Capítulo 9 Cartas a otras madres
Querida madre que estás leyendo esto:
No sé en qué punto exacto de tu duelo te encuentras.
Quizás la pérdida ocurrió hace apenas unos días y todavía sientes que el suelo no termina de sostenerte.
Quizás han pasado años, y este libro te encuentra en un aniversario, en una fecha que solo tú recuerdas, en un momento inesperado en el que el dolor volvió a aparecer sin avisar.
En cualquiera de esos puntos, quiero que sepas que este espacio es tuyo, y que todo lo que sientes tiene un lugar aquí.
Quiero decirte que tu pérdida fue real, aunque el mundo a veces no haya sabido nombrarla.
Quiero decirte que tus manos vacías tienen todo el derecho de sentirse vacías, y que no necesitas apurar ese vacío para que se llene antes de tiempo.
Quiero decirte que el nombre que le pusiste —o el que decidiste no ponerle— es exactamente correcto, porque fue elegido por ti, desde tu propio duelo, y eso lo hace válido.
Quiero decirte que no fue tu culpa. Que tu cuerpo no te falló. Que mereces liberarte, poco a poco, del peso de preguntas que nunca debieron ser tuyas de cargar.
Quiero decirte que está bien crear tus propios rituales, por pequeños o poco convencionales que parezcan a los ojos de otros. Que está bien llorar en fechas que nadie más recuerda. Que está bien reír de nuevo sin que eso signifique haber olvidado.
Y quiero decirte, sobre todo, que no estás sola.
En algún lugar, en este mismo instante, hay otra madre con las manos igual de vacías que las tuyas, atravesando un duelo parecido, buscando las mismas palabras que tú buscas.
No se conocen, probablemente nunca se conocerán, pero están unidas por algo profundamente humano: el amor por una vida que fue breve, pero que fue, sin ninguna duda, completamente real.
Si algún día te sientes con fuerzas de acompañar a otra madre que atraviesa lo mismo que tú atravesaste, hazlo.
No con consejos, no con frases hechas, sino simplemente con tu presencia y con la certeza de que tú sí entiendes, porque lo viviste en carne propia.
A veces, lo único que otra madre necesita escuchar es: "yo también tuve las manos vacías, y sigo aquí. "
Gracias por haber llegado hasta esta última página. Gracias por permitirte sentir, nombrar y recordar. Y gracias, sobre todo, por el amor que sigues cargando por quien no llegó a nacer, pero que, en tu corazón, nunca dejó de existir.
Con todo mi cariño,
para cada madre de manos vacías.
Fin