Más allá de nuestros ojos Capítulo 70
93%

Capítulo 70

E xtrañamente, la noche pasó de una forma larga, el sueño se apoderó de mis ojos casi en el instante que regresé a mi cuerpo.

Pero a pesar de los nervios y el cansancio, a las ocho de la mañana me encontraba tan fresca, que nadie podría decir todo lo que había y estaba pasando.

Había descansado más que nunca en estos días, y al fin y al cabo es verdad, que las situaciones más extremas y confusas son las que sacan lo mejor de nosotros, las que muchas veces nos preparan para enfrentar las tormentas.

Un golpe que sin dudas me había dejado aturdida, era la idea del tan apresurado rescate, yo había imaginado varios días más en Jerusalén preparando todo, varias noches más para que mi mente y mi cuerpo se preparen para esperar el “frabulloso” día, y resulta que solo me quedaba un abrir y cerrar de ojos, lo que me llevó a preguntar en la mesa del desayuno, con todos ahí presentes:

—¿Por qué solo nos han dado hasta hoy? —lo pronuncié con un ligero tono de desesperación.

—Es una cuestión divina, nos han dado solo tres días, porque Thomas debe resucitar en vida, y al igual que nuestro Mesías, tiene tres días y tres noches, hoy finalmente volverá a vivir por quien es —responde Ahron.

—Piensa, amore, que mientras antes esto empiece, antes acabara... —me dice mi amigo.

—Me preocupa aun no saber ni cómo vamos a encarar el comienzo... —terminé por quejarme.

—Eso ya lo explicaremos, y verás como todo podrá salir más que bien —informa Cristopher.

—Aún no logro asimilar, como después de nueve años... Hoy voy a ver a mi hermano, ni siquiera tengo idea de cómo se ve o si siquiera podré reconocerlo —al decir esas palabras, mis mejillas se ablandaron y mis ojos se volvieron húmedos.

No sabía si era tristeza o felicidad lo que me inundaba, pero sin duda sabía que pondría fin a la primera hoy.

Hace ya ocho años que mis lágrimas se habían vuelto difíciles de ocasionar, ocho años donde me resigné a la tristeza, pero llega un punto que los sentimientos no pueden permanecer más tiempo guardados en un cofre.

Hoy había llegado el gran día...

—Lo reconocerás, Iroda, eres s u hermana y él siempre fue muy característico... —me abraza mi amigo.

—Y sí que lo es, con su ojo café y el otro verde ... —musite—. Si tan solo mis padres supieran que volverán a tenerlo después de tanto...

—Y no les falta mucho por saberlo —interviene Cristopher—.

En dos horas y media, la organización se encontrará frente a la puerta de esos secuestradores...

al igual que nosotros, y luego de que eso suceda, en tiempo terrenal, tu hermano será noticia internacional en un promedio de cinco horas, tu madre no tardará en ser avisada.

—Creo que hasta a mí me cuesta creer que dentro de tres horas estaremos tomando un vuelo a Egipto... —manifiesta Max.

—¿El vuelo a Egipto es una cuestión de cobertura? —pregunté como ya lo había hecho en tiempos anteriores.

—Digamos que si... más que nada una cuestión de proseguir, y de alejarnos de las circunstancias que se presentarán aquí si tu permaneces en el país. La próxima vez que veas a tu hermano, será en tu casa —Ahron responde a mi cuestión.

—A partir de ahora tenemos dos horas para relajarnos y mentalizarnos.

Ahí comenzaremos el viaje astral de Iroda, donde Maximiliano e Isabelina permanecerán con el cuerpo, lo que para ellos será un máximo de cuarenta minutos.

Porque cuando detengamos el tiempo en esa casa, todo lo que suceda sucederá en un rango de tiempo alterno que no podrá extenderse mucho, para ustedes y para el mundo serán solo minutos donde nadie se percatara de nada de lo que pasó.

