Mas allá de la realidad Capítulo 88 La Huida Discreta
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Capítulo 88 La Huida Discreta

La Herida Abierta

Marta se llevó un tiempo en el baño, sufriendo en silencio. Vomitó con violencia e intentó desesperadamente calmar su estómago y las náuseas. Cuando el malestar físico cedió ligeramente, se concentró en lo emocional. Necesitaba calmar su corazón herido.

«Celos. Por Dios, Marta, te comportas como una adolescente. Esto es un acuerdo roto. Él puede salir con quien quiera».

Pero el pensamiento era inútil; la evidencia de su amor y su dolor era más fuerte que su lógica. Decidió que no podía volver a la mesa. Necesitaba aire fresco y escapar del dolor de los celos antes de que su cara la delatara.

La Última Estocada

Salió del restaurante y, discretamente, pasó por la oficina para comprobar la estabilidad del trabajo del equipo de seguridad, asegurándose de que no hubiera nuevos backdoors . Una vez verificada la seguridad, salió para coger un taxi.

Mientras esperaba, pegada a la pared junto a la entrada, vio cómo el grupo volvía del restaurante. La escena la golpeó con una fuerza final: la rubia estaba pegada a Erik, cogiéndolo por el brazo, y se reían los dos con muchas ganas.

No la vieron hasta que pasaron por su lado. Erik estaba inmerso en la conversación y la risa fácil de la chica. Marta tragó en seco y se dirigió rápidamente al taxi que acababa de llegar, desapareciendo en la noche.

La Inquietud

Momentos antes, cuando Marta se había levantado de la mesa, Erik se había preocupado por ella. Había insistido en que volvieran a la oficina para hacer las comprobaciones finales. Su mente profesional justificaba el regreso, pero en realidad era una excusa para confirmar que Marta estaba bien.

Al verla ahora dirigirse al taxi, entera y con su maletín de trabajo a su lado, la tensión en los hombros de Erik se disipó. Cuando la vio bien, se quedó tranquilo y pudo volver a concentrarse en la conversación sobre el firewall .

«Está bien. Sigue fuerte. Está libre y sigue su vida».

La tranquilidad era un disfraz. En el fondo, saber que ella estaba a salvo y de vuelta a su rutina era el único consuelo que le quedaba, el último acto de su «amor» de dejarla ir.