Capítulo 22
Encuentran a Tenia medio desnudo y delirando en una acera de París donde Berù lo soltó tras haberle hecho tragar a la fuerza alcohol y LSD, lo trasladan al hospital, donde lo identifican y queda arrestado.
Aunque explica confusamente que lo han secuestrado, el fiscal francés lo detiene, acusado de asesinato.
En los días pasados tras la explosión, la nueva autopsia del cuerpo de Annabelle, que reveló que fue asesinada con una falsa sobredosis, ha llegado hasta la mesa de un juez muy atento a determinadas cuestiones y muy amigo de la familia Martínez.
Si bien es cierto que los Martínez no pintan gran cosa en Italia, en Francia la situación ha dado un vuelco.
La autopsia revela el asesinato, el ADN del feto revela que Tenia es su padre y que vivía con una falsa identidad en Francia.
Y mientras sus abogados luchan por conseguirle la libertad provisional, llega de Portugal una petición de detención por el atentado de la Vault, dado que se encuentran trazas de explosivo precisamente en un fragmento del ataúd que contenía los restos de su hijo.
Si este fragmento existe de verdad o ha sido colocado allí hábilmente por algún compañero externo de Sermonti es algo que Dante y Colomba no son capaces de saber, pero es lo necesario para cerrar el caso.
Porque se registran las posesiones de Tenia en Italia y se descubre todo lo demás.
Localizan su taller en una fábrica abandonada que aún es de su propiedad y de la que solo él tenía las llaves.
Allí y en la cripta familiar encuentran restos de explosivos e incluso una criosauna Opále desmontada y montada de nuevo solo en parte.
Y diez Not-A-Flamethrower modificados de diversas maneras.
Las acusaciones contra Tenia se acumulan, hay peticiones de extradición en medio mundo, su identidad queda definitivamente establecida: adiós a Tancredi, bienvenido de nuevo Manuele Rossetti.
Ottavia es ingresada en una clínica para desintoxicarse de años de psicofármacos ingeridos con la comida, y parece que está empezando a comprender quién era realmente su marido y quiere colaborar con los investigadores.
Mientras tanto, no obstante, su hermana, que siempre había despreciado y desconfiado de Tancredi, y había sido marginada por ello, se hace con la dirección de las empresas Ponti-Orsini, cortando de inmediato el acceso de Tenia a todos los bienes.
Sermonti también ha dado señales de vida, y ha invitado a Colomba a un café en el sitio de costumbre.
—Usted y yo hemos dejado una conversación a medias —dice al final, tras felicitarla por su trabajo.
—Ahora no —dice Colomba—. Tengo otra que he de cerrar antes.
Glenn ha estado muy atareado con el desastre de Portugal, pero una semana después de la explosión por fin regresa a Italia y Colomba se reúne con él en su hotel con vistas a Trinità dei Monti. Está cansado y tenso, Colomba esboza una sonrisa triste.
—Hay muchas cosas que he de explicarte, Glenn —le dice, separándose de él tras el primer beso. Y esta vez lo hace sin reticencias.
Él la escucha hasta que se encuentran en silencio, con los pies en remojo en la piscina, y cuando Colomba termina, permanecen aún un rato más en silencio, sin moverse y contemplando la puesta de sol.
Glenn se ha quedado aturdido.
—Mi hermano sabía lo de Tenia y me mintió sobre la Aeon. Y tú lo sabías todo y no me dijiste nada. Y eres una espía.
—No, no soy exactamente una espía. Y no ahora. Esa parte de mi vida creo que ha terminado.
—Tu amigo dejó que el cadáver de mi hermano se desintegrara en la explosión y ahora tú destruyes su memoria.
—Lo siento.
—¿Por qué no me dijiste la verdad?
Colomba mueve los pies, haciendo que el agua corra entre los dedos.
—Me gustaría decirte que no podía hacer otra cosa, pero sí habría podido. No quise arriesgarme.
—¿Pensabas que yo también estaba involucrado? —le dice él, mirando sus pies moviéndose en la piscina y pensando en lo hermosos que son. No hay ni una pizca de Colomba que no le guste. Ni una molécula.
—No. Nunca lo pensé. Pero no supone ninguna diferencia, ¿verdad?
—No mucha...
—¿Y ahora qué hacemos?
—No lo sé. —Colomba lo mira—. Te quiero, Glenn.
Él no dice nada y sigue mirando el agua.
Luego le coge la mano.