47. Un minuto antes
Un minuto antes
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Después de salir de la cafetería, voy directa a VALDERYN y me instalo en una sala de revisión. Adriana tarda treinta y dos minutos porque se niega a buscar solo donde yo quiero sin dejar constancia del criterio.
—Antes de que lo leas: esto demuestra que Inés sabía algo a una hora concreta. No demuestra ubicación.
—La búsqueda se ha limitado al intervalo que pediste, con copia preservada y criterio registrado.
—Adriana.
—Ya.
Me da la hoja. Es un correo.
De: Inés Vidal. Para: Daniel Veiga.
Hora: 22:44. Sin asunto.
El texto tiene tres frases: «No va a ceder. Está intentando reabrirlo. Mañana hablamos».
Lo leo tres veces.
—Reabrirlo.
—Sí.
—A las 22:44.
—Sí.
—Un minuto antes del segundo intento rechazado.
—Aproximadamente.
—Y veinticuatro minutos después de que dice que se fue.
—Sí. —No necesito que lo diga una cuarta vez.
—Podía haberlo sabido de otra forma.
—Podía.
—¿Cómo?
—Una llamada. Un mensaje de Helena. Un aviso de alguien de VALDERYN. Una conversación previa que estuviera describiendo de forma imprecisa.
—Hay algo de eso.
—No en lo que hemos revisado hasta ahora.
—¿Daniel contestó?
Adriana gira la página. 22:46.
«Mañana. No hagas nada más esta noche». Me quedo mirando la frase.
—¿Por qué le diría que no hiciera nada más?
—Pregúntaselo a él.
—Lo hemos hecho.
—Está conectándose en diez minutos.
Daniel aparece desde Londres con una camisa blanca y la expresión de alguien que ya no sabe qué parte de esta operación sigue siendo una operación. Adriana va directa.
—Necesitamos contexto para un correo de Inés de hace tres años.
Le enseña el texto. Daniel lo lee.
—Me acuerdo. —No esperaba eso.
—¿Qué significa «no hagas nada más»? —pregunto.
—Que dejara de discutir con Helena.
—¿Cómo sabías que estaba con ella?
—Porque me había escrito antes.
Adriana abre la secuencia completa. 21:58.
INÉS
Estoy con H. Ha encontrado el acuerdo.
DANIEL
Llámame cuando salgas. 22:44.
INÉS
No va a ceder. Está intentando reabrirlo. Mañana hablamos. 22:46.
DANIEL
Mañana. No hagas nada más esta noche.
No hay más.
—¿Por qué no dijiste esto ayer? —pregunto.
Daniel se queda quieto.
—No me preguntaste si seguía hablando con Helena. Creí que era privado.
—Sabías que Inés estaba en Vallvidrera.
—Sabía que estaba con Helena. No dónde.
Adriana interviene.
—El mensaje no dice Vallvidrera.
Cierto.
—Pero sabías que seguían hablando a las 22:44.
—Sí.
—Y aun así no dijiste nada.
Daniel aparta la mirada.
—Una mujer murió pocas horas después.
—Al día siguiente creí que había caído. No que hubiera una investigación por homicidio.
—¿Y ahora?
Daniel se pasa una mano por la cara.
—Ahora empiezo a entender que algunas cosas que llamé privadas eran solo cosas que no quería tocar.
—¿Qué quiso decir Inés con «está intentando reabrirlo»?
—R-17.
—Eso lo deduces ahora.
—No. Ya hablábamos de eso.
—Entonces sabías que Helena estaba intentando entrar al sistema esa noche.
—Sí. —La palabra entra limpia. Daniel continúa antes de que pueda atacar.
—Sabía que Marc le había bloqueado acceso y que ella estaba intentando recuperarlo. No sabía cómo. No sabía que utilizaba su llave. No sabía nada de una caída.
—Y no hiciste nada.
—¿Qué querías que hiciera desde Londres, Clara. Llamar a la policía porque una fundadora intenta entrar en su propio laboratorio?
No contesto. Porque formulado así suena ridículo.
Formulado ahora, no. Adriana cierra la llamada poco después.
Me quedo con la hoja. 21:58.
22:44. La historia de Inés ya no se mueve unos minutos.
Se rompe. A las 22:44 seguía recibiendo información en tiempo real de una mujer con la que llevaba más de una hora discutiendo.
Puede haber estado en el coche. Puede haber estado al teléfono.
Puede haber salido y seguido hablando. Todo eso es posible.
Pero hay una cosa que ya no puedo seguir aceptando sin cuestionarla:
Que se marchó a las 22:20 y la conversación terminó allí.