Matteo (El Imperio del Mafioso 1) Capítulo 8 #2
17%

Capítulo 8 #2

Si interroga a Federico y él le da una respuesta distinta a la mía, Matteo sabrá que le mentí y habré perdido cualquier posibilidad de casarme con él.

Mi madre me mataría sin pensárselo dos veces.

—Y eso era lo que realmente creía; no estaba exagerando.

—Quizá no tenga nada que ver con eso. Estás sufriendo antes de tiempo —intentó tranquilizarme Giana, y me dejé caer en la cama entre las dos—.

Pero, hablando de otra cosa, Genie me ha contado que hubo cierta química entre vosotros mientras bailabais.

—Sus ojos brillaban de expectación, como si de verdad creyera que de todo aquello podía salir algo bueno.

Resoplé, resignada, sin querer admitir cuánto me había afectado aquella cercanía.

—Genie está imaginándose cosas. Él se limitó a provocarme, como siempre, y yo hice lo mismo. —Me encogí de hombros como si no hubiera tenido importancia y no hubiese disfrutado de nuestras pullas más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Pero la verdad era que, cada vez que se acercaba, una oleada de calor me recorría desde la punta de los pies hasta el último cabello.

Sabía que era el enemigo y que no debía dejarme engañar por aquel rostro masculino, pero resultaba difícil conservar la racionalidad cuando sentía sus labios tan cerca de los míos.

Ni siquiera Vitto lograba mantener mis pensamientos en orden cuando estaba cerca de Matteo, y eso me preocupaba cada vez más.

—Hacéis una pareja preciosa y, después de comprobar que a Vitto no le importó lo que pudieras pensar de él tras lo que hizo, quizá esta sea tu oportunidad de ser feliz al lado de Matteo —expuso Giana, intentando convencerme de algo muy poco probable.

¿Cómo podía ser feliz junto al asesino de mi padre? Era imposible.

Además, ella no sabía nada de la venganza que habían organizado y que yo estaba obligada a ejecutar.

—Precisamente por lo que me hizo Vitto debo mantener la guardia alta. Confiaba en él y, aunque sabía que nuestra relación no podía seguir adelante, esperaba que tuviera la decencia de contarme la verdad sobre su compromiso. Pero, por lo visto, solo quería utilizarme.

Las tres permanecimos en silencio durante unos segundos, asimilando la mierda que Vitto me había hecho, hasta que Giana volvió a preguntar:

—¿No intentó ponerse en contacto contigo después de que la noticia saliera en los medios?

Respiré hondo para ordenar mis pensamientos.

—Más o menos. Después de recuperarme de la paliza, le envié un mensaje con una foto de lo que había aparecido en internet y le di las gracias, con toda la ironía del mundo, por haberme tomado por idiota.

Intentó llamarme varias veces, pero yo no quería hablar con él.

Ya tuve bastante con la paliza que recibí por su culpa y con la humillación que tuve que soportar.

Quiero olvidar todo lo que me ocurrió y que algún día conocí a Vitto Gambino.

Me miraron con compasión y suspiré, frustrada por la vida de mierda que llevaba.

—Quizá esta sea tu oportunidad. Dicen que, a veces, un corazón roto se cura con un nuevo amor, ¿no?

Me reí ante su romanticismo empedernido.

—Si de verdad crees que Matteo Lucchese podría ser un buen marido, estás más equivocada de lo que pensaba. Sería la última persona indicada para ese papel. Es frío, arrogante, presuntuoso y, por encima de todo, cruel. ¿Cómo podría surgir amor del interior de alguien así?

—¿Y sabes que es todo eso después de haber hablado con él cinco minutos? —intervino mi hermana. La miré de reojo por defender a Matteo. No sabía todo lo que aquella familia nos había hecho y por eso todavía albergaba esperanzas sobre nosotros.

—No necesitaría pasar ni un minuto a su lado para saberlo —respondí con escasa paciencia.

—Claro, porque te lo ha dicho tu madre, esa mujer que te golpea, te humilla y no demuestra ni una pizca de cariño por ti —comentó Giana con sarcasmo. Me irrité porque sus palabras tenían algo de verdad y, aunque no pretendiera hacerlo, me habían herido.

No debería ser así, sino todo lo contrario. Mi madre debía protegerme, cuidarme y velar por mí. No arrojarme a la boca de los leones.

Encogí los hombros, angustiada porque su desprecio todavía me afectaba, y Giana tomó mi mano entre las suyas.

—Perdona. Es solo que sufres tanto dentro de esta casa que, a veces, pienso que ese matrimonio quizá no sea tan terrible.

Yo también lo había pensado, aunque me parecía improbable. Sin embargo, cuando estaba junto a Matteo y sentía todo lo que su presencia provocaba en mí, la posibilidad de estar equivocada me confundía aún más.

—Va bene. No has dicho nada que no sea verdad. —Me encogí de hombros fingiendo indiferencia, aunque sus palabras seguían devorándome por dentro.

Pero lo que más me irritaba de aquella historia era todo lo que había sufrido por culpa de esa familia.

Desde que mi madre y Federico se unieron para vengarse de los Lucchese, mi vida se había convertido en un auténtico infierno.

Eso, sumado al hecho de que Matteo había matado a mi padre, la única persona que me había demostrado algo de amor, bastaba para que odiara a todos los que llevaban la misma sangre en las venas.

Guardé silencio porque no quería seguir defendiéndome. Era agotador y no podía revelarles la verdad, por mucho que confiara en ambas. Solo pondría sus vidas en peligro y jamás me perdonaría algo así.

Unos minutos después, Giana volvió a romper el pesado silencio que se había instalado entre nosotras a raíz del último tema.