La fecha
No estaba en el centro de la pantalla. Tampoco estaba resaltado.
Precisamente por eso le molestaba.
En la hoja de cálculo había fechas, edades, horas, cantidades, medios de contacto, nivel de certeza, fuente original y una columna nueva que Eduardo había obligado a crear después de la reunión del auditorio:
¿EL DATO EXISTÍA ANTES DE QUE SUPIÉRAMOS QUÉ BUSCAR?
En varias filas la respuesta era sí. En otras, no. En algunas, imposible saberlo.
El diecisiete aparecía lo suficiente para incomodar. No lo suficiente para explicar nada.
Desde la reunión en la que Álex había llegado tarde y había completado una figura de diecisiete personas afectadas o convocadas, el número ya no podía tratarse como una coincidencia privada entre la edad del hijo del trailero, el cumpleaños de Bruno y la fecha del mensaje de Nicolás.
Pero tampoco podía convertirse en causa.
Gael había aprendido a odiar esa diferencia.
La puerta de la oficina se abrió.
Eduardo entró con dos cafés y dejó uno junto a la computadora.
—No te pedí uno.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué lo compró?
—Porque llevas aquí desde antes que yo y no has salido.
Gael revisó la hora.
—Eso no responde.
—Sí responde. Solo no es una respuesta estadística.
Gael tomó el vaso.
Laura apareció detrás con una carpeta bajo el brazo.
—¿Ya están peleando?
—No —dijo Eduardo.
—Qué decepción.
Entró y cerró la puerta.
Habían dejado de reunirse en el salón para hablar de la investigación. Después de lo ocurrido con Gael y de la reunión extraordinaria, el aula había adquirido demasiado peso. Cualquier conversación allí terminaba pareciendo clase, incluso cuando Eduardo intentaba evitarlo.
La oficina era peor para el espacio y mejor para recordar que ninguno de los tres tenía todas las respuestas.
Gael giró la laptop.
—Hay algo que quiero discutir antes de que llegue Rebeca.
Eduardo no se sentó.
—¿Dato o interpretación?
—Pregunta.
—Mejor.
Gael abrió una pestaña.
En la parte superior había escrito:
17
Debajo:
¿POR QUÉ ESE NÚMERO?
Laura dejó la carpeta.
—Ya tardábamos.
Eduardo leyó la pregunta.
—No sabemos que alguien lo haya elegido.
—Ya sé.
—Entonces cambia la formulación.
Gael respiró por la nariz.
Borró.
Escribió:
SI EL 17 FUE ELEGIDO, ¿QUÉ PODRÍA ESTAR COMUNICANDO?
Eduardo aceptó con un movimiento breve.
—Eso sí.
Laura se sentó.
—Y antes de que digas que la numerología no es ciencia, nadie está diciendo que el número provoque nada.
Eduardo tomó la silla frente al escritorio.
—Gracias por quitarme la mitad del discurso.
—Te conozco.
Gael intervino.
—Si existe un autor humano, o incluso un grupo coordinado, el significado cultural sí puede importar.
—Como mensaje —dijo Eduardo.
—Sí.
—No como mecanismo.
—Sí.
Laura apoyó los brazos en la mesa.
—Y si no hay autor humano...
Eduardo levantó una mano.
—No necesitamos terminar esa oración todavía.
Laura no insistió.
Gael sí anotó dos líneas:
SÍMBOLO ≠ CAUSA
SÍMBOLO ELEGIDO = POSIBLE INFORMACIÓN SObrE QUIEN LO ELIGE
Eduardo corrigió:
—“Posible información sobre la intención de quien lo elige”. No sobre quién es.
Gael cambió la frase.
—¿Por qué?
—Porque una persona puede usar un símbolo de una tradición que no le pertenece. Un asesino puede citar la Biblia sin ser creyente. Un bromista puede usar tarot sin creer en tarot. Alguien puede copiar un símbolo porque lo vio en internet.
Laura terminó:
—Entonces el símbolo nos puede decir qué quiere que pensemos, no necesariamente qué cree.
—Exacto.
Gael guardó.
La puerta volvió a abrirse.
Rebeca entró con Daniel.
Bruno apareció detrás.
Eduardo lo vio.
—Tú no estabas invitado a esta parte.
—Rebeca me encontró en el pasillo.
—Eso no explica por qué entraste.
—Curiosidad científica.
Daniel exhaló.
—Dijo “si van a hablar de cosas satánicas yo voy”.
Bruno lo señaló.
—Eso era información privada.
Eduardo apoyó la espalda en la silla.
—No vamos a hablar de cosas satánicas.
—Todavía.
—Bruno.
—Ya.
Rebeca dejó una bolsa con libros sobre el piso.
—En realidad puede servir.
—No lo motives —dijo Laura.
—Lo digo en serio. Si vamos a revisar significados culturales, necesitamos a alguien que nos recuerde cuándo estamos empezando a sonar ridículos.
Bruno se sentó sin esperar permiso.
—Por fin una función académica a mi altura.
Gael abrió una hoja nueva.
—Quiero hacer una búsqueda controlada.
Bruno levantó una ceja.
—Esas dos palabras juntas mataron cualquier emoción.
—Ese es el objetivo.
Eduardo entendió hacia dónde iba.
—No busques solo diecisiete.
—No.
—Bien.
Gael escribió cinco números en una columna:
1 3 6 7 17
Bruno observó.
—¿Y esos de dónde salieron?
—Uno y siete porque forman diecisiete visualmente si quieres forzar una lectura. Tres y seis porque son números con muchísimo simbolismo en tradiciones distintas. Siete porque aparece en casi todo lo que la gente llama místico.
Daniel negó.
—Ya estás sesgando la muestra si eliges números que sabes que tienen simbolismo.
