La fecha #2
Siete días. Siete planetas clásicos que influyeron en la organización histórica de la semana.
Siete cielos en distintas tradiciones. Siete sellos.
Siete trompetas. Siete pecados capitales, aunque esa clasificación perteneciera a una historia cristiana específica y no a una ley del universo.
Siete como suerte en buena parte de Occidente.
Siete como número religioso, ritual, narrativo.
Daniel encontró un trabajo sobre el valor simbólico de siete en Mesopotamia. Rebeca encontró listas que mezclaban sin vergüenza los siete chakras, los siete mares, las siete maravillas, los siete colores del arcoíris y cualquier otra colección que cupiera.
Gael rechazó la mitad.
—Si una clasificación se diseñó para tener siete elementos, no podemos usarla como prueba de que siete apareció espontáneamente.
Laura hizo un gesto de aprobación.
—Acabas de describir una parte importante de la historia humana.
Eduardo se acercó a la pantalla.
—Y una parte importante del problema que tenemos.
Bruno dejó de bromear.
Gael anotó:
7 — ALTA DENSIDAD DE ASOCIACIONES CULTURALES.
Y debajo:
ALTA DENSIDAD DE ASOCIACIONES = MAYOR RIESGO DE SELECCIÓN POSTERIOR.
Daniel leyó.
—Mientras más famoso es un número, más fácil es hacerlo parecer destinado.
—Sí —dijo Eduardo.
—Entonces siete sería pésimo para demostrar algo.
—Como símbolo elegido podría ser útil. Como evidencia de una fuerza, no.
Rebeca cerró dos pestañas.
—Ya entendí por qué querías buscar otros números.
Gael señaló la pantalla llena.
—Si hubiéramos empezado con siete, en veinte minutos podríamos escribir un libro diciendo que todo conduce a siete.
Bruno se acomodó.
—No des ideas.
Eduardo volvió a sentarse.
—Ahora diecisiete.
La habitación cambió sin que nadie lo decidiera.
Gael abrió una pestaña limpia.
No escribió “muerte”.
Escribió:
17 — BÚSQUEDA ABIERTA
* * *
La primera conexión llegó de Italia.
No de una página de numerología.
De una superstición conocida y documentada.
Daniel fue quien la encontró.
—Esto sí está raro.
Bruno se acercó.
—Por fin.
Daniel giró la computadora.
XVII.
Diecisiete en números romanos.
Debajo había otra palabra:
VIXI.
—Son las mismas letras —dijo Rebeca.
Daniel afirmó.
—Reordenadas.
Laura leyó la traducción.
—“He vivido.”
Bruno hizo una mueca.
—Eso no suena a muerte.
Daniel pasó a otra fuente.
—En latín, dicho desde una inscripción funeraria, “he vivido” implica que la vida terminó. VIXI aparece asociado a lenguaje funerario. En Italia existe la superstición del diecisiete como número de mala suerte, y ésta es una de las explicaciones tradicionales más repetidas.
Gael no escribió todavía.
Eduardo preguntó:
—¿Qué tan bien sustentado está que la superstición nazca exactamente de ese anagrama?
Daniel revisó.
—La asociación actual está bien documentada. El origen histórico exacto es más difícil de demostrar como una cadena continua desde Roma.
—Entonces escribe eso.
Gael anotó:
ITALIA — 17 COMO NÚMERO DE MALA SUERTE.
XVII — VIXI (“HE VIVIDO”) — ASOCIACIÓN FUNERARIA / INTERPRETACIÓN DE VIDA TERMINADA.
ORIGEN EXACTO DE LA SUPERSTICIÓN: NO TRATAR COMO HECHO ÚNICO DEMOSTRADO.
Bruno leyó más.
—Viernes diecisiete.
Rebeca levantó la vista.
—¿Qué?
—Allá es como nuestro viernes trece.
Eduardo corrigió:
—Como el viernes trece en culturas donde esa superstición es común. No “nuestro” como si fuera universal.
