Mareas de Sangre Capítulo 96
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Capítulo 96

El siguiente caso

El cuaderno número cuatro tenía las primeras páginas llenas cuando Elena lo sacó del cajón superior izquierdo un lunes de mayo.

Era el mismo tipo de cuaderno de siempre: hojas cuadriculadas, tapa dura, el tipo que se compra en las papelerías sin pretensión alguna y que resulta ser la herramienta más útil de todas las que se usan en el trabajo.

Tres personas. Investigadores. Desaparecidos.

El expediente tenía una nota de Montoya: 'Posible represalia. Posible nueva estructura. Necesitamos perspectiva. Tuya.'

Elena lo leyó dos veces. Luego abrió el cuaderno y escribió en la primera página:

'Caso 2026-UDEV-089. Investigadores ONG desaparecidos. Norte de África.'

Luego escribió los tres nombres. Como siempre: primero los nombres. Primero las personas.

Llamó a Benali en Nador.

—Karim. Tengo un expediente que puede ser tuyo también.

—¿Cuándo no? —respondió el inspector marroquí, con algo en la voz que era cansancio y determinación al mismo tiempo.

—Exacto.

Le explicó el caso en diez minutos. Benali escuchó.

—Dame un día. Tengo una fuente que puede saber algo.

Colgó. Llamó a Ferreiro.

—¿Cómo estás? —preguntó él, antes de que ella dijera nada.

Era la primera vez que Ferreiro lo preguntaba al principio de una llamada en lugar de al final.

—Bien —dijo Elena. —Hay un caso nuevo.

—¿Cuándo empezamos?

—Ahora.

Colgó y abrió la segunda página del cuaderno.

El teléfono sonó. Era Rojas.

—He visto el expediente —dijo la inspectora de Cádiz. —Cuenten conmigo.

Elena sonrió. Era una sonrisa pequeña, del tipo que no necesita audiencia.

—Ya contaba con eso —dijo.

Cuando colgó, se quedó un momento mirando el cuaderno abierto sobre la mesa. Las páginas en blanco que esperaban. Los nombres ya escritos en la primera.

Afuera, Madrid en mayo tenía esa luz del final de la primavera que todavía no es verano pero que ya tiene su temperatura: suave, larga, generosa con las horas.

Mateo llamaría esa noche. Ferreiro actualizaría el expediente mañana. Rojas coordinaría desde Cádiz. Benali buscaría a su fuente.

La red de personas que hacían el trabajo seguiría haciéndolo.

Los que habían sido rescatados seguirían sus vidas. Los que habían sido condenados cumplirían sus condenas. Los que seguían activos en el corredor enfrentarían la vigilancia de quienes habían aprendido cómo mirarlo.

Y Elena Vargas, inspectora de la UDEV con catorce años de servicio, coordinadora de la mayor investigación de trata y crimen organizado de la última década, abrió la segunda página del cuaderno número cuatro y escribió la primera hipótesis del nuevo caso.

Era lo que hacía. Era lo que sabía hacer.

Era también, aunque no siempre lo dijera en voz alta, lo que quería hacer.

El trabajo seguía.

Siempre había un siguiente caso.

Y siempre habría alguien dispuesto a llevarlo hasta donde tuviera que llegar.

El cuaderno seguía abierto.

La historia también.

FIN

— FIN —