Matar a una amiga 29 . El abogado Jang
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29 . El abogado Jang

—¿Es que no piensas decir nada? —preguntó el abogado Jang como si no pudiera aguantar más mientras echaba un vistazo a los documentos del caso—. No decir nada no te ayudará en absoluto. No soy policía. Tienes que darme algo para que pueda pensar cómo defenderte.

Durante su última visita Juyeon había confesado que quiso matar a Seoeun y después de eso no había vuelto a abrir la boca. Ahora se había quedado en silencio justo como la vez anterior, al contrario de lo esperado por Jang, que creía que esa vez le contaría algo.

—¿Sabes cuánta gente hay sufriendo por tu culpa? La madre de Seoeun ni siquiera puede comer y lo único que hace es visitar el instituto cada día. ¿Y la policía? No malgastemos energías, reconozcamos lo que hay que reconocer y terminemos con esto lo antes posible.

—¿Qué va a ocurrir?

Por supuesto. El abogado Jang se sintió abatido.

No había esperado remordimientos, pero como mínimo tenía la esperanza de que hubiera cierto reconocimiento por su parte de qué había obrado mal, de la magnitud de sus acciones o de que había cometido un acto al que ningún ser humano debería llegar jamás.

Sin embargo, a Juyeon sólo le preocupaba su propio futuro, al igual que ocurre con la mayoría de los criminales.

—Eso depende de ti. Depende de cuánto reflexiones…

—No hablaba de mí. Me refería a la madre de Seoeun.

—¿Qué?

—Me pregunto qué pasará con ella… Debe estar atravesando un momento muy difícil…

Los labios de Juyeon temblaron.

El abogado Jang se sintió incómodo al oírla mencionar a la madre de la víctima.

¿Se preguntaba qué iba a pasar con ella?

Los padres que pierden a sus hijos deben sentirse como si el cielo les cayera encima y todo el cuerpo se les desgarrase.

Debe ser como vivir dentro de una horrible pesadilla día tras día.

—Si dijera que fui yo podría dejar de ir al instituto, ¿no? Si dijera que fui yo…

La voz de Juyeon se fue volviendo más y más baja.

—Todos dicen que la maté.

Jang frunció el ceño. Durante su labor como abogado había visto infinitos casos como ése.

Era común que los clientes negasen el crimen un día y admitieran su culpa al siguiente.

Cuando cambiaban su versión todo el tiempo de esa manera no importaba cuánto intentaran defenderse porque siempre terminaban cayendo en contradicciones.

—Déjate de ambigüedades y habla claro, ¿estás reconociendo tu culpabilidad?

—La gente tiene razón.

—¿Qué quieres decir?

—Yo acosaba a Seoeun. No lo hacía a propósito, pero… supongo que ella debió pasarlo mal.

Aquello era inesperado. Juyeon había estado negándolo todo y ahora le hablaba como si reconociera sus errores.

—Entonces, ¿estás admitiendo que eres culpable?

Ante sus insistentes preguntas Juyeon bajó la cabeza y se encogió de hombros como suelen hacer la mayoría de los criminales. Y entonces, en un hilo de voz que parecía estar intentando reprimir algo dijo:

—El resto de la gente… todos… dicen que fui yo.

—…

El abogado Jang se fijó en sus manos. Las tenía aferradas al dobladillo de su ropa y le temblaban violentamente. Al verlas tuvo que superar una extraña sensación. Fue como una voz que venía de lo más profundo de su interior y que sintió como un terremoto, un tifón o un rayo.

—Te acabo de preguntar. ¿Estás diciendo que lo hiciste tú o no?

—De todas formas…

—¿Qué?

—De todas formas no me creerías… —murmuró Juyeon.

Sus hombros seguían encogidos y su voz sonaba débil.

Su par de ojos parpadeaban rápido y vagaban sin rumbo hasta que se concentraron en los del abogado Jang durante un momento fugaz.

Eran ojos llenos de resentimiento y ansiedad como si ya supieran que nadie iba a creerles, pero no eran como los de los acosadores perversos que lo habían atormentado durante su etapa escolar.

Sólo eran los ojos aterrados de una joven.