33 . El abogado Jang
Ya habían pasado veinte minutos sin que ninguno de los dos dijera nada. Sin embargo, la mirada de Jang mientras observaba a Juyeon era diferente de antes. Después de visitar la escena del crimen y hablar con el conserje, había empezado a inclinarse hacia la posibilidad de que quizás fuese inocente.
—Cuéntamelo. Dime cuál es la verdad.
—…
—Sí, reconozco que tienes razón. Nunca tuve ninguna intención de creerte desde el principio. Pensé que habías obrado mal y que tenías que ser castigada.
—…
—Pero ahora creo que me equivoqué. Cuéntamelo todo. Necesito saber la verdad.
A Juyeon le temblaban los hombros. El abogado la miró y dijo:
—Yo te creo.
Fue sólo un momento. Los hombros de Juyeon temblaban y las lágrimas brotaron de su rostro contraído.
Su nariz se puso roja mientras lloraba como una niña que ha perdido a su madre.
Todo había sido por esas simples palabras «yo te creo».
Juyeon sollozó sin control durante un buen rato mientras el abogado la observaba sin decir nada.
El profundo silencio sólo era roto por su llanto desgarrador.
¿Cuánto tiempo habría pasado? Juyeon se mordió el labio y comenzó a hablar:
—No sé… qué debería decir.
—Simplemente cuéntame lo que ocurrió exactamente aquel día.
—Es que… no lo recuerdo bien.
—Podrías contarme sólo lo que recuerdes.
—Aquel día… de verdad sentí tanto odio que quise matar a Seoeun.
—¿Por qué?
—Pensaba que ella… iba a dejarme.
Juyeon bajó la cabeza mientras jugueteaba con sus dedos.
—Seoeun se echó un novio y a partir de ahí me puse celosa. Yo no tenía a nadie más que a ella, pero para Seoeun era diferente.
—Entones ¿querías matar a su novio?
Juyeon asintió en lugar de responder.
—Estaba furiosa. Creía que me iba a volver loca. En ese momento vi el ladrillo.
—¿Y qué pasó?
—Lo agarré furiosa, pero Seoeun no desvió la mirada. Tampoco se disculpó ni me pidió que parase. Solamente se quedó mirándome de esta forma.
Juyeon lo miró y el abogado Jang sintió como si esos ojos negros estuvieran perforando sus propias pupilas.
—Seoeun me dijo algo y me asusté mucho.
—¿Estabas asustada?
—Sí. Fue la primera vez que tuve miedo de ella.
—¿Qué te dijo?
—No lo recuerdo bien… Me dijo que lo sentía. Que la perdonase.
Antes de que Juyeon terminarse de hablar el abogado frunció el ceño. ¿Le dio miedo que le pidiera perdón? No era fácil de entender. ¿Le pedía perdón a su amiga que la amenazaba con un ladrillo y ella se asustaba por esas palabras? No tenía ningún sentido.
—¿Y qué más?
—Eso fue todo. No se parecía en nada a la Seoeun que yo conocía… Me fui corriendo. No recuerdo cómo llegué a casa ni con quién me encontré, pero… si hubiese matado a Seoeun sería imposible que no me acordase.
—Entonces ¿lo que estás diciendo es que agarraste ese ladrillo pero no la golpeaste?
No había ni rastro de mentira en el rostro de Juyeon mientras asentía. Si se había separado de Seoeun tal como afirmaba, ¿quién demonios habría podido matarla? Resultaba extraño. Era algo muy difícil de creer para cualquiera, pero el abogado Jang quería creer a Juyeon.