Gael lo aceptó.
—Sí.
Eduardo intervino:
—Pero puede servir como demostración, no como prueba. La pregunta sería: si buscamos con el mismo entusiasmo, ¿podemos construir una historia profunda alrededor de casi cualquier número?
Rebeca sacó una libreta.
—Eso me gusta más.
Laura señaló la pantalla.
—Y necesitamos registrar también significados que contradigan lo que queremos encontrar.
Gael añadió dos columnas:
ASOCIACIÓN QUE APOYA LA HIPÓTESIS
ASOCIACIÓN QUE LA CONTRADICE O NO TIENE RELACIÓN
Bruno leyó.
—Van a arruinar el ocultismo.
—O a salvarnos de él —dijo Daniel.
Eduardo se levantó.
—Una regla más.
Gael esperó.
—Nada de blogs que se citen entre sí como si fueran fuentes distintas. Si encuentran una afirmación histórica, vamos al texto antiguo, al estudio, a la institución o a una referencia verificable cuando exista.
Bruno dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Ahora también van a revisar bibliografía de fantasmas.
—No estamos buscando fantasmas.
—Eso diría un fantasma bien preparado.
Laura rió.
Eduardo no.
Pero tampoco lo expulsó.
* * *
La primera hora fue decepcionante.
Eso fue útil.
El uno se dejó convertir en casi cualquier cosa.
Unidad. Origen. Principio. Identidad. Dios único en tradiciones monoteístas. La mónada en escuelas filosóficas antiguas. El punto desde el que una serie comienza. El individuo frente al grupo.
Bruno encontró una página que decía que el uno significaba liderazgo, independencia, voluntad y destino.
Gael no la dejó entrar a la tabla.
—¿Por qué?
—No tiene fuente.
—Tiene una señora con turbante.
—Eso no es una fuente.
—Qué elitista.
Daniel encontró referencias antiguas a especulaciones pitagóricas donde la unidad se asociaba con principio, razón o indivisibilidad, pero también encontró estudios históricos que advertían que muchas interpretaciones posteriores habían proyectado sistemas neoplatónicos y modernos sobre los pitagóricos.
Eduardo leyó esa parte con interés.
—Ésa sí se queda.
—¿La asociación o la advertencia? —preguntó Daniel.
—Las dos.
Gael anotó:
1 — UNIDAD / PRINCIPIO / MÓNADA EN DISTINTAS TRADICIONES FILOSÓFICAS.
Y debajo:
SIGNIFICADOS VARIABLES. NO ASOCIACIÓN ESPECÍFICA CON MUERTE.
Bruno levantó el pulgar.
—El uno queda libre de cargos.
El tres fue peor.
Trinidades religiosas. Triadas filosóficas. Tres tiempos narrativos. Tres edades. Tres destinos. Tres pruebas. Tres mundos.
Rebeca encontró ejemplos cristianos. Daniel, referencias a la Trimurti hindú. Laura recordó que en psicología popular todo terminaba convertido en “tres tipos de personas” aunque el fenómeno real tuviera veinte dimensiones.
Gael la vio.
—Eso no es tradición esotérica.
—Es una tradición moderna bastante resistente.
Bruno se rió.
Eduardo señaló la libreta.
—Sirve como ejemplo de compresión cognitiva. Los grupos pequeños son fáciles de recordar. Tres permite principio, medio y final. Eso puede contribuir a que aparezca una y otra vez sin necesidad de una fuerza externa.
Rebeca agregó:
—Nacimiento, vida, muerte.
Gael levantó el lápiz.
—¿Fuente?
—No dije que fuera una tradición concreta. Dije que es una triada que cualquiera puede construir.
—Entonces no entra como evidencia cultural.
—Bien.
Bruno se inclinó hacia Daniel.
—Está gozando esto.
—Muchísimo.
Con el seis ocurrió lo contrario a lo que Bruno esperaba.
—Seis es del Diablo —dijo.
Daniel ni siquiera levantó la cabeza.
—Seiscientos sesenta y seis no es seis.
—Son tres seises.
—Y tres no es seis.
—Qué mamón eres cuando quieres.
Eduardo intervino antes de que la discusión se convirtiera en otra cosa.
—Además, si vamos a hablar de simbolismo, el mismo número cambia de sentido según la tradición.
Gael había encontrado algo que le gustaba por una razón completamente distinta.
—Seis es el primer número perfecto.
Bruno giró.
—¿Qué significa perfecto?
—Que es igual a la suma de sus divisores positivos propios. Uno más dos más tres da seis.
—Uno, dos, tres.
Gael lo vio.
Bruno levantó las manos.
—Nomás digo.
Gael escribió:
6 = 1 + 2 + 3
—Esto es matemática. No significado.
—Pero está bonito.
—Sí.
La palabra le salió antes de poder corregirla.
Laura lo notó.
No dijo nada.
Daniel encontró además que en la cultura china contemporánea el seis suele asociarse con que las cosas fluyan o salgan bien, y que puede considerarse afortunado. Aquello bastó para destruir la idea fácil de que “seis” cargaba universalmente una sombra negativa.
Gael anotó:
6 — NÚMERO PERFECTO EN MATEMÁTICA.
6 — ASOCIACIONES FAVORABLES EN CULTURA CHINA.
666 — ASOCIACIÓN APOCALÍPTICA CRISTIANA; NO EQUIVALE A 6 COMO SIGNIFICADO UNIVERSAL.
Bruno leyó.
—Entonces si me tatuara 666 podría decir que es multicultural.
—Podrías decir muchas cosas —respondió Eduardo—. Ninguna te obligaría a tatuártelo.
El siete produjo tantas páginas que Gael tuvo que crear otra pestaña.