Never Leaves Me - Primer capítulo #3
Mmm. Ya veré cómo va. No me acuerdo de cuándo fue la última vez que Robin vino a casa de mis padres.
Da igual el fin de semana, tengo que ocuparme de hoy. Tengo que levantarme, vestirme y dejar a Robin en el colegio de camino al trabajo.
♦ ♦ ♦
La cara es mía. La cara es mía. Con razón lleva mi abrigo. Ella soy yo. Yo soy ella.
Soy el cuerpo junto al coche en llamas.
Está ahí tumbada. Yo estoy ahí tumbada. Tengo los ojos cerrados. Parece que estoy bien. Sin sangre. Sin extremidades horriblemente retorcidas.
Esto es una pesadilla.
Suena la alarma. Tengo que levantarme. Robin está en la ducha. Debería levantarme, hacer la cama, dejar la ropa preparada, antes de que vuelva. Se enfada si me quedo en la cama. Juliette la perezosa.
Tengo que levantarme para quitarme de la cabeza ese sueño horroroso. Voy a deshacerme de ese abrigo negro, seguro. De todos modos ya no me queda bien. Me aprieta demasiado. Los botones son demasiado grandes. Es viejo y pasado de moda. ¿De verdad puede haber sido el sueño por culpa de ese abrigo?
No seas estúpida.
Beberé mucha agua para quitarme la resaca. Me lavaré el pelo; ¿tendré tiempo de secarlo? ¿Qué hora es? Todavía está oscuro; no sé por qué nos levantamos tan temprano.
Veré qué hacen mis padres este fin de semana.
Quedar con Mads para ponernos al día. Quizás podríamos ir de compras, Mads y yo, comprar algo de ropa.
A ella le gustaría. A mí me gustaría. Sería un cambio.
Robin siempre viene de compras conmigo, elige lo que me sienta bien.
Tiene buen ojo. Bromea con que él ha creado mi estilo.
Yo me río y frunzo el ceño, pero creo que probablemente tiene razón.
Tiene muy buen gusto para la ropa; siempre lo ha tenido.
Esa primera noche, cuando mi padre lo trajo a casa, llevaba un abrigo oscuro sobre unos vaqueros desgastados.
Llevaba botas Timberland. Con su pelo oscuro a la moda, su figura alta y delgada, esos pómulos y esas pestañas, no parecía un profesor, parecía un modelo.
Y mi padre lo trajo a casa para que fuera mi tutor de Matemáticas. Me tendió la mano cuando papá me presentó. Su mano era cálida y grande. La mía, pequeña y sudorosa. Me había mordido el esmalte de uñas turquesa que llevaba, pero no del todo. Me sentí como una mierda. Él parecía un dios.
—Hola, Juliette.
Eso fue todo lo que dijo y sentí que el corazón me daba un vuelco, un escalofrío en la espalda, el vello de la nuca erizándose. Si el amor a primera vista existe, eso fue. Ni siquiera pude responder, solo una sonrisa estúpida.
Más tarde, mucho más tarde, cuando todo se puso un poco feo, mamá dijo que era solo un estúpido enamoramiento de colegiala. Dijo que lo superaría. No lo superé.
No tuve que hacerlo, ¿verdad?
Míranos ahora.
♦ ♦ ♦
Vaya. Aquí está Robin.
Ha dejado la ducha abierta. Eso no es buena señal.
Y ni siquiera he conseguido salir de la cama, a pesar de mis buenas intenciones.
Significa que no tengo tiempo de darme un baño, tengo que ducharme rápido; él sabe que será rápido porque odio su ducha a presión.
Tampoco tengo tiempo de lavarme el pelo.
Espero que nos dé tiempo a desayunar. Me muero de hambre.
Y de sed. Tengo que tomarme un café antes de irnos.
Espero estar bien para conducir. Seguro que no bebí tanto, ¿no? Ojalá pudiera recordar.
Intento moverme. De verdad que sí. Pero la resaca es demasiado fuerte. Me tiene paralizada.
—Despierta, Juliette.
Robin hace su truco con el edredón; lo levanta y lo sacude.
Lo deja caer de nuevo sobre mí, lo cual es mejor de lo normal; normalmente me lo arranca de un tirón.
Menos da una piedra. Cuando el edredón cae sobre mí se posa primero sobre mis pies y, aunque todavía los siento fríos, me quema al rozar las puntas de los dedos. Los pies se me encogen y flexionan.
Vaya resaca.
—Despierta, Juliette.
Lo estoy intentando. De verdad que sí. Intento hablar pero la boca no me responde. Intento abrir los ojos de par en par, pero no obedecen. Solo veo oscuridad.
—Juliette. Tienes que intentarlo. Vamos.
Robin me frota el brazo, ojalá no lo hiciera. El olor a alcohol es fuerte ahora, debe de ser su aliento también. ¿Estuvo bebiendo? Seguro que no.
—Vamos. Despierta.
Ahora me está presionando y no me gusta. ¿Cree que estoy fingiendo? ¿No sabe que yo no haría eso?
¿Sigo soñando? ¿Es eso lo que pasa? ¿Todo forma parte del mismo horrible sueño del accidente de coche, que se repite una y otra vez?
Gimo. Y entonces la alarma de Robin vuelve a sonar. ¿Qué demonios? La ducha sigue abierta y la alarma está sonando y me empeora el dolor de cabeza y estoy muy confundida.
Un pinchazo agudo en el brazo y todo se detiene. Silencio. Estoy tranquila.
Una mano me acaricia la frente. No es la mano de Robin. Demasiado pequeña.
Duermo.
♦ ♦ ♦
Jadeo.
Despierto.
—Tienes que despertar, Juliette. Estás en el hospital.
¿Estoy en el hospital?