Matar a una amiga 36 . El abogado Jang
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36 . El abogado Jang

De entre todos tenía que ser precisamente ese sueño.

El abogado Jang llevaba muchos días sin dormir decentemente con los preparativos del juicio.

Sólo había echado una breve cabezada sobre su escritorio y había tenido una pesadilla.

A medida que se acercaba el día las pesadillas que lo atormentaban se volvían más vívidas.

Hasta ese día Jang no había logrado comprender por qué le habían ocurrido cosas tan horribles.

¿Había sido sólo porque era bajo, raro e introvertido?

No, no había nada que pudiera justificar el tormento que había soportado.

Simplemente fue señalado como un juguete para aliviar el aburrimiento de aquellos acosadores monstruosos.

Esos cabrones le pedían que les trajera dinero.

Un día también le pidieron que hiciera sus deberes por ellos.

Otro, que les subiera de nivel en un videojuego.

Otro día le abofetearon hasta partirle el labio diciendo que había tenido mala suerte.

En otra ocasión le golpearon con un bate de béisbol sin motivo dejándole el trasero dolorido y magullado.

Jang iba muriendo poco a poco mientras ellos se reían de él como si nada les divirtiera más en el mundo.

Si hubiera sido el abogado Jang de ahora habría hecho todo lo necesario para protegerse.

Habría presentado una demanda por daños y exigido responsabilidades.

Habría hecho que pagasen por los crímenes cometidos.

Sin embargo, en esa época era joven y le daba miedo todo.

Ese miedo todavía no había desaparecido y en ocasiones convertía al abogado Jang en ese chico incapaz de hacer nada.

Mientras se desprendía de esa pesadilla agotadora miró el reloj y se apresuró. Era el último día que vería a Juyeon antes del juicio.

—¿Quién eres?

Había una mujer extraña enfrente de su despacho. La mujer con el pelo corto sin brillo y una expresión de cansancio dudó cuando vio que se acercaba a ella.

—Soy la madre de Seoeun.

Al principio, no lo entendió. Entonces, el nombre de la víctima le cruzó la mente en un instante.

—Sólo quiero hablar un momento.

La madre de Seoeun parecía demacrada como si no estuviera comiendo bien. Tenía los labios secos y agrietados. Cada vez que una palabra salía de ellos era como si se le escapara el alma. Parecía al borde del colapso. Sólo con mirarla el abogado Jang se sentía como si estuviera cometiendo un pecado.

Jang no sabía qué decir mientras regresaban al despacho y sacaba el té. ¿Qué quería contarle la madre de Seoeun?, ¿había ido a pedirle que no defendiera a la asesina de su hija?, ¿qué le diría si era el caso? Su mente trabajaba a toda velocidad.

—Ésta es la ropa que llevaba Seoeun. Realmente no merezco ser madre. Sé que ella debía querer ropa bonita y buena como sus compañeras, pero yo siempre le hacía llevar ésta.

El abogado Jang sólo pudo corresponder con una sonrisa débil después de que la madre de Seoeun rompiera su largo silencio con aquello.

La chamarra negra de Seoeun se veía desgastada y desteñida como una vieja fotografía.

—Seoeun no tenía nada bueno a excepción de los regalos que le hacía Juyeon.

La madre de Seoeun exhaló con dificultad como si alguien la estuviera estrangulando.

—¿Podrías decirle a Juyeon… que se lo agradezco?

—¿Eh?

Sus palabras fueron tan inesperadas que Jang se preguntó si había escuchado bien. La madre de Seoeun se mordió los labios secos con fuerza como si estuviera pasándolo mal.

—Dile que se lo agradezco… Le agradezco que hiciera por Seoeun lo que yo no pude hacer. Si no fuese por Juyeon mi pobre hija… nunca habría tenido algo bonito que ponerse ni un par de zapatos decente… hasta el día en que nos dejó.

El abogado Jang cerró los ojos con fuerza después de oír eso.

—¿Pero qué error tan grave cometió?, ¿era porque no pudo hacer tanto por ella a cambio?

Entonces debió decírmelo. Si me lo hubiera dicho…

habría podido hacer algo para ayudar. Lo siento.

Es porque no fui capaz de actuar mejor, sabía que Seoeun sólo recibía cosas de ella, pero no pude hacer nada.

Todo ha sido mi culpa… pero ¿por qué le hizo eso?

Le da tanto miedo estar sola… y aun así la abandonó cuando cerró los ojos en sus últimos momentos. ¿Por qué lo hizo?, ¿por qué?...

Había comenzado a hablar con serenidad, pero sus palabras se habían tornado en sollozos llenos de resentimiento. La madre de Seoeun lloró y se golpeó el pecho. Cuando preguntó por qué había tenido que perder a su hija, el abogado Jang no supo qué contestar.

Una vez se marchó, Jang era incapaz de ir a ver a Juyeon. No podía discernir si lo que estaba haciendo era lo correcto ni si realmente podía creer en su inocencia.

¿Eran Seoeun y Juyeon amigas o había sido una relación injusta en la que sólo fingían serlo?

¿Era Juyeon perversa como decía la gente?

¿Cabía la posibilidad de que hubiera sido engañado por sus mentiras?

No lo sabía. Por más que las palabras de Juyeon fuesen ciertas, ¿cómo podía ser que no lo recordara?

, ¿por qué era incapaz de recordar el momento en que murió Seoeun?

Cuantas más preguntas se hacía más perdía la confianza en sí mismo.