—Profesor, si algún día me persigue la Muerte voy a pedirle que revise sintaxis antes de matarme.
Eduardo lo ignoró.
Pero Gael no estaba escuchando.
Había escrito otra cosa al margen:
VIXI = HE VIVIDO
No “voy a morir”.
No “morirás”.
Una frase pronunciada desde después.
Laura lo leyó por encima.
—Eso te inquietó.
—Es lenguaje retrospectivo.
—¿Y?
Gael se tomó un instante.
—Nuestros mensajes hacen algo parecido. No siempre amenazan un futuro. A veces hablan como si conocieran una versión de nosotros que ya ocurrió.
Eduardo no permitió que avanzara demasiado.
—Eso es una semejanza narrativa. No una conexión histórica.
—Ya sé.
—Anótala como hipótesis literaria, si quieres. No en hechos.
Bruno soltó aire por la nariz.
—“Hipótesis literaria” suena a manera elegante de decir “me dio culo”.
Gael lo ignoró.
Daniel ya estaba buscando otra referencia.
Cinco minutos después dejó de mover el ratón.
—Hay más.
—¿Italia? —preguntó Laura.
—Egipto. O mejor dicho, una fuente griega sobre una tradición egipcia.
Eduardo se acercó.
Daniel abrió una traducción de Plutarco.
No era una página esotérica moderna. Era un texto antiguo conservado y traducido.
Daniel leyó en voz alta solo lo necesario.
Plutarco relataba que la muerte de Osiris había ocurrido el día diecisiete del mes de Athyr.
Bruno dejó de moverse.
—¿Osiris como el dios egipcio?
—Sí.
—¿Murió el diecisiete?
Daniel señaló la pantalla.
—Según esa tradición recogida por Plutarco.
Eduardo tomó la palabra antes de que Bruno hiciera la siguiente pregunta.
—No significa que históricamente un dios haya muerto en una fecha verificable. Estamos hablando de mito, rito y transmisión cultural.
—Pero la asociación existe —dijo Rebeca.
—Sí.
Daniel siguió leyendo.
Y apareció algo todavía más extraño.
En otra sección, Plutarco decía que los egipcios situaban el fin de la vida de Osiris en el diecisiete y que los pitagóricos llamaban a ese día “la Barrera” y aborrecían el número.
Gael se inclinó hacia la pantalla.
—¿Por qué barrera?
Daniel buscó el pasaje completo.
La explicación no era mística en el sentido moderno. Era matemática y simbólica.
Diecisiete se encontraba entre dieciséis y dieciocho.
Dieciséis podía representarse como un cuadrado de cuatro por cuatro. Área: dieciséis. Perímetro: dieciséis.
Dieciocho podía representarse como un rectángulo de tres por seis. Área: dieciocho. Perímetro: dieciocho.
Y diecisiete quedaba entre ambos.
Separándolos.
Interrumpiendo la relación.
Bruno se levantó de la silla.
—Espérense.
Nadie habló.
Señaló la pantalla.
—Tres por seis.
Gael ya lo había visto.
Bruno continuó:
—Y hace rato pusiste uno, tres, seis, siete y diecisiete.
Daniel dejó escapar el aire.
—Los elegimos nosotros antes de encontrar esto.
—Por eso.
Gael abrió otra pestaña y comprobó algo.
—Diecisiete es el séptimo número primo.
Ahora fue Rebeca quien reaccionó.
—No chingues.
Eduardo permaneció quieto.
Gael enumeró sin emoción:
—Dos. Tres. Cinco. Siete. Once. Trece. Diecisiete.
Bruno señaló otra vez.
—Siete.
—Sí.
—Y un primo solo tiene como divisores positivos uno y él mismo.
Gael lo observó.
—Eso también es correcto.
Bruno abrió ambas manos.
—Uno. Tres. Seis. Siete.
Laura intervino:
—Y esto es exactamente el momento en que tenemos que ser más cuidadosos.
