Marcando las normas (Wild Warriors 2) PRÓLOGO
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Marcando las normas (Wild Warriors 2)

Marcando las normas (Wild Warriors 2)

Por Yanira Garcia

© inepub.com

PRÓLOGO

—N o hay mucho más que explicar, Blue. Entiendo que es bastante sencillo, ya que te manejas a la perfección dentro del ámbito de la hostelería.

—Por supuesto que se maneja a la perfección dentro del ámbito de la hostelería.

Pongo los ojos en blanco cuando Diddy repite por quinta vez lo que Sloane Archer da por sentado, como si necesitase de esas frases que reafirman lo que mi currículo ya cuenta para conseguir este empleo.

Además, ambas sabemos que voy a conseguirlo.

No, no es soberbia, es una realidad, puesto que si estoy en esta entrevista es porque Asher Maddox —sí, justo ese Asher Maddox— habló con el jefe de la empresa privada que lleva la cafetería del Truenorth Ice Dome y me propuso como candidata para este puesto.

El quid de la cuestión está en «proponer», sí.

Que Asher consigue lo que quiere es una verdad mundialmente conocida y, si no, que se lo digan a la chica que está situada a mi lado dando pequeños saltitos.

Sonrío porque está mucho más nerviosa y ansiosa de lo que puedo estarlo yo.

Y, creedme, este trabajo sería un gran avance teniendo en cuenta la putada económica en la que me he visto envuelta.

Por si hay alguna duda, la vida del adulto es una jodida carrera de obstáculos, pero ¿la vida de una adulta soltera con una niña de seis años? Todavía más. Os lo prometo, no exagero.

—Comprendo, señorita Archer.

—Llámame Sloane. —Me regala una sonrisa para nada fingida, lo que me demuestra que, en efecto, quiere que la tutee de verdad.

Si algo he aprendido en este tiempo es que hay personas que fingen ser algo que no son y te dan a entender que quieren ser tus amigos, que te apoyarán cuando las cosas no se tuerzan y que, si necesitas un hombro en el que llorar, no solo te prestarán el derecho, sino que, una vez esté empapado, puedes pasar al izquierdo. ¡Ja! Permíteme que me ría de esto.

Hay excepciones, ¿vale? Lo sé. Lo admito. Lo reconozco. Las hay, y también hay capullos con sonrisas amplias y miradas brillantes que hacen promesas que no se van a cumplir, y te enamoras y, cuando eso sucede, ¡pum!, llega el mayor golpe de tu vida.

—¿Me estás escuchando? —cuestiona Sloane, que se ha parado justo frente a la cafetería y la señala. ¿Con qué intención? Buena pregunta.

—Por supuesto que te está escuchando y por supuesto que puede empezar mañana mismo. ¿A que sí, Blue?

Bendita sea mi amiga.

Asiento y ahora sí que agradezco que mi mejor amiga sea como una cotorra. Una muy mona, dicho sea de paso.

—¿Seguro?

Cabeceo con efusividad, y ella me sonríe una vez más. Baja la vista hasta ese papel blanco que contiene toda la información relevante sobre mi vida y por un segundo pienso en lo triste que es resumir tantas circunstancias en una hoja, de mayor a menor importancia.

—Tienes una hija.

—Yo, bueno…

Pues resulta que ha llegado ese punto crítico donde se tienen en cuenta los inconvenientes, ¿no? Fue bonito mientras duró.

Aguardo a que Diddy intervenga y repita lo que es evidente, sin embargo, guarda silencio. ¿Dónde está ese parloteo tan necesario para romper un momento de tensión cuando más se necesita?

—Vale. Intentaré adaptar tus horarios a eso y también a tu otro trabajo. Oh, me encanta el Tide su físico, que perturba a cualquiera que está cerca de ellos, y el magnetismo que ambos desprenden.

O al que yo me veo sometida porque es cierto que, cuando tengo a Aaron cerca, no puedo apartar los ojos de él. Sobre todo, comérmelo con ellos.

Ya sabéis, dejadme fantasear y esas cosas.

—Kai y Evan le han ofrecido a Blue un trío —suelta mi amiga.

Vaya, he visto comunicados televisivos con más tacto que ese.

—¿Qué? —Clava la mirada en mí y me coloco las manos en la cintura.

—¿Por qué? ¿Te apetece unirte?