Más que una noche con el jefe (Mucho más que jefes 1) Extra
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Mila

Un año.

Ha pasado un año desde que decidí quedarme en California y, a veces, todavía me parece un sueño.

Es el comienzo de un nuevo verano y el Golden Dolphin está más vivo que nunca. Nash y yo celebramos nuestro compromiso en la casa de Kai, con una cena íntima pero llena de risas.

Estoy sentada en el sofá del salón, con la mano izquierda apoyada en el pecho de Nash. El anillo de compromiso brilla en mi dedo: una preciosa banda de oro blanco con un diamante que Nash eligió él mismo. Todavía me cuesta creer que sea real.

Kai levanta su copa hacia nosotros, sonriendo.

—Brindo por vosotros dos. Por haber tenido el valor de apostar el uno por el otro.

Imogen, ya con ocho años, corre hacia mí y me enseña el dibujo que ha hecho: Nash y yo besándonos bajo un arco de flores.

Lo cojo con una sonrisa enorme y la abrazo.

—Gracias, princesa. Es precioso.

Imogen se va corriendo a jugar y Kai se recuesta en su sillón, mirándonos con expresión más seria.

—Cambiando de tema… María me ha pedido pasar todo el verano en El Salvador con su familia. Lo entiendo, pero eso significa que tengo que empezar a buscar niñera para Imogen. No quiero dejarla con cualquiera.

Nash asiente.

—Podemos pedir a Recursos Humanos que se encargue de la selección.

En ese momento mi teléfono vibra sobre la mesa. Es Wendy. Frunzo el ceño. No esperaba su llamada.

—Un segundo —digo, levantándome.

Salgo a la terraza y contesto.

—¿Wendy?

Al otro lado solo se oye un sollozo.

—Mila… —Su voz se rompe—. Ray acaba de pedirme tiempo.

Dice que necesita pensar, que últimamente ya no sabe qué quiere.

Ha recogido unas cuantas cosas y se ha marchado de casa.

Y, por si fuera poco, hoy el dueño del restaurante nos ha reunido a todos para decirnos que cierra a final de mes. Me voy a quedar sin trabajo.

Durante unos segundos no sé qué decir.

—Estoy en shock, Mila. —Su respiración se entrecorta—. ¿Cómo puede irse todo a la mierda en un solo día? Esta mañana tenía novio, trabajo y una vida completamente normal... y ahora siento que no me queda nada.

Aprieto el móvil con fuerza.

—Eh... escúchame.

—No sé qué voy a hacer.

—Lo primero, respirar. Lo segundo, dejar de pensar que tu vida se ha acabado porque te prometo que no es así.

Al otro lado solo escucho su respiración entrecortada.

Entonces una idea cruza mi cabeza.

Miro a través del ventanal, donde Kai y Nash hablan de la niñera para Imogen.

Y, de repente, todo encaja.

—Wendy… ¿Qué te parecería venirte a California este verano? Acabo de darme cuenta de que aquí hay un trabajo perfecto para ti. Tendrías alojamiento, estarías cerca de mí y podrías empezar de cero mientras decides qué hacer con tu vida.

Miro otra vez hacia el salón. Kai sigue explicándole a Nash que encontrar una buena niñera de confianza en tan poco tiempo va a ser casi imposible.

Yo solo sonrío.

Porque tengo la extraña sensación de que este verano en el Golden Dolphin será tan imprevisible como el anterior.

Y, por algún motivo, estoy convencida de que Kai y Wendy van a entenderse mucho mejor de lo que cualquiera de los dos imagina.