Más allá del hielo
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PRÓLOGO
El sonido de un patín al hendir el hielo era lo único que Aiden Benson siempre había considerado una certeza.
Todos los amaneceres de su vida habían empezado igual.
Con el frío cortante de Minnesota enrojeciéndole las mejillas mientras cruzaba el aparcamiento de la pista municipal con la bolsa de deporte al hombro.
Sus dedos entumecidos aferraban el palo de hockey como si se hubiera convertido en una prolongación de su cuerpo.
Dentro de aquel pabellón gastado por el tiempo había aprendido que el talento abría puertas, pero era la disciplina la que las mantenía abiertas y permitía hacer realidad los sueños.
A los veinticuatro años, Aiden parecía haber nacido para estar sobre el hielo.
Superaba el metro noventa, tenía los hombros anchos, las piernas potentes y un físico forjado a base de años de entrenamientos extenuantes.
El pelo castaño claro, siempre un poco más largo de lo que permitían las normas del equipo, le caía sobre la frente al quitarse el casco.
Sus ojos azules tenían el color de un lago helado: claros, intensos, pero a menudo difíciles de descifrar.
Las escasas cicatrices que le cruzaban los nudillos contaban una historia de palos rotos, caídas y sacrificios. Nunca habían sido las victorias lo que lo definía. Había sido su obstinación, porque estaba decidido a alcanzar su objetivo a cualquier precio.
Por eso, cuando el móvil vibró mientras aún terminaba su entrenamiento individual, sintió que el corazón le latía con más fuerza.
En la pantalla había aparecido el logotipo de los Boston Guardians. Se quedó inmóvil; durante un largo instante, ni siquiera logró respirar. Después, por fin, se decidió a contestar.
La voz al otro lado era serena, profesional.
—¿Señor Benson? Nos complace comunicarle que ha sido seleccionado para la concentración de entrenamiento de los Boston Guardians. Le esperamos el próximo lunes en Boston.
La voz siguió hablando de horarios, documentos y detalles logísticos. Aiden apenas captó la mitad. Llevaba toda la vida esperando aquella llamada.
Cuando colgó, se quedó solo en el centro de la pista. El silencio era absoluto. Después bajó lentamente la mirada hacia el hielo y una pequeña sonrisa le curvó los labios. No podía creérselo; casi tenía miedo. Pero el destino que siempre había soñado estaba a punto de cumplirse.
Lo había conseguido.