24. Oakley
OAKLEY
En casa, los chicos se han dado cuenta.
Gracias a Dios, no de lo que tengo con Quinton.
Más bien de que últimamente he estado distraído.
Si es que estoy en casa, cosa que tampoco ocurre muy a menudo últimamente.
Y, aunque quizá no sepan por qué, parece que lo han notado, algo que queda claro en cuanto abro la puerta después del partido contra Wynnfield y me encuentro con cuatro pares de ojos clavados en mí desde el salón.
Y ahí están, esperándome, como si aquello fuera una intervención o algo así.
Poco a poco, dejo que la bolsa resbale por mi hombro bueno mientras desplazo la mirada de una cara a otra, intentando entender qué coño pasa.
—¿Ha muerto alguien?
—Sí —responde Holden, cruzándose de brazos y recostándose contra los cojines.
La seriedad de su expresión, junto con la tensa quietud que se respira en el ambiente, como si fuera una nube de tormenta, me revuelve el estómago de miedo.
—¿Quién?
Suspira hondo.
—Nuestra amistad —responde.
El resto de los chicos se echan a reír y a mí me invade una oleada de alivio. Entorno los ojos al mirar a mi mejor amigo y luego al resto.
—Eso no tiene ninguna gracia.
—Ya, bueno, tampoco la tiene que hayas desaparecido desde que empezaron las clases. —La preocupación se refleja en su cara y niega con la cabeza—. ¿Dónde cojones te metes, tío?
Frunzo el ceño e intento hacerme el loco. Me hago el tonto como si me fuera la vida en ello, porque podría irme si estos tipos descubren lo que he estado haciendo últimamente. O con quién.
—En clase o en los entrenamientos casi todo el tiempo. A veces, en el gimnasio. Y, cuando no estoy en ninguno de esos sitios, suelo estar en la biblioteca. Ya sabes, estudiando. Porque estamos en la universidad y, en teoría, hemos venido a aprender algo.
Aunque hago todo lo posible por no ponerme a la defensiva, no estoy seguro de conseguirlo, porque Holden me mira con dureza y noto que está a punto de calarme.
—Vale, entonces, ¿dónde cojones duermes? Porque está claro que aquí no.
«¿Qué coño?».
—Esta semana he estado aquí casi todas las noches —digo, aunque me sale más como una pregunta porque no sé de dónde se ha sacado eso. La única noche que no estuve aquí fue a principios de semana, cuando me quedé con Quinn en casa de sus padres, y no pensé que nadie se diera cuenta.
—¿Casi todas?
Lo miro boquiabierto, intentando encontrar las palabras.
—¿De verdad vas a sentarte ahí y tratarme como si fuera un adolescente al que le preguntan dónde ha estado después del toque de queda? —Se me escapa una risa seca y niego con la cabeza—. ¿Te has intercambiado con mis padres o qué?
—¿Quieres hablar de cambios? —replica, arqueando las cejas—. Porque meterse en una pelea en el hielo suena muchísimo a algo que haría De Haas, Oakley. No tú.
—Las noticias vuelan, por lo que veo. —Miro a Camden y a Braxton, preguntándome cuál de los dos ha abierto la boca primero sobre lo que ha pasado esta noche—. Pero supongo que no te ha llegado la parte en la que intenté pararla.
—Sin embargo, el corte que tienes debajo del ojo cuenta una historia distinta.
«Me están juzgando».
—Déjalo ya, Hold —interviene Cam—. Tiene razón. Estaba intentando detenerla cuando lo tiraron al suelo. No se le puede culpar por eso.
—Solo estoy preocupado por mi mejor amigo. —Señala a los otros chicos en el sofá, sin dejar de mirarme—. Todos lo estamos. Solo que yo soy el único dispuesto a decir algo, joder.
Una punzada de culpa me golpea en el pecho, por muy injustificada que esté. Y es en ese momento cuando casi se lo cuento. Casi rompo la última regla que Quinn y yo establecimos.
Pero no puedo.
Aunque quisiera, aunque Quinn y yo decidiéramos eliminarla por completo, seguiría sin poder hacerlo.
No con la forma en que Holden ha soltado su nombre hace un momento, casi gruñéndolo.
Ninguno de estos chicos le tiene precisamente cariño a Quinton, sobre todo por cómo nos hemos tratado el uno al otro durante los últimos años. Todos lo han visto.
No hay manera de que puedan entender lo que está pasando entre nosotros.
—¿Tierra llamando a Oakley? —La voz de Holden me saca de mis pensamientos.
Me doy cuenta de que debe de haber dicho algo que no he oído mientras estaba distraído, y salgo de mi ensimismamiento.
—Lo siento, ¿qué?
