Mamá está escribiendo… 34. C84
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34. C84

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Comemos en casa porque se lo prometí a Nora.

Hay tortilla fría, tomates abiertos y una bolsa de pan que nadie recuerda haber comprado.

Mi padre se sienta donde se sentaba siempre. Nora deja el móvil boca abajo. Yo lo dejo boca arriba.

—Eso es nuevo —dice.

—¿Qué?

—Que quieras ver quién escribe.

No le contesto.

Durante once minutos conseguimos hablar de cosas pequeñas. Una profesora de Nora que pronuncia fatal un apellido francés. La caldera. Una multa de zona azul de mi padre. Nora sostiene que el tomate está pasado; Gabriel dice que «pasado» es una categoría muy amplia y se lo come para demostrarlo.

El mechón azul de Nora ya ha perdido intensidad; lo enrolla en un dedo cada vez que mi padre se pone técnico.

El tipo de conversaciones que antes me parecían una pérdida de tiempo y que ahora observo como si alguien pudiera venir a requisarlas.

Cuando Nora se levanta a por agua, mi padre pregunta:

—¿Qué habéis encontrado?

—Un nombre.

—¿De quién?

—Nuestro.

Se queda quieto. La siguiente pregunta me cuesta más.

—¿Mamá guardaba cosas de nosotros para VALDERYN?

—Tu madre guardaba cosas de todo.

—Te he preguntado por nosotros.

Nora vuelve. Mi padre deja el tenedor en el plato.

—Al principio eran pruebas —dice—. Para comparar si un sistema reconocía cambios con información que ella conocía bien.

—¿Qué sistema?

—No lo sé. Hace años. Decía que necesitaba casos donde supiera qué había pasado de verdad.

—¿Y nosotros éramos los casos?

—Éramos ejemplos.

Nora deja el vaso.

—Qué palabra tan cómoda.

A las 14:30, Nora, mi padre y yo regresamos a VALDERYN. El equipo externo ya ha abierto una copia de trabajo del índice VIDAL-LONG. No es un dossier secreto con nuestras vidas ordenadas.

Eso sería casi tranquilizador. Es peor porque es banal.

Hay un audio de una cena en la Costa Brava.

Lo reconozco antes de abrirlo porque mi madre etiquetaba mal los meses y mi padre siempre corregía las fechas.

En la grabación, Inés se ríe con la boca llena, Marc protesta porque alguien ha acabado el vino y yo intento convencer a Helena de que no necesitamos organizar quién conducirá de vuelta tres horas antes de salir.

No ocurre nada. Eso es precisamente lo que me tranquiliza durante unos segundos.

Luego veo las etiquetas asociadas a la copia importada. C84: resistencia a planificación externa.

M80: respuesta a pérdida de control operativo. I87: mediación ante conflicto.

Reproduzco treinta segundos más.

—Mamá, deja de analizarlo todo —dice mi voz de entonces, riéndome.

Helena responde:

—No lo analizo. Os conozco.

En la mesa de trabajo nadie comenta la frase. Tampoco yo.

El audio sigue sonando con cubiertos, una silla arrastrándose y mi padre preguntando si queda hielo.

Eso es lo que hace que me cueste más mirar las etiquetas.

Carpetas importadas en años distintos. Etiquetas incompletas. Calendarios familiares.

Transcripciones de audios que reconozco por frases sueltas. Resultados de decisiones: mudanza, colegio, ruptura, incorporación a la empresa, abandono de la empresa. Parte del material está anonimizado; parte conserva relaciones suficientes para reconstruir quién es quién.

—¿Esto era legal? —pregunto.