Bruno giró hacia ella.
—¿Por qué? Si todo eso es real.
—Porque real no significa relevante.
Gael escribió en grande:
HECHO MATEMÁTICO ≠ SIGNIFICADO
—Diecisiete sí es el séptimo primo. Eso no lo convierte en número de la muerte.
Daniel añadió:
—Dieciocho sí puede escribirse tres por seis. Pero también dos por nueve. Nosotros elegimos mirar tres por seis porque esos dos números ya estaban en nuestra lista.
Bruno bajó un poco las manos.
—Mierda.
Eduardo señaló a Daniel.
—Eso.
Rebeca volvió al pasaje.
—Pero Plutarco sí usa el tres por seis, ¿no?
—La figura es un rectángulo de lados tres y seis para mostrar que perímetro y área dan dieciocho —dijo Gael—. Eso sí forma parte de la explicación matemática transmitida.
—Entonces tres y seis no los metimos nosotros ahí.
—No. Lo que metimos nosotros es la idea de que por aparecer ahí deben conectarse con nuestros incidentes.
Bruno se sentó.
—Empiezo a odiar que todo pueda ser interesante y no servir.
—Bienvenido —dijo Gael.
Eduardo leyó el pasaje otra vez.
“Barrera”.
Esa palabra sí le interesó.
No por magia.
Por función.
—Diecisiete como algo que separa dos estados —dijo.
Laura lo escuchó.
—Eso ya es interpretación.
—Sí.
—¿La vas a escribir?
Eduardo negó.
—Todavía no.
Bruno se inclinó hacia él, divertido.
—Le está gustando lo esotérico.
—No.
—Poquito.
—No.
Daniel siguió.
Encontró la referencia del mismo autor a los rituales de duelo que comenzaban el día diecisiete, relacionados con la desaparición de Osiris, el descenso del Nilo y el aumento de la oscuridad estacional.
El conjunto era incómodo.
No porque demostrara nada sobre el grupo.
Porque el diecisiete sí tenía una historia cultural vinculada con muerte, desaparición, duelo y frontera.
Una historia real como historia.
No como ley.
Gael lo escribió exactamente así.
* * *
La Biblia apareció después.
No por Eduardo.
Por Rebeca.
—Hay una fecha que se repite en el relato del Diluvio.
Laura se acercó.
Rebeca tenía abiertas dos referencias de Génesis.
—El Diluvio comienza el día diecisiete del segundo mes.
Bruno apoyó los codos en la mesa.
—Claro que sí.
—Espera.
Rebeca siguió.
El texto describía la apertura de las fuentes del abismo, la lluvia y la destrucción de la vida sobre la tierra.
Después avanzó al capítulo siguiente.
—Y el arca descansa sobre los montes de Ararat el día diecisiete del séptimo mes.
Gael levantó la cabeza.
—Mismo número en inicio de destrucción y en punto de descanso.
—Sí.
Daniel se acercó.
—Eso es más interesante que solo “diecisiete igual a muerte”.
Eduardo no dijo nada.
Rebeca siguió:
—En un caso abre el periodo de catástrofe. En el otro marca el momento en que lo que sobrevivió deja de estar flotando.
Bruno hizo una mueca.
—Muerte y supervivencia.
Laura corrigió:
—Dentro de una narración religiosa. No en la naturaleza.
—Sí, ya sé.
—Lo digo porque en veinte minutos todos estamos hablando distinto.
Eso era cierto.
Habían empezado buscando qué podía significar un símbolo elegido.
Ahora la habitación sonaba como si estuvieran intentando descifrar una profecía.
Eduardo se levantó.
—Alto.
Nadie protestó.
Borró una parte del pizarrón pequeño que había en la pared de la oficina. No había usado uno desde que empezó la reunión.
Anotó:
¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?
Bruno levantó una mano.
—Invocando a la Muerte con Google Scholar.
Eduardo lo dejó pasar.
—En serio.
Daniel respondió.