo más.

—Llevo varios días dándole vueltas… —empieza, aunque se incorpora un poco para mirarlo de frente—. Aprovechando que mi hermana está aquí… —Él la observa con atención asintiendo con la cabeza—. ¿Te acuerdas de la caja que me dejó mi padre? Creo que ha llegado la hora de abrirla.

Álex da un respingo y se levanta para colocar a Laura junto a su hermano.

—¿Estás segura? —pregunta, tomando sus manos para poder abrazarla.

—Sí. Creo que ha llegado el momento de entenderlo todo. —Coloca su frente sobre el pecho de Álex—. Siento que necesito cerrar esa etapa.

—¿Se lo has dicho a Nora?

—No —confiesa—, pero sé que ella también quiere abrirla.

—Bueno, sigo pensando que ella sabe más de lo que cuenta.

Morris yergue la espalda y frunce el entrecejo.

—¿Sigues sin fiarte de ella?

—No es eso —levanta una mano para excusarse—, pero estoy seguro de que sabe más de lo que dice de la vida de tu padre —contesta, bajando la voz hasta convertirlo en un susurro—. Aunque no se criara a su lado, ella formó parte de todo, estuvo dentro de la Sociedad toda su vida.

—No tuvo elección —la justifica—. Para ella fue muy duro, Álex.

—No la estoy juzgando. No te equivoques, solo te pido que vayas con pies de plomo.

Tras eso, Camila coge aire y lo aguanta en el pecho para soltarlo poco a poco, abrazándose a él con fuerza.

—Es la única familia que me queda.

—Gracias —contesta con sorna su marido.

—¡No! —exclama, separándose de él con los ojos abiertos—. Me refiero a que es lo único que me queda de mi pasado.

—¡Vale! —asiente—. Pero prométeme que irás con cuidado.

—Siempre voy con cuidado.