Matteo (El Imperio del Mafioso 1) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Avanzó lentamente hacia mí con aquella sonrisa espantosa en el rostro y retrocedí un paso, aterrorizada por lo que pudiera hacerme.

Desvié la mirada durante una milésima de segundo hacia la almohada, pues debajo de ella guardaba la daga para defenderme precisamente en una situación como aquella.

Sin embargo, me había despertado tan sobresaltada al comprender lo que estaba haciendo que ni siquiera había recordado cogerla.

—Aléjate de mí, cerdo asqueroso —lo amenacé, intentando mantenerme tan lejos de él como fuera posible.

Soltó una carcajada diabólica mientras reducía la distancia entre nosotros.

—Ya deberías haberte dado cuenta de que ese jueguecito de hacerte la difícil solo consigue excitarme todavía más y aumentar mis ganas de terminar lo que empecé...

Cuando la distancia entre nosotros era mínima y mi espalda chocó contra la cómoda, impidiéndome seguir huyendo, su desagradable olor invadió el escaso espacio que nos separaba.

La desesperación se apoderó de mí y lo empujé con todas mis fuerzas.

Se tambaleó hacia atrás, sorprendido de que hubiera intentado apartarlo.

Siempre amagaba con tocarme, me observaba con intenciones perversas e incluso había sentido sus dedos rozar ligeramente mi cuerpo las pocas veces que me había quedado profundamente dormida, pero nunca había llegado al extremo de masturbarse sobre mí.

—¿Así que hoy quieres enfrentarte a mí? ¿Estás loca o qué? ¡Mira tu tamaño y luego mira el mío, niña! Acabaría contigo en dos segundos...

—¡Eso es lo que tú crees, maldito!

Su carcajada maquiavélica reverberó entre las paredes de mi habitación y un escalofrío desagradable me recorrió el cuerpo.

—¿De verdad pensabas que cerrar la puerta con llave me impediría entrar si quería hacerlo? Eso demuestra que eres mucho más ingenua de lo que imaginaba...

Busqué a mi alrededor algo que pudiera utilizar como arma en caso de que me atacara, pero no había ningún objeto afilado con el que pudiera herirlo lo suficiente.

Aquel desgraciado debía de tener una copia de la llave y yo nunca lo había sabido. No debería haber bajado la guardia para descansar. Jamás podía permitirme hacerlo.

—Sabes, Chiara... —continuó—. No pretendía perder el control ahora, pero me enfurece verte exhibir todo ese cuerpo delicioso para ese maldito.

Yo debería haber sido tu primer y único hombre.

—La desesperación me oprimió el pecho ante la posibilidad de que decidiera tomarme por la fuerza—.

Por eso no pude resistirme a probar un poco, a conformarme con una pequeña muestra hasta que pueda terminar de hacer contigo todo lo que deseo.

—Aquella sonrisa espantosa volvió a adornar su rostro y, antes de pensar en lo que hacía, le escupí a la cara.

—Nunca vas a tocarme con esa polla asquerosa, desgraciado. —¿Y qué hizo él? Se rio, aumentando todavía más mi temor ante la locura de aquel hombre—. ¡Estás enfermo!

—Ah, ragazza. No solo voy a follarte por todos los agujeros que tienes, sino que además te gustará y acabarás pidiéndome más. Solo estoy esperando a que pierdas la virginidad con ese desgraciado para no estropear mis planes.

—¡Nunca! —grité, perdiendo el control de mis actos. Antes de ser consciente de lo que hacía, eché el brazo hacia atrás y, aprovechando la escasa distancia que nos separaba, descargué todo mi peso en un puñetazo contra su boca.

La sorpresa se apoderó de su rostro mientras intentaba recomponerse.

Se llevó una mano al labio partido y contempló la pequeña cantidad de sangre que había conseguido arrancarle.

Abrí y cerré la mano mientras el dolor del impacto me atravesaba, pero no tuve tiempo de pensar qué hacer a continuación.

Sentí que me agarraba del pelo con fuerza y me lanzaba hacia el centro de la habitación, haciéndome perder el equilibrio y caer tendida en el suelo.

—¡Maldita! Voy a darte una lección para que nunca vuelvas a levantarme la mano.

Giré el rostro, apoyé las manos en el suelo y miré en su dirección.

La furia dominaba sus ojos. Me agarró del cuello, obligándome a quedar frente a él, y levantó el brazo hacia atrás.

Cerré los ojos, preparándome para recibir el golpe, porque sabía que no tendría fuerzas suficientes para contener su ira.

—¿Pero qué mierda está pasando aquí? —Oí a mi madre entrar en la habitación con una expresión inquisitiva al descubrir lo que mi padrastro estaba a punto de hacer—. ¿Te has vuelto loco, Federico? ¿Vas a golpearla en la cara? Dejarás marcada a la prometida de Matteo y nos causarás problemas.

En ese instante, Federico abrió mucho los ojos y bajó el brazo con rabia mientras soltaba una maldición.

—¡Tu hija me está provocando! —empezó a decir aquel desgraciado—. Ya le ordené que dejara la puta puerta abierta y, además de cerrarla con llave, cuando le llamé la atención intentó enfrentarse a mí. Por eso voy a tener que darle un escarmiento para que nunca vuelva a levantarme la mano.

—¡Eso es menti...! —Sentí que volvía a tirar de mi cabello con fuerza y estrellaba mi cabeza contra el suelo. Perdí el hilo de mis pensamientos durante unos instantes, aturdida por el impacto.

En lugar de percibir la descarada mentira que estaba contando, mi madre respiró hondo y negó con la cabeza. Fue entonces cuando comprendí, con lo poco que mi mente nublada conseguía razonar, que cerraría los ojos ante lo que él se disponía a hacerme. Una vez más.

—Procura no hacer demasiado ruido. Podrías llamar la atención de los vecinos. Y no le dejes marcas en ningún lugar que Matteo pueda ver.

—Por supuesto, amore mio.

Oí cerrarse la puerta y tuve que contener las lágrimas que estaban a punto de caer.