CAPÍTULO 6
El invierno ya había envuelto Boston en un manto blanco y silencioso.
Cada mañana, el viento procedente del puerto barría las calles con una fuerza capaz de cortar la respiración, mientras el hielo cubría las aceras y el río Charles parecía convertirse en un espejo de acero.
Las luces navideñas, colgadas a lo largo de Newbury Street y en Faneuil Hall, daban a la ciudad una atmósfera casi mágica, pero para Aiden Benson el mundo había adquirido un ritmo completamente distinto.
Sus días estaban marcados por los entrenamientos, los análisis de vídeo y los partidos amistosos. Sus noches, en cambio, pertenecían a Luke, a sus brazos, a su cuerpo. Pasar aquel tiempo juntos se había convertido en su equilibrio: frágil, peligroso, pero indispensable para ambos.
El entrenador Michael Harris observaba al equipo desde el centro de la pista, con los brazos cruzados. Los entrenamientos eran cada vez más intensos, hasta el punto de que cada disco disputado parecía una batalla y cada error se corregía con una precisión casi militar.
—¡Otra vez!
La voz del entrenador retumbó en el pabellón. Aiden recuperó el disco detrás de su portería, aceleró con una potente zancada y atravesó toda la pista. Esquivó a un defensa con un rápido amago de cuerpo, envió a Tyler Evans un pase milimétrico y siguió avanzando hacia la portería contraria.
Cuando Tyler le devolvió el disco, Aiden armó el tiro. El disco golpeó la cara interna del poste antes de colarse en la red. Perfecto. No podría haberlo hecho mejor.
El entrenador Harris nunca aplaudía, pero aquella vez asintió despacio. Conociéndolo, era el mayor de los elogios por su parte. Al terminar el entrenamiento, le indicó que lo siguiera a su despacho. Aiden no sabía exactamente qué esperar, así que entró procurando mantener una expresión neutra.
El entrenador guardó silencio unos segundos, hojeando unas estadísticas.
—¿Sabes qué dicen estos números?
Aiden negó apenas con la cabeza.
—Que eres el mejor jugador de la concentración, Benson.
El joven bajó la mirada; sentía que el corazón le latía con fuerza. Su sueño se estaba haciendo realidad o, en cualquier caso, estaba muy cerca.
—Si sigues así… —Harris cerró la carpeta—. La firma del contrato definitivo está casi asegurada.
Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Todos aquellos años, todas las renuncias que se había impuesto. Las mañanas entrenando mientras los demás dormían. Los interminables desplazamientos en las ligas menores. Todo estaba cobrando sentido por fin.
—Gracias, entrenador.
—No me des las gracias todavía. —El hombre se levantó—. Estas últimas semanas serán las decisivas. No te distraigas por nada del mundo. No me decepciones. ¿Lo has entendido, Benson?
Aquellas palabras volvieron a pesar sobre Aiden como una losa.
«No te distraigas».
«No me decepciones».
Porque sabía demasiado bien qué pretendía comunicarle la mirada de Harris. Aquellas palabras que no se habían dicho tenían un nombre que Aiden nunca habría querido oír. Luke Moretti. Renunciar a él para no arriesgarse a perder su sueño.
Aquella noche fue a ver a Luke a su loft. La puerta se abrió antes incluso de que llamara.
—¿Qué ha pasado?
Luke ya era capaz de captar al instante las señales de inquietud en su rostro.
Aiden no pudo contenerse: le contó todo lo de la conversación, las estadísticas y, sobre todo, la posibilidad real de firmar el contrato.
Luke lo escuchó sin interrumpirlo. Cuando terminó, se limitó a estrecharle las manos.
—Estoy orgulloso de ti, de verdad.
Aquellas palabras llegaron a Aiden más hondo que cualquier elogio recibido a lo largo de su carrera. Porque Luke no se refería solo al deportista, sino a él mismo como hombre.
Intentaron pasar una noche tranquila, cocinando juntos, viendo películas antiguas y evitando cuidadosamente el tema que seguía pesando sobre el corazón de Aiden.
Aunque su relación aún no era oficial y, de momento, preferían verse casi siempre en casa de Luke, él había tomado su decisión y no iba a echarse atrás. De eso estaba seguro.
Pero la calma duró poco. Porque, dos días después, Boston despertó con un nuevo tema de conversación.
Una página de cotilleos muy seguida en las redes sociales había publicado una serie de fotografías.
Estaban tomadas en distintos momentos. Aiden Benson y Luke Moretti paseando junto al río Charles, después sentados en el mismo diner.
Por último, Aiden a la entrada del loft de Luke.
En una de las fotografías, Aiden rozaba suavemente el brazo de Luke mientras se reían juntos.
No había besos ni gestos románticos demasiado evidentes, pero la intimidad era innegable.
En cuestión de horas, aquellas imágenes dieron la vuelta a internet.
Los comentarios se multiplicaron y superaron con creces a los de la vez anterior.
Algunos eran simplemente curiosos; otros, bastante menos.
La noticia llegó enseguida a los programas deportivos, las emisoras de radio y los pódcast. Incluso las cuentas oficiales dedicadas al hockey empezaron a hablar de ello.
La pregunta que todos se hacían seguía siendo la misma: ¿Quién es realmente Aiden Benson? ¿Qué ha estado ocultando hasta ahora?