Marcando las normas (Wild Warriors 2) CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

Reunión de pastoras

Blue

M e he tomado un merecido descanso porque…, bueno, ¿tiene que haber algún motivo de peso para compartir un café con tus amigas en la cafetería en la que trabajas? Supongo que, si tu jefa está presente, no haces pellas, es terapia grupal. Y de eso necesito y mucho después de lo sucedido anoche.

Sí, sí, lo sucedido anoche, ya sabéis de lo que hablo.

—¿Estás prestando atención? —me pregunta Diddy mientras chasquea los dedos frente a mis ojos.

Últimamente no le presto atención a nada.

—No.

—Vaya —suelta mi amiga llena de condescendencia—, al menos eres honesta. —Me señala con el pulgar—. ¿Y tú? Dime que al menos tú sí me escuchabas, Sloane —añade.

Mi jefa, amiga, novia de pega de Xavier y nueva discípula en este aquelarre tiene el teléfono entre los dedos y teclea sin parar.

—Me temo que no —respondo por ella.

Cassie pone los ojos en blanco y se coloca las manos en la cintura como hace siempre, hasta sentada impone.

—¿Se puede saber con quién se está mandando mensajes? —Me alzo de hombros para que entienda que no tengo ni la más remota idea—. ¿Para esto he venido en mi día libre?, ¿para estar con dos chicas que no me prestan atención y que están ensimismadas?

—¡Oye! —me quejo—. Que ya estoy de vuelta.

Me pellizca el costado, y me remuevo en el asiento dando un par de manotazos para quitármela de encima.

—¿Decíais? —El tono suave y almibarado de Sloane nos hace sonreír. Sobre todo a mí, porque me encanta que seamos tres.

Apuesto a que, si Dani no tuviese una larga lista de conquistas y una agenda apretada en la que tiene que cuadrar todo para que esos tíos no se enteren de que ella sale con otros tíos —porque su lema en la vida es no poner todos los huevos en la misma cesta, y apuesto también a que lo de los huevos no es un eufemismo, sino una realidad como un templo—, estaría de lo más contenta con formar parte de este grupo y convertirnos, por fin, en un cuarteto.

Siempre he querido hacer un cuarteto… Es coña.

—Diddy está ofendida porque no le hacemos caso, y yo estoy ofendida porque no sé con quién te mensajeas.

—No le cuentes nada —advierte mi mejor amiga como si tal cosa—. Porque esta chica, aquí donde la ves, quiere que seamos un libro abierto para ella y luego —añado y presiona los labios simulando que cierra su bocaza con una pinza de la ropa— se guarda todo para ella —me acusa.

Y, dicho sea de paso, hace bien en dar esas recomendaciones. Entendamos que aprendí de la mejor, es decir, de ella misma porque solo me he limitado a seguir sus pasos a pesar de que aseguré que se lo contaría todo…

—Eso no es verdad. No hay mucho que contar. Solo…

—¿Solo? —interrumpe Sloane.

Estas dos van a formar un dúo unido. Contra mí, permitidme el matiz tan necesario.

—Hubo una llamada telefónica anoche de lo más interesante.

—¿No tenías que trabajar? ¿Hiciste pellas allí también?

Me señalo, insultada, y, de paso, apunto en dirección a la cafetería del Truenorth Ice Dome, que debéis saber que está vacía.

Los chicos siguen de viaje, regresan esta tarde y, aunque yo tengo turno en el Tide&Toast, me muero de ganas de irme a casa para…

, para ponerme el pijama, sí, eso es. No pensemos en otro tipo de cosas.

Sobre todo, nada de pensar en quitarme las prendas.

—Después de salir, Diddy. Y debes saber que no me estoy escaqueando, no lo hago si tu jefa está de cuerpo presente —recalco y ratifico—. Además, ¿en qué momento os habéis hecho tan íntimas?, ¿me lo podéis explicar?

—En ese en el que mi hermano y ella… —Diddy alza las cejas, y eso, chicas, eso es lenguaje universal. No es necesario que acabe esa frase siquiera.

Sloane nos tiende el teléfono ignorando por completo las insinuaciones de mi mejor amiga y nos muestra una enorme lista de mensajes con Xavier y, cuando digo enorme, hablo de veras, no es ese jueguecito —que tanto me encanta— que nos traíamos Aaron y yo anoche.

Ahí hay tantos mensajes que no me salen los cálculos. Me faltan horas.

—¿Habéis dormido siquiera?

Sloane frunce el ceño y no sé interpretar esa respuesta.

—Un poco. Me cae bien. Es cariñoso y atento.

—¿Cariñoso y atento? —responde mi mejor amiga.

Agradezco que se haya adelantado porque yo iba a responder de la misma forma, solo que mi tono hubiese estado lleno de estupefacción.

Parece ser que ese es mi estado últimamente porque cada cosa nueva que descubro me deja en shock , es decir, ¿cómo iba yo a imaginar que el capitán de los Wild Warriors, ese chico tímido que se ruboriza con cada provocación, iba a tener ese piquito de oro?

Sloane responde con un asentimiento y a ver quién le lleva la contraria.

