02. Lunes por la mañana. Tres semanas más tarde #2
— Yo creo que Grego está sobreactuando, como ha hecho a lo largo de toda esta historia.
Sobreactuó cuando habló públicamente de su orientación sexual sin que nadie se lo pidiera, sobreactuó cuando presentó a su novio en sociedad también sin necesidad alguna, sobreactuó cuando le rescindieron la ficha, achacándolo todo a una homofobia que nadie más que él ha visto en su entorno.
Y ahora también sobreactúa al decir eso de que, de haberlo sabido, no habría salido del armario.
Yo no termino de creerme ese sufrimiento, Isaac, y no soy la única.
Somos muchos los que pensamos que Grego ha buscado todo este tiempo la notoriedad que ya no tenía como futbolista.
Ya sabes, poder mantener su nivel de vida a base de entrevistas, tertulias y portadas de revistas...
— Bueno, querida Candau, esa es tu opinión. Si te parece, vamos a escuchar ahora la de nuestra flamante nueva colaboradora, la doctora Nuria Isla, que seguro que tiene muchas cosas que comentar con respecto a todo. Buenos días, doctora.
— Buenos días, Isaac. Buenos días, Lola. Y buenos días a quienes nos escuchan.
— Como venimos anunciando desde hace días, la doctora Isla, forense de reconocidísimo prestigio, aterriza en este programa para sustituir al inspector Iván de Pablos.
Nuria viene a ayudarnos a entender, desde un punto de vista científico, qué sucede en esos lugares oscuros y perversos de las mentes criminales.
— A ver si es verdad, y conseguimos entre todos respetar a los oyentes.
— ¿Estás queriendo decir, doctora Isla, que hasta ahora no lo hemos hecho así?
— Sin ánimo de ofender, Candau, no. Pero verás, no nos vamos a rasgar las vestiduras ninguno de los tres.
Estamos aquí para lo que estamos. Tú misma te acabas de retratar con lo que acabas de decir acerca de Grego.
Queríais mi punto de vista sobre este asunto, ¿verdad?
Pues lo que yo creo, querida compañera, es que tienes que salir un poco más a la calle, no para que te dé el aire, que también, porque eso nunca le viene mal a nadie, sino para que veas cómo intentamos vivir los demás nuestras vidas.
Y empatizar con nosotros. Y, ¿por qué no?
aprender de nosotros. Grego habrá cometido errores, pues claro que sí, como tú y como yo y como Isaac, y como el inspector De Pablos y como todas las personas que nos escuchan, pero te aseguro que no se necesita mucha ciencia para saber que hay mucha más verdad en cualquiera de las pocas, muy pocas intervenciones de Grego, que en todas tus horas de radio.
Hablar es muy fácil, querida Lola. Lo que no parece a veces tan fácil es escuchar, pensar y, mucho menos, respetar.
Un bip confirma que, por fin, Iván ha logrado conectar su móvil al Bluetooth del coche.
—Bien por Nuria —dice el inspector.
—¿Te cabía alguna duda?
—Ninguna. Nuestra amiga va a poner en su sitio a esa carroñera.
Iván comienza a elegir una de sus listas de reproducción.
No sabe qué estilo prefiere su compañera.
Que él recuerde, en estos dos años y pico nunca han hablado de música.
Jamás conoce uno a nadie del todo, se dice, ni siquiera a uno mismo.
Ninguna lista le convence como banda sonora para los cientos de kilómetros que todavía tienen por delante.
La invitación de Pilar le pilló por sorpresa y, sin embargo, aceptó sin dudarlo. Cómo decir que no a unos días en la Costa Brava con dos únicos objetivos: comer y dormir.
—¿Seguro que tu marido y las niñas no están? —pregunta una vez más a pesar de todo.
—Que sí, pesado. Ya te lo he dicho: hasta que a ellas no les salgan callos en las sienes por las orejas de Minnie, estos no se vuelven de Eurodisney. Mis hijas son tan intensas que parecen más tuyas que mías.
El inspector sabe que ahora toca preguntarle a Pilar cómo va su separación de Dani, demostrar un interés sincero. Sin embargo, ella aborta la misión:
—¿Sabes algo de Rodrigo?
—Nada. Se lo ha vuelto a tragar la tierra.
—¿Quieres que lo intente yo?
Iván medita la respuesta unos segundos. Hace unos días estuvo a punto de pedírselo.
Ella solo tendría que tirar de uno de sus juguetitos informáticos, cuestión de minutos, pero ¿para qué?
Si Rodrigo se ha esfumado será por algo.
O por alguien: por él. Los dos son ya mayorcitos.
¿Para qué remover nada? Rodrigo ya ha decidido.
Quizás está de vuelta en Londres, en su segunda casa, o la primera, según se mire.
Sea como sea, a menos de tres horas de vuelo de Sevilla. Rodrigo solo tiene que decirle hello .
—No hace falta, gracias —responde finalmente.
—Como quieras. De todos modos, tendrías que esperar. No te lo vas a creer, pero esta misma mañana se me han estropeado a la vez el portátil y el móvil, es una cosa muy rara, no sé, como si me hubiera atacado un virus.
—¿A ti? ¡Eso sí que es bueno!
—Una putada, querrás decir.
—Pues sí. Aunque míralo por el lado bueno. Esa desconexión es un paréntesis de tranquilidad.
—Lo sé. Pero a mí me cuesta mucho estar así. —Pilar tamborilea sobre el volante. Por ocasiones anteriores, Iván conoce que ese gesto anuncia otra incursión personal—. ¿Y con Alicia? ¿Y con este? —dice señalando a Rafa—. ¿Habéis hablado los tres de una puñetera vez? ¿Qué va a pasar con vosotros?
Iván va a contestar que sí y que les ha hecho una última promesa: quiere dejar de consumir.
Les ha asegurado que, para disfrutar estos días en la Costa Brava, no ha quedado antes con ningún camello ni ha rebuscado al fondo del cajón para los desavíos.
No lleva consigo ni en su equipaje ningún resto, ninguna bolsita a medio abrir.
Esta vez, sí, se lo ha propuesto en serio.
Y esta vez, está seguro, lo va a conseguir.
Rafa no es tonto, le ha dicho a Alicia. Si su hijo se da cuenta de que ha vuelto a las andadas, tiene su permiso para contárselo y, juntos, madre e hijo, romper este pacto de no agresión.
El último. Justo cuando le va a decir todo esto, comienzan a sonar los primeros acordes de la primera canción de una lista de reproducción que había escogido al azar.
Para empezar, unos bongos. Después, entran unos gritos selváticos y unas maracas.
A los pocos segundos, sobre una base de simples notas de piano, Mick Jagger comienza a cantar sobre lo simpático que es el diablo.
¿Quién dijo, hace siglos, aquello de que el príncipe de las tinieblas era todo un caballero? Pues eso.