22
Sebastian
EL CONSERJE ESTABA a punto de echar a este hombre por intruso y llamar a la policía.
Desde luego, no parecía uno de los residentes habituales del edificio.
Y desde luego no parecía alguien con quien yo pudiera tener trato.
Pero me conocía, y conocía a Harper; estaba aquí por ella.
¿Su exnovio? El tatuaje en el cuello, la chaqueta de cuero y el corte militar sugerían que no.
No me imaginaba a Harper saliendo con alguien así.
Quizás con un académico o algún tipo hipster aficionado a coleccionar vinilos de Pink Floyd.
Este no me parecía de los que coleccionan álbumes de música vintage.
Más bien de los que los destrozarían sin motivo alguno.
—¿Puedo ayudarle? —le dije, pero fue el conserje quien respondió.
—El señor Jay aquí presente dice que tiene una cita con usted. —Habló con profesionalidad, pero percibí duda en su voz.
—¿Jay? —Alcé las cejas.
El hombre dio un paso adelante y me tendió la mano.
—Marcus Jay.
Se la guardó en el bolsillo con una sonrisa de suficiencia al ver que no se la estrechaba.
—Estaba por el barrio. Se me ocurrió pasarme a saludar.
—Lo siento, señor Jay, no creo que nos conozcamos. —Me acordaría si así fuera—. ¿Me busca a mí o a otra persona? —No quería mencionar el nombre de Harper por si el conserje se lo había soltado por casualidad.
—Harper. Me han dicho que se aloja aquí. Que trabaja bajo usted. —Recalcó la palabra «bajo» con un doble sentido evidente—. Es mi novia, ¿sabe? Y quería verla.
Así que es su novio. Pero no dijo ex. Los celos me atenazaron el corazón.
Tras pasar un fin de semana con ella, empezaba a darme cuenta de que jamás la olvidaría.
Había planeado hacer oficial lo de la esposa falsa.
Por eso la escapada, por eso quería llevarla a un lugar donde estuviéramos realmente solos y el móvil no me interrumpiera.
Un amigo mío tenía una isla frente a la costa de Madagascar.
Haría sol en esta época del año y tendríamos todo el tiempo del mundo para nosotros.
La isla era famosa por su pésima cobertura.
Ahora todo eso podría irse al traste porque mi esposa tiene novio.
Le dijiste que podía salir con quien quisiera siempre que fuera discreta.
Solo que ella nunca dio señales de estar saliendo con nadie. Y mucho menos con un tipo así. Pero algo en él me resultaba familiar. El restaurante. El hombre que la inquietó.
—Harper no trabaja para mí. Es mi esposa. —Técnicamente era cierto, pero no hacía falta entrar en detalles. Marcus se quedó visiblemente desconcertado. Literalmente dio un paso atrás y arqueó las cejas.
—No jodas. —Silbó y paseó la mirada por el vestíbulo—. Vaya si le ha ido bien. La cazafortunas por fin encontró oro de verdad. ¿O debería decir un idiota crédulo que no sabe dónde se está metiendo?
—Marcus —dijo Harper a mi espalda—. ¿Qué haces aquí?
—No necesitaba verle la cara para percibir el miedo en su voz.
Y no era el miedo de «oh no, me han pillado».
No, esto era otra cosa. Marcus no le gustaba.
Eso me dio cierta esperanza y también ganas de protegerla.
Se acercó hasta quedar a mi lado. Le pasé el brazo por los hombros.
Su mirada iba y venía entre Marcus y yo, temblorosa y asustada. ¿Qué demonios está pasando?
Marcus esbozó una sonrisa lasciva.
—Hola, nena.
—¿Cómo me has encontrado? —dijo Harper. Estaba temblando. Lo notaba. Le froté el brazo para intentar tranquilizarla.
—Nunca has sido difícil de encontrar, ¿verdad? Por mucho que intentes huir.
