Mas allá de la realidad Capítulo 110 La Dulzura de la Convivencia
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Capítulo 110 La Dulzura de la Convivencia

La Vida Juntos

La mudanza de Marta fue casi instantánea. La puerta del ático se cerró tras ella, sellando el inicio de una nueva y reparadora etapa.

Fue una convivencia perfecta esta vez, sin malentendidos.

Erik, liberado de la mentira y del miedo a perderla, y abrumado por la culpa de haberla dejado sola en los primeros meses de embarazo, volcó todo su ser en cuidarla.

Le contó la historia de Evelyn y ella se sintió triste, pero contenta de que eso estaba superado. Ya no había más fantasmas entre ellos.

Ella era la mimada y consentida con una devoción absoluta.

Los mareos se trataban con zumos exóticos traídos a la cama.

Las noches se llenaron de masajes en los pies y conversaciones tranquilas sobre el futuro.

Erik se encargaba de que la prensa estuviera bloqueada y de que ella tuviera paz total para concentrarse en el bebé.

Iban juntos a clases para futuros padres, hacían planes, decoraban la habitación del bebé.

Marta, a su vez, se rindió al amor que tanto había negado.

Él recibía el cariño que finalmente llegó, desbordante y sin barreras. Los miedos al compromiso y a la repetición de la historia de Evelyn se desvanecieron ante el amor genuino y la realidad de la vida que crecía entre ellos.

El Amor, la Única Formalidad

El Jardín Botánico se convirtió en su lugar de paseo habitual, un recordatorio del sitio donde el orgullo se rompió y la verdad floreció.

Marta, una tarde, abrazada a él mientras miraban la puesta de sol:

—Parece que siempre hemos vivido juntos. ¿Recuerdas lo estúpidos que fuimos?

Erik, besándole la sien:

—Fuimos dos tontos asustados. Pero ahora no hay excusas. Solo hay tú, yo y él.

La convivencia era la prueba de fuego y la estaban superando con creces.

La boda podía esperar, como Marta había dicho. El compromiso que sentían, el anillo cerrado en la caja en el cajón de la mesita de noche y la vida que compartían eran mucho más reales y sólidos que cualquier papel firmado. Solo era una formalidad… El verdadero matrimonio ya había comenzado.