—Me escribe varias veces al día para preguntarme cómo estoy, si he tenido noticias de Richard o si necesito algo.

—Cassie y yo intercambiamos un par de miradas y, poco a poco, a mi amiga se le forma una sonrisilla en los labios, y eso, chicas, también tiene nombre y apellidos.

Y corona, porque estoy convencida de que esta chica que tengo sentada al lado y que conozco desde hace mucho mucho tiempo, ya está maquinando algo como la reina de la fiesta que es.

—¿Y si te vienes a cenar este sábado a nuestra casa? —¿Maquinando?, ¿he dicho maquinando?, porque en realidad quería decir proponiendo…

Le doy un pequeño codazo a Diddy porque…

—Auuu —se queja. ¿Esa norma de interpretar los gestos y que queden entre dos personas y no entre tres? Sí, Cassie faltó a clase ese día—. ¿Por qué me golpeas? —Por si no quedaba lo suficientemente claro, añade esto.

—A ver. —Extiendo las manos y las poso sobre la mesa—. Seamos serias, chicas. Lo de Xavier es un señuelo para que Richard la deje en paz —aclaro. Por los gestos que encuentro en las caras de las aquí presentes, parece que ninguna de las dos piensa como yo—. Porque es eso, ¿verdad?

En esta ocasión, mi mirada se clava en la de mi jefa solo para comprobar que es así.

Sloane tarda en responder, aunque al final lo hace.

—Claro que sí. —Nos regala una sonrisa tan amplia que me temo que sea falsa.

A ver, no la conozco tanto como para llegar a interpretar cuándo miente y cuándo no, pero digamos que he visto muchos tipos de sonrisas a lo largo de mi vida y sé distinguir una genuina de una que no lo es.

—Me parece bien —señala Diddy—. A pesar de ello, me caes bien, puedes ser una buena amiga y quiero invitarte a cenar a casa de mis padres este sábado.

Además, tenemos comida, mucha comida, y nos viene bien una boca más.

Porque mis padres cocinan demasiado y porque nos gusta tener invitados, y tú eres una invitada. Nuestra invitada.

Es hora de que os interprete la escena para que nos entendamos. Lo ha soltado de carrerilla, tan de carrerilla que bien podría ser una única frase sin puntos, comas ni aire en los pulmones.

—Y podremos reírnos de Blue y de las miraditas que le lanza a Aaron.

Se lo quiere comer, solo que le da pánico hacerlo porque cree que todos los tíos son unos capullos.

—Aquí sí que ha cogido aire y sí que lo ha explicado con suavidad, con tanta que se le ha olvidado la sutileza y que yo estoy de cuerpo presente.

—Aaron no es un capullo. —Porque no lo es.

Diddy se lleva la mano al pecho y, de nuevo, a mi mente acude la palabra estupefacción. Dejémoslo ahí.

—¿Qué? ¿Por qué me miras de esa forma? ¿Y por qué sonríes de esa forma?

—No pasa nada, Blue, de verdad, no pasa nada.

Sí, sí que pasa, solo que ya cruzaremos ese puente cuando llegue el momento.

De nada sirve anticiparse porque no ha sucedido nada que haga que me cague encima.

Para eso tengo mis normas, para que ese tipo de cosas no sucedan, porque ya sabemos que las normas protegen.

¿Cómo de claro lo he ido dejando? Pues eso.

—Vale. Entonces, y recapitulando —interviene Sloane—, tú sales con Asher y aquí a la del pelo negro azulado le pone que te cagas el hermano bueno.

—Y con culazo —intervengo y matizo porque es un dato importante a tener en cuenta—. Puedo enviaros una foto.

Cassie pone los ojos en blanco, y Sloane sonríe presuntuosa.

—Me parece bien.

Sonrío, sin embargo, no pienso hacer tal cosa. Porque ese culazo es solo mío. Nada de hablar de esta clase de pensamientos, ¿vale? Dejémoslo ahí.

—Y tú solo eres nuestra invitada este sábado. En mi casa. Porque las amigas hacen este tipo de cosas.

Sloane asiente convencida.

—Vale —concluye.

—¡Sloane!

No reconozco la voz, pero sí que sé que el que llama y nos arrebata la compañía de nuestra amiga es alguien que forma parte de la junta directiva del equipo.

—Vuelvo dentro de un rato —se disculpa antes de levantarse, colocarse bien el pelo, estirarse esa chaqueta de chica de oficina y marcharse sin más.

Y ha llegado mi ocasión.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —tanteo.

Cassie no responde, solo se lleva la uña del dedo índice a la boca, baja la mirada y saca el teléfono.

—¿Mamá? Sí, este sábado —dice y tras una pausa continúa—, viene una amiga a cenar. —Pausa—. No, claro que no, no es ficticia. —Pausa—. Tampoco es vegana. —Diddy suspira—. No, mamá, está soltera y creo que te va a encantar.

Me guiña un ojo cuando sale de la cafetería.

Sí, se supone que soy yo la que busca los líos y la que se mete en ellos y, ya veis, ahí está mi amiga, la recatada y la lianta. ¿Quién tiene la fama y quién carda la lana?

Y sí, es otra de mis frases que en este instante nos viene que ni pintada.