Miré al conserje, que se esforzaba por aparentar que estaba a lo suyo, aunque era evidente que escuchaba la conversación.
—¿Podemos hablar allí? —Señalé la zona de asientos del amplio vestíbulo. No pensaba dejar entrar a este hombre en mi apartamento.
Harper me puso la mano en el pecho.
—¿Puedo hablar con él a solas?
—¿Estás segura? —le susurré al oído. Asintió.
Dejé que fuera a los sofás con él, pero no me moví del vestíbulo.
Me apoyé en el mostrador de recepción y los observé hablar.
Desde donde estaba era difícil distinguir lo que decían, pero se notaba que ella no estaba contenta.
Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, el cuerpo encogido como si tuviera frío, aunque el edificio estaba tan bien climatizado que no podía ser eso. Le tenía miedo.
Y él resultaba intimidante. Se metía en su espacio.
Ella retrocedía. La acorralaba gesticulando mucho, y ella se encogía.
No creo haber visto nunca a Harper encogerse así.
No era una persona conflictiva, pero no le faltaba carácter.
Si algo no le gustaba, lo decía. Era como si estuviera viendo a otra persona.
Tras unos minutos de tira y afloja, Marcus salió del edificio a grandes zancadas, no sin antes hacerme un saludo militar al abrir la puerta.
—La próxima vez que aparezca, llame a seguridad —le dije al conserje justo cuando Harper se acercaba.
—Perdona —dijo en cuanto se cerraron las puertas del ascensor.
—¿Por qué te disculpas?
—Debería haberte hablado de él antes. Quería hacerlo, pero nunca parecía el momento adecuado.
—Harper, no me importa que tengas un exnovio. O actual, según él. Se supone que no somos exclusivos, ¿recuerdas?
Mis palabras parecieron herirla.
—Por supuesto. Pero no es mi novio.
Casi salté de alegría. Bien. Se merecía a alguien mejor que él.
—Huí de él y me ha estado acosando desde entonces. —Exhaló un suspiro hondo y los hombros se le hundieron. Debía de llevarlo guardándose mucho tiempo. Bajó la mirada al suelo, como si le diera demasiada vergüenza mirarme.
—¿Cuánto tiempo?
—Salimos durante unos cuatro años.
—Me refiero al acoso.
La mirada cansada de Harper se cruzó con la mía antes de perderse en algún punto a mi espalda.
—No estoy segura, la verdad. Lo he ido viendo aquí y allá. En el restaurante, en el parque el otro día. Una vez que paseaba contigo hace unas semanas. Después de... ya sabes, después de Las Vegas.
Las puertas del ascensor se abrieron y la guié hasta la sala de estar. Nos sentamos en el sofá y la arropé con una manta que había quedado olvidada allí el otro día. Estaba temblando. Estaba en shock, y eso le daba frío. Le froté los brazos para calentarla.
—Lo siento. Siento mucho todo esto. Si ya no quieres que esté a tu lado, lo entiendo perfectamente.
—¿Por qué iba a hacer eso? Tu exnovio te ha estado acosando, ¿y quieres que te eche? ¿Estás loca?
—¿Y Chloe? He puesto a Chloe en peligro.
—No es culpa tuya que tu ex esté loco. Voy a prepararte un chocolate caliente, y tienes que contarme todo sobre Marcus.
No me levanté hasta que asintió. Fui a la cocina. Nunca la había visto tan asustada. Tan alterada. Preparé el mejor cacao que pude y volví a la sala con dos tazas. Dejé la mía en la mesa de centro y le di la suya. Dio un sorbo y se calentó las manos con la taza.
—Conocí a Marcus hace tiempo, cuando trabajaba en un bar para pagarme los estudios. Él era camarero allí. Al principio era agradable. Solo cuando empezamos a salir en serio comenzó a mostrar su verdadera cara.
Dio un largo trago a la bebida, como buscando valor en el chocolate.
