Manos vacías Capítulo 1 El instante en que todo cambió
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Manos vacías

Manos vacías

Por Nancy Rojas Muoz

© inepub.com

Capítulo 1 El instante en que todo cambió

Desde el momento en que te diste cuenta de tu embarazo, aparecen un sinfín de sentimientos. Algunos están llenos de deseo y amor; otros, de miedo, incertidumbre o incluso rechazo. Y aun así, comienza una nueva etapa.

Hasta que llega ese instante en el que todo cambia.

Hay un segundo exacto en el que la vida se parte en dos.

No es un día completo, ni siquiera una hora entera: es un instante.

Ese instante, lleno de expectativa y temor, es el momento en que el silencio de una máquina que debería sonar apaga todo el resto del tiempo.

La cara del médico que cambia antes de que diga una sola palabra.

Una frase que empieza con "lo siento" y que ya sabemos, antes de que termine, que va a cambiarlo todo.

Antes de ese instante, había una vida entera imaginada.

Un nombre que se probaba en voz baja para ver cómo sonaba.

Una habitación que ya se veía en la cabeza, con un color en las paredes y un lugar exacto para la cuna.

Había una versión de nosotras mismas siendo madres de esa persona, con esa fecha de parto y con ese futuro imaginado.

Después de ese instante, todo lo que habíamos construido en la imaginación se quedó suspendido en el aire, sin lugar donde aterrizar. En ese mismo limbo nos mantenemos como madres o como exmadres, aunque ninguna de las dos palabras parezca encajar del todo.

Nadie nos prepara para esto. Nos preparan para el parto, para la lactancia, para las noches sin dormir.

Pero no existe un manual, un botón, un espacio, un curso, no hay nada para el día en que el cuerpo que esperaba se convierte en el cuerpo que despide.

No existe una palabra en la conversación cotidiana para lo que somos después de una pérdida gestacional: no somos exactamente "madres" a los ojos de muchos, pero tampoco dejamos de serlo ante nosotras mismas.

Y sin embargo, lo somos. Desde el instante en que hubo un latido, hubo una madre esperando ese latido. El vínculo no se mide en semanas de gestación ni en el tamaño de un cuerpo que no llegó a crecer del todo. Se mide en la certeza silenciosa de que, para nosotras, esa vida ya era real.

Si estás leyendo esto, es probable que tú también hayas vivido tu propio instante.

Puede que lo recuerdes con una claridad que asusta: la hora exacta, la ropa que llevabas puesta, la canción que sonaba en la radio del auto de regreso a casa, si es que pudiste regresar o si te tocó enfrentarlo entre las paredes de un hospital.

El duelo gestacional tiene esa particularidad cruel: no olvida los detalles, aunque quisiéramos que lo hiciera.

Este libro no busca explicarte tu dolor, porque nadie más que tú lo conoce de verdad.

Busca, más bien, hacerte compañía en él.

Ponerle palabras a lo que muchas veces se queda atrapado en la garganta porque el mundo alrededor no sabe cómo recibirlo.

Y, sobre todo, decirte algo que quizás nadie te ha dicho todavía: lo que sientes tiene sentido, tiene nombre, y no estás sola en sentirlo.

Vamos a caminar juntas por este duelo. No para dejarlo atrás, sino para aprender a cargarlo de una forma que, con el tiempo, duela un poco menos y ame un poco más.