Cuando Iroda despierte, el taxi deberá estar listo para que se vaya con Maximiliano, e Isabelina deberá estar volviendo a su hotel.

Nos reencontraremos finalmente en Egipto para tirar el frasco.

¿Se ha entendido? —Pregunta Celestino, cuando por fin de una vez él decide explicar algo.

—Lo hemos entendido... —responde mi amigo Max, mientras yo me mantengo silenciosa con la mirada ligeramente perdida.

Así el rato fue pasando con lentitud, mientras yo volvía a colocar las pocas cosas que había sacado de mi maleta.

—¿Estás nerviosa, amore? —consulta Max mientras entra por la puerta del cuarto.

—Algo... —le respondo a mi amigo sutilmente—. No me han asegurado el resultado...

—Sería demasiado inhumano que supieras que va a pasar... Aparte, ¿en serio crees que todos estos seres hubieran llegado tan lejos, si no creyeran o incluso supieran que todo saldrá bien?

La pregunta de Max había cruzado mil veces por mi mente, incluso había sido el motor que me trajo tan lejos sin miedo, la certeza.

—Supongo o quiero suponer que no —le respondo finalmente—. Pero al mismo tiempo, la duda no había sido algo que se había presentado en mi sistema de este modo, hasta hoy.

—Es normal, y en algo te equivocas, siempre has tenido dudas, a lo largo de toda tu vida e incluso a lo largo de todo este viaje.

Las dudas son lo que te trajeron hasta aquí, y yo sé que ahora que has descubierto tanto, te has alejado de lo que eras, pero las dudas son parte de ti, parte de tu vida, y lo serán siempre, porque tú no eres como ellos, eres un ser humano.

—Cada palabra que Max soltaba tenía la intención de ayudarme y abrirme la mente, pero algo en su tono de voz, me demostraba cierto pesar.

—Supongo que me acostumbre a creer que sabía demasiado... pero sin embargo esto, esto no lo sé... no tengo idea qué sucederá en el momento que entremos por Thomas, solo que será más rápido de lo que espere.

—Lo único que debes saber, es que dentro de poco él volverá a vivir con ustedes y recuperará su vida, ya has llegado muy lejos, y has hecho demasiadas cosas como para acobardarte tanto por el último paso... Has sido más que valiente —me habla mi amigo ya con un tono más calmo y compasivo.

—El último y el más importante... —musite.

—Es humano que tengas miedo... pero ya pronto será como antes y aún mejor, ya podrás recuperar a tu hermano y ya podremos retomar nuestras vidas mejor que nunca, juntos... —pronuncia cada una de sus palabras de una forma enfática, claramente emocionada mientras toma mis manos—. Como siempre...

—Max... sabes que ya nada podría volver a ser como siempre... todo ha cambiado, incluso nosotros y lo que nos rodea. —No sabía cómo expresar algo que ni yo tenía claro.

—Yo no he cambiado, el resto de las cosas no nos impide seguir como siempre y avanzar... tantos años esperando por Thomas, y ahora volverá, nosotros nos merecemos ser felices. —Cada vez se posicionaba más cerca de mí y con una mayor euforia en su rostro.

—Tus sentimientos han cambiado... tú sabes que yo te quiero, siempre has sido parte de mi familia, me has apoyado siempre más que cualquiera, pero ahora se me dificulta mucho saber cómo podríamos avanzar.

Como podría seguir todo como antes si yo ahora me encuentro en un mar de dudas, ahora que ha llegado Celestino...

—Iroda... —resopla mi amigo— Celestino no es un humano y se ira, así como vino, hasta él lo acepta, jamás

podría volver a ocupar el lugar que tuvo en otra vida, tu vida ahora es esta y soy yo quien está aquí...

—Eso lo sé... —le digo lentamente mirando hacia otro lugar—. Pero eso no cambia el hecho de que este aquí, no cambia lo confundida que me deja su existencia ni mi forma de ver las cosas... Tú sabes que yo te adoro... pero es todo tan difícil.