—No noté las señales. No al principio. Pensé que su posesividad era romántica.
Me dedicó una sonrisa vacilante.
—Pero enseguida se volvió asfixiante. Cada vez que me veía con otro hombre, no quería que le hablara. Teníamos discusiones que duraban horas solo por ser amable con un cliente. Era ridículo. Y luego se volvió peligroso, cuando me pegó por primera vez.
—Harper.
Solo pensar que alguien le hubiera puesto las manos encima, que la hubiera lastimado, me hacía hervir la sangre.
—Pensé que yo tenía la culpa. O sea, sabía que no le gustaba que hablara con otros hombres, y había pasado todo el día hablando con un antiguo compañero de clase.
Pero una vez que descubrió lo que era pegarme, no paró.
Podía cometer el error más pequeño, y aun así encontraba la manera de convertirlo en algo más grande de lo que era.
Y luego volvían los golpes. Intenté defenderme, pero él lo usaba en mi contra, diciéndoles a todos nuestros amigos que yo era la maltratadora.
Al final, dejé de resistirme. Tuvo una infancia difícil, y sus padres no estaban allí para...
—No le busques excusas a ese imbécil.
Las palabras me salieron más duras de lo que pretendía, pero era lo que sentía. Debería haberle dado más fuerte a ese pedazo de mierda. Debería haber dejado que el conserje llamara a la policía.
—Solía hacerlo. Pero ahora me doy cuenta de lo tóxico que era. Por eso huí de Miami y vine aquí.
Hizo una pausa, girando la taza lentamente entre las manos.
—Una noche, cerca del final, un vecino oyó el ruido y llamó a la policía. Marcus tenía el labio partido porque me había defendido. Les dijo que yo era la agresora, y a quien arrestaron fue a mí.
Soltó un suspiro breve y amargo.
—El cargo fue agresión. Lo retiraron cuando el caso no llegó a ninguna parte, pero solo porque me negué a testificar. No quería enfrentarme a él en un juzgado. Solo quería escapar de todo aquello.
Con cautela, alargué la mano y la puse sobre la suya.
—Ahora estás a salvo conmigo. Me aseguraré de que no pueda volver a entrar en este edificio. Y voy a conseguir protección para todos nosotros.
—Sebastian.
—No quiero volver a verte tan alterada. No puedo creer que te hiciera eso. Mereces mucho más. Mereces el mundo. Iba a protegerla a partir de ahora. Había estado sufriendo sola y en silencio durante demasiado tiempo. —¿Por qué no me lo contaste?
Suspiró.
—Debería haberlo hecho. Había tantas cosas que quería contarte, pero las palabras no me salían.
Debió de ser muy difícil para ella. Yo sabía lo que era vivir con una persona maltratadora.
Mi padre no era fácil de aguantar, especialmente con mi madre y Levi.
Vi de primera mano cómo trataba a mis hermanos mayores.
Y aunque a mí nunca me puso la mano encima, su maltrato me afectó de otras maneras.
Nunca pude hacer nada por lo que les hizo.
O era demasiado joven y pequeño para enfrentarme a él, o para cuando tuve edad suficiente, ya era un anciano frágil, y hacerle algo habría sido ensañarme con alguien indefenso.
Harper y yo bebimos nuestro cacao en silencio, dejando que el silencio hablara por nosotros. Parecía haberse calmado después de contar su historia. Quería que fuera ella quien hablara primero. Que controlara la situación. Cuando terminó su bebida, dijo:
—Gracias.
—Lo sé. Hago un chocolate buenísimo.
Se rio.
—Me refería a escucharme. Y a no echarme de tu casa después de enterarte del peligro en el que te he puesto.
—Jamás haría eso, Harper. Ahora significas más para mí de lo que significabas cuando nos conocimos. De lo que significabas hace unos días. He aprendido a valorarte. Te quiero en mi vida, y si eso significa enfrentarme a un ex acosador, lo haré.