MANUAL DE PSICOLOGÍA Mentiras pequeñas #6
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Mentiras pequeñas #6

Eduardo lo observó.

—¿Sobre qué?

Iván rió brevemente.

No había humor.

—Sobre que escondo cosas.

—Todos esconden cosas.

—Sí, ya sé.

Iván miró la fotografía.

—Pero yo creo que llevo años construyendo una versión que cae bien.

Eduardo no intervino.

—El güey que habla.

—El que hace reír.

—El que no se toma nada demasiado en serio.

—Y funciona.

—La gente me sigue.

—Me invita.

—Se ríe.

—Me manda cosas.

Levantó las manos.

—Tengo cuarenta mil personas viendo pedazos de mi vida y aun así no sé cuántas de ellas soportarían verme sin estar haciendo algo.

Eduardo habló:

—Eso es una pregunta diferente a la fotografía.

—Ya sé.

—Pero probablemente la fotografía consiguió que la hicieras.

Iván miró la frase.

—Sí.

Eduardo señaló:

TÚ TAMBIÉN ESCONDES ALGO.

—Ésta es deliberadamente amplia.

Iván levantó la vista.

—¿Cómo?

—Casi cualquier persona podría identificarse.

—Todos ocultamos cosas.

—Eso no significa que quien te escribió conozca todos tus secretos.

Iván tardó.

—Entonces puede ser una frase tipo Barnum.

—Podría.

—Pero...

Eduardo miró el resto de los mensajes.

—"Haces chistes cuando tienes miedo" es más específica.

—Y la fotografía demuestra observación o acceso a alguien que estuvo cerca.

Iván tragó saliva.

—Eso no me tranquiliza.

—No pretendía hacerlo.

Eduardo abrió la carpeta.

Revisó.

Añadió:

CASO 7 — IVÁN

Debajo anotó:

MENSAJES / FOTOGRAFÍA / INFORMACIÓN CONDUCTUAL

Iván observó el número.

—¿Siete?

—Siete que puedo sostener con evidencia directa.

—¿Hay más?

Eduardo levantó la mirada.

—Lo sospecho.

Iván dejó escapar el aire.

—Eso sonó a Gael.

—Gael tiene algunas buenas costumbres.

Iván pensó.

—¿Cree que la misma persona está haciendo todo?

—No sé.

—Pero ya son muchos.

—Son suficientes para investigar conexión.

—No suficientes para afirmar autor único.

Iván negó.

—Siempre me deja peor.

—Prefiero dejarte con incertidumbre que tranquilizarte con una mentira.

Iván soltó una risa breve.

—Bonita clase.

—No era clase.

—Peor.

Se levantó.

Antes de irse, Eduardo habló.

—Iván.

—¿Sí?

—Que alguien haya identificado una inseguridad tuya no significa que tenga acceso completo a tu mente.

Iván sostuvo la puerta.

—Ya sé.

Eduardo le sostuvo la mirada.

Iván soltó una pequeña risa.

—Sí.

—Ya sé lo que acaba de pensar.

—No.

—Pensó que "ya sé" puede ser otra de mis mentiras pequeñas.

—Ahora sí estás aprendiendo.

—Chale.

Salió.

Eduardo permaneció solo.

No reunió al grupo ni intentó completar una lista de sospechas; hacerlo habría contradicho lo que llevaba semanas enseñando.

Abrió la carpeta.

Siete casos.

Cada uno diferente.

Una llamada.

Mensajes.

Fotografías.

Un papel colocado dentro de una funda.

Una alteración en un sistema hospitalario.

Un espejo que nadie más vio a tiempo.

Información privada.

Información conductual.

Accesos posibles.

Explicaciones humanas todavía disponibles.

Algunas cómodas.

Otras cada vez menos.

Eduardo tomó una hoja.

Escribió:

HECHOS

Debajo anotó únicamente lo que podía defender.

Después:

INTERPRETACIONES

Dejó espacio.

Más abajo:

HIPÓTESIS

También espacio.

No estaba listo para reducirlo a una sola explicación.

Había aprendido hacía mucho que una teoría elegante podía convertirse en una trampa si uno empezaba a protegerla.

Miró la caja de cartón de la clase.

Todavía no había destruido las hojas.

No porque quisiera leerlas.

Se había olvidado.

La tomó.

Caminó hasta la trituradora de papel que había junto al archivero.

Encendió la máquina.

Introdujo las hojas dobladas una tras otra.

No reconoció ninguna letra.

No intentó hacerlo.

La última desapareció entre las cuchillas.

Volvió al escritorio.

Sobre una hoja distinta escribió la pregunta que había dejado frente al grupo:

¿QUÉ ESTOY EVITANDO MIRAR PORQUE ME CONVIENE NO VERLO?

Permaneció varios minutos sin escribir.

Pensó en la llamada.

La voz.

La fotografía pegada en su puerta.

TODAVÍA NO TE ACUERDAS.

Pensó en Laura.

En Nicolás.

En Iván.

En la facilidad con la que había explicado durante semanas los mecanismos que permiten a una persona no mirar una parte incómoda de la realidad.

Tomó la pluma.

Debajo escribió:

MI PROPIA HISTORIA

Se quedó observando las palabras.

No escribió un nombre.

No escribió una fecha.

Tampoco escribió qué parte de aquella historia podía importar.

Todavía no tenía evidencia suficiente para afirmar que su pasado explicaba lo que estaba ocurriendo.

Pero eso ya no era lo mismo que fingir que su pasado no existía.

Cerró la carpeta.

Dejó la hoja afuera.

La oficina estaba casi vacía de sonido.

Eduardo tomó el teléfono.

Abrió el registro de llamadas antiguas.

Buscó durante unos segundos.

No porque hubiera encontrado algo.

Porque se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

Buscar únicamente aquello que confirmara la explicación que más miedo le daba también era una forma de sesgar la evidencia.

Bloqueó la pantalla.

Dejó el teléfono.

Miró otra vez la hoja.

MI PROPIA HISTORIA

No tenía respuesta.

Esta vez no convirtió la falta de respuesta en excusa.

Apagó la lámpara.

La hoja quedó sobre el escritorio.

Visible.

Y por esa noche, eso fue todo lo que pudo permitirse no esconder.