—¿Me estás queriendo decir que lo amas? ¿Qué lo prefieres? —pregunta mi amigo con una gran expresión de extrañeza—. Él no es un humano Iroda, eso es imposible...

—No... te estoy queriendo decir que ahora todo es distinto.

Yo antes no sabía que ya tenía un alma gemela, que tenía un ser que velaba por mi...

se me dificulta mucho pensar en alguien como pareja sabiendo esto, viéndolo como actúa como si esto fuera un compromiso, y aunque ahora sé que no es ni será mi pareja...

el amor está ahí y una sensación muy confusa me invade, los recuerdos me mueven el alma... Yo lo quiero en mi vida.

—Bien dijiste, amore... —acierta con pesar—, los recuerdos... porque en el hoy, esas cosas son imposibles. No puedes renunciar a tu vida por algo que fue y no será... incluso él lo sabe, y siempre dijo que se iría.

Sus palabras eran crudas.

—Pero no debe de irse, ya no, y ahora me lo han confirmado... —le insistí .

—Pero se irá, eso tenlo por seguro —responde con medida frialdad y suspira—. Voy a dejarte tranquila para que descanses y pienses antes de que todo empiece —dice ya con más tranquilidad antes de abrazarme sutilmente — te amo... —musita en mi oído antes de irse de la habitación.

Las palabras de Max más que relajarme me habían dejado tensa, habían sobrecargado mí ya pesada mente, habían introducido en mis nuevas preocupaciones, empezando por la probabilidad de que Celestino si se vaya, que el sí considere despojarme de su compañía cuando esto termine.

Entre tantas idas y venidas no había notado como transcurrió el tiempo, como tan solo quedaba una media hora de aquellas horas que nos había dado Celestino, prácticamente quedaban instantes antes de que todo comenzara.

Unos instantes donde debería preparar mi mente para que todo comience y unos instantes para ser consciente de que abandoné mi cuerpo como tantas veces hice en las prácticas.

Me encontraba parada junto a la ventana simplemente intentando apreciar los pocos rayos de sol que la traspasaban, intentando vaciar mi mente, intentando dejarla en cero, liberándola de preocupaciones, solo pensando en mi hermano, en la suerte que he tenido y en aquel cálido y nuboso cielo de Jerusalén.

Hasta que, como en aquellos primeros días, como fue todo hace ya tantos meses, sentí una presencia, sentí un ser parado tras de mí, pero a diferencia de cualquier cuento de terror, a mi jamás esos ojos clavados en mi nuca me causaron pavor, más bien todo lo contrario.

Al voltear, estaba Celestino parado en la entrada, aquel chico alto, blanco como la nieve y de ojos celestes como el cielo, con su belleza extraña y sus blancas ropas, parado como si fuera el primer día, en sus ojos podía ver el reflejo de mi vida, de mis alegrías y mis tristezas, y sobre todo el reflejo de todos estos últimos meses.

—¿Estas lista? —pregunta por segunda vez en Jerusalén, con esa voz suave y mirada tenue.

—Creo que debería decir que si... —respondo con ligera gracia y una media sonrisa.

—Se que lo estas... —me responde feliz—. Siempre lo has estado, solo te faltaba un poco de ayuda...

—Pero llegado el momento tengo algo de miedo... no estoy acostumbrada a tener miedo —digo lentamente mientras enfoco mi mirada al piso.

—Lo sé... siempre he hecho todo lo que está en mi mano para librarte de el —me confiesa divertido y con algo de pesar—. Pero hay cosas que son parte de la vida, y no te puedo librar de ellas... pero ten por seguro, que el miedo solo te dará impulso.

Yo le sonrío.

—También tengo miedo de algo más... —le confieso— tengo miedo de que te vayas, de que me dejes sola con mil preguntas sin poder saber nada de ti...

