Capítulo 90 El Desprecio y la Rendición
El Abandono
Marta se quedó sola, paralizada en el pasillo. La sensación de ser un obstáculo que Erik simplemente había apartado la humillaba.
Ella lo miraba alejándose, su figura alta y ancha, inconfundible. Y él lo sabía. Por eso, con una crueldad que no era propia del hombre que conocía, cogió a la mujer que estaba a su lado de la mano y siguió su camino, sumergido en una conversación inexistente, sin dignarse a mirar atrás.
Ella se sintió abandonada. El gesto de la mano fue un puñal. Todas las emociones reprimidas, el dolor de la ruptura, la culpa y la fatiga del embarazo se canalizaron en una ola incontrolable de celos que le podían.
Marta (pensando, con la garganta seca): «Así es. Soy reemplazable. Solo era una diversión, como pensaba. Él ya tiene otra».
El Corazón Helado
Quiso gritar, quiso correr tras él y confesarle todo: el embarazo, el amor, el miedo. Quiso decir algo, cualquier cosa que detuviera esa marcha, pero no lo hizo… ya se habían ido. La puerta se cerró tras ellos, dejándola en el silencio inmenso del pasillo del restaurante.
La rabia se extinguió, dando paso a una frialdad defensiva. Su corazón se quedó helado, una capa de hielo que buscaba proteger la herida.
Marta, susurrando, aceptando la derrota: «Mejor dejarlo ir. No puedo seguir luchando contra un hombre que no me quiere y que me trata como a una desconocida».
El Final de los Desconocidos
Erik se fue, manteniendo la cabeza alta y la máscara de indiferencia, sin mirar atrás, pero pensando: «Se fue. Lo hice bien. Soy libre. Ella es libre. Ni siquiera se inmutó».
Pero la frialdad de su máscara no llegaba a su interior, donde sentía una herida profunda y punzante.
La verdad se impuso en el pasillo vacío. A pesar de los meses de pasión, de convivencia y de la intensidad de sus sentimientos, ¿eran dos desconocidos ya? La respuesta, silenciosa y aplastante, era que sí.
Y Marta tuvo que enfrentarse a la realidad de que el gran amor de su vida se había ido y se había llevado consigo su última esperanza de felicidad.