Hay veneno en su risa.
—¿Ves? De esto estoy hablando exactamente. Incluso cuando estás aquí, es como si no estuvieras. ¿Dónde coño estás, tío?
Su tono me pone aún más nervioso que encontrarme a los cuatro sentados aquí esperándome como si esto fuera una puñetera intervención.
Dejo caer la bolsa al suelo y extiendo los brazos a los lados, haciendo todo lo posible por ignorar el dolor que me atraviesa el hombro. Tengo que ponerme hielo. Pero, si Holden quiere bronca, pues vale.
Como él mismo ha señalado, esta no es la primera pelea en la que me meto esta noche.
—Estoy ocupado, Hold. Tengo una vida fuera de esta casa. Una que incluye la universidad, los entrenamientos, los estudios y otros amigos además de ti.
Braxton suelta un silbido.
—Mamá y papá están discutiendo.
—Oh, que te den por culo, Braxton —suelta Holden. Pero, cuando sus ojos se clavan en mí, veo el dolor que arrastra. Joder, casi puedo sentirlo irradiando en oleadas.
Sé que lo que he dicho ha sido duro, pero joder. Tenía que decirlo.
Que todos en esta casa seamos buenos amigos no significa que tengamos que saber dónde está cada uno en todo momento y, lo que es más importante, con quién. Eso es una locura. Holden aprieta los labios.
—No hace falta que seas tan capullo.
Oh, pero creo que sí hace falta. Porque soy un adulto y no hay ni una sola razón por la que tenga que dar explicaciones, y mucho menos ir informando de dónde estoy, como si fueran mis putas niñeras o algo.
—Pues vale —suelto, dejándome caer en uno de los asientos vacíos del sofá modular—.
¿Queréis que hagamos una pequeña reunión de piso para decidir cuándo se nos permite salir y cuándo no?
Quizá deberíamos poner nuestros horarios en la nevera.
Así sabríamos cuándo sale y cuándo vuelve cada uno. ¿Os parece bien?
Los cuatro se quedan en silencio ante mis sugerencias absurdas. Y sí, son absurdas, igual que lo ha sido toda esta conversación desde el principio. Pero ya estoy lanzado y sigo.
—O mejor aún, ¿qué tal si nos sentamos y nos trenzamos el pelo unos a otros mientras hablamos de con quién nos acostamos? —No espero respuesta y hago un gesto con la cabeza hacia Braxton—. Empecemos por ti. ¿Con qué chavalita de vete a saber qué sororidad te estás acostando últimamente?
Braxton no parece inmutarse lo más mínimo por haber quedado expuesto.
—Con Kinsley —murmura con una expresión de aburrimiento pintada en la cara.
—Menudo giro de los acontecimientos más impresionante —reflexiono con la voz cargada de sarcasmo mientras vuelvo la atención hacia Theo—. ¿Y tú qué? ¿Hay alguien especial en tu vida que te esté quitando tiempo?
Él arquea una ceja.
—¿Crees que tengo tiempo para acostarme con alguien? Ya no duermo nada entre mis padres y la carga de la universidad. No tengo tiempo para meter a otra persona en todo este lío.
Sí, es verdad. Sus padres están pasando por un divorcio muy complicado, arrastrándolo en medio de todo, y ahora que está a punto de empezar la temporada, no me extrañaría que apenas durmiera unas pocas horas seguidas.
—Me parece justo —digo, pasando al siguiente, mi portero—. ¿Y tú, Cam? ¿Cómo se llama tu conquista de esta semana?
—Esto es una gilipollez.
«Y que lo digas, tío».
—¿Eres demasiado tímido para compartirlo? Sabes que eso a Holden no le va a valer.
Con ironía, suspira y suelta un nombre.
—Se llama Rachel. ¿También quieres saber cuál es su postura favorita?
Una sonrisilla me asoma a los labios ante su sarcasmo, algo poco habitual en él, pero me apresuro a ocultarla antes de volverme hacia Holden.
—Bueno, Hold, ¿tenemos que saber cuál es la postura favorita de Rachel mientras Cam se la folla hasta la semana que viene?
—Vale, ya lo hemos pillado —dice Holden, sacudiendo la cabeza.
—No, no. No creo que lo hayas entendido. Y ni se te ocurra pensar que vas a salirte con la tuya sin soltar tus propias mierdas —le espeto, casi furioso—. Así que dime, ¿cómo van las cosas? ¿Kason y tú seguís chupándoosla en el vestuario después de los entrenamientos?
Es un golpe bajo y lo sé, sobre todo teniendo en cuenta todas las guarradas que he hecho con Quinn en nuestro propio vestuario. Pero necesito que lo entienda, que vea lo absurdo que está siendo y que esta mierda se termine de una vez.
—Kason y yo hemos terminado.
Y, de repente, me invade otra oleada de culpa. Porque, aunque no haya estado muy presente, sigo conociendo a Holden. Sé que no le va la monogamia, al menos no a largo plazo. Pero Kason y él se veían más a menudo que cualquiera de sus anteriores rollos, y estoy hablando de varios meses.
Así que no es raro que se me encoja el estómago al oírle decir eso. Y precisamente ahora.
—¿Qué ha pasado? —pregunto despacio, y el enfado y la irritación que sentía hacia él se convierten inmediatamente en preocupación—. Creía que estabais bien.
—Lo estábamos —murmura Holden antes de soltar un largo suspiro—. Pero la he cagado, como siempre. Nada nuevo.
Braxton suelta una carcajada seca y nos mira.
—Buenos chicos, yo no me voy a quedar aquí para ver esto. Disfrutad trenzándoos el pelo y todas esas mierdas, pero yo me largo.
Después de eso, se levanta del sofá y sube las escaleras.
Miro a Camden y a Theo antes de enarcar una ceja hacia ellos.
—¿Os quedáis u os vais?
—No, no vengas aquí actuando como si te importara una mierda ahora, Oak. No funciona así, joder —dice Holden, dejándose caer otra vez en el sofá.
Pero sí me importa.
Sí, puede que no haya estado muy presente.
Y sí, tal vez he sido un colega de mierda para Holden en los últimos meses, sin mantenerme al día ni estar pendiente como seguramente debería.
Pero eso no cambia el hecho de que es mi mejor amigo y de que, si necesita que esté aquí para él, eso es exactamente lo que voy a hacer.
—Pues sí me importa, y siento haberte hecho pensar que no era así.
Holden niega con la cabeza, pero se le empieza a dibujar una sonrisa en la comisura de los labios.
—Puto capullo.
—Vaya, mira eso. Mamá y papá se han reconciliado —dice Camden entre risas, quitándole hierro al comentario anterior de Braxton.
—¿Cuál es mamá? —pregunta Theo, mirando de Holden a mí y otra vez de mí a Holden.
Antes de que nadie entre en ese debate (porque todos sabemos que es Holden), vuelvo al asunto que importa.
—¿Y qué ha pasado?
La sonrisa que empezaba a asomar en la cara de Holden desaparece.
—Ya lo he dicho. La cagué. Eso es todo.
—Pero ¿cómo?
—¿Tiene algo que ver con lo que está pasando entre Phoenix y Kason? —interviene Theo—. Porque esos dos eran uña y carne, y llevan semanas sin hablarse.
Reconozco a Phoenix como uno de los compañeros de equipo de Theo, quizá su exterior central, aunque la verdad es que no estoy seguro. Ya me cuesta bastante seguir a los míos como para andar pendiente también de todo el equipo de fútbol y del de béisbol.
Holden se lleva las manos a la cabeza y se encoge de hombros, derrotado por el comentario de Theo, antes de repetir lo mismo.
—Como he dicho: La. Cagué.
—Bueno, ahora me has dejado intrigado —comenta Cam, recostándose en el cojín como si se preparara para un maratón de su serie favorita—. Theo, ve a por las palomitas. Puede que estemos aquí un rato.
Poniendo los ojos en blanco, Theo se levanta y se dirige a la cocina, donde lo oigo rebuscar en la despensa. Lo cual tiene su gracia, salvo por el pequeño detalle de que Holden sigue teniendo pinta de preferir lamer unas tijeras oxidadas antes que hablar de esto.
—Chicos, en serio —intenta razonar—. Es una historia larguísima, y no de las buenas.
—Pero Theo ya está preparando las palomitas —replica Cam—. Y, además, a mí me sobra el tiempo, así que más te vale soltarlo.
Holden recuesta la cabeza en el respaldo del sofá antes de girarla hacia mí.
—¿Cuánto tiempo tienes?
Me encojo de hombros con el bueno.
—Todo el que haga falta.
—¿Seguro que no tienes que irte con tus otros amigos? —bromea antes de darme un empujoncito juguetón. Que, por supuesto, va directo al mismo hombro que me lleva doliendo toda la noche por culpa de Carter, que ha sido un capullo en la pista.
Los ojos de Holden se agrandan cuando se da cuenta de lo que ha hecho, y no puedo evitar echarme a reír a pesar del dolor que me atraviesa el brazo.
—Ahora vas listo si crees que voy a prestarte atención.
—Qué dramático estás esta noche. Está claro, eres mamá —se queja Holden antes de darse la vuelta y gritar desde el sofá—. ¡Theo! ¡Trae una bolsa de hielo ya que estás ahí!