—Sabes que haré todo por permanecer como tu esperas, Iroda, pero también te he dicho que no es sencillo.

—A mí me dijo aquel ser que podías hacerlo si yo quería y te necesitaba...

Él suspira...

—Mientras tú me necesites y me pidas que esté a tu lado, yo lo haré siempre, y aunque no, jamás me iré —responde finalmente con una media sonrisa en su rostro.

—¿Lo prometes?

—Como el primer día...

Supongo que pase lo que pase, hay cosas que nos dan impulso, que, aunque parezcan efímeras al lado de grandes problemas, nos llenan un poco el alma.

—¿Deberé recostarme en mi cama desde ahora? —pregunto ya acercándome a ella.

—Si, será lo mejor que empieces a prepararte como lo hacías siempre, mientras que nosotros dejaremos un campo de protección para tu cuerpo, y enseguida eso termine, ya comenzará todo... —termina por decirme cuando ya me encontraba recostada. Me dedica una última sonrisa antes de volver a alejarse.

Los minutos poco a poco se comienzan a tornar cada vez más lentos, cada vez más pesados y estrepitosos.

Mi mente se encontraba cada vez más en paz, mi corazón a cada latido se hacía más ausente, mi cuerpo a cada instante se encontraba más liviano.

Así como cada vez, perdía la noción del tiempo, no podía decir si habían pasado segundos, minutos o quizás horas, mi mente era ajena a cualquier norma, pero estaba en paz.

Quizás, aunque escribiera un libro de esta sensación, no podría encontrar las palabras precisas para definirla, las palabras para poder transmitir tantas sensaciones y la carencia de ellas, para poder explicar cómo siquiera se llega hasta aquí.

La siguiente vez que abrí los ojos, mi cama estaba rodeada, todos se encontraban ahí presentes observando, en cambio yo por momentos me sentía ligeramente inmóvil, los observaba a todos uno por uno, pero me faltaba el impulso para reaccionar.

En cuanto lo hice, supe que ya todo había comenzado.

Al extender mis manos, pude notar como mi cuerpo quedaba atrás.

Finalmente, mi adormecimiento se fue, y volví a ser yo, me puse en pie y noté las dos partes de mí, mi carcasa, ese cuerpo palpitante que quedaba extendido en la cama, y yo.

Una yo con menos impedimentos y más virtudes, una yo que logró sacar su interior al exterior para luchar por lo que está bien y lo que es correcto.

Esa yo que se enfrentaría al pasado de varias vidas, para mejorar el hoy, esa yo que lucharía con quien una vez emitió su falsa derrota y salvaría a su hermano.

—Estoy lista —pronuncie finalmente sin que nadie me lo consulte esta vez.

—Es hora de irnos —notifica Ahron.

Cristopher coloca una mano extendida, a lo cual Ahron coloca la suya por en encima, Celestino se les une por tercero.

Mientras que yo estando a punto de hacerlo, decido retroceder y darles un fuerte abrazo a las dos personas que quedaran por detrás de esta parte del plan, Isabelina y Maximiliano, mis dos grandes pilares en el mundo humano.

—Les agradezco por todo... —balbuceo en medio del abrazo.

—Nada que agradecer mi niña —sonríe Isa.

—Sabes que estoy para ti, amore —continua el abrazo Max.

—Mucha suerte —dicen ambos al unísono.

Quería guardar ese abrazo en mi memoria, recordar el calor de sus cuerpos y la calidez de su alma, recargarme de esa fuerza antes de irme.

Ya que la próxima vez que los viera, todo estaría solucionado.

Pero de no lograr mi objetivo, no habría una próxima vez.

Finalmente volteo, para terminar por apoyar mi mano sobre la de todos.

—¿Vamos? —pregunta Celestino.

—Vamos... —respondemos decididos y serios.

Y así como así, todo se tornó blanco y ligero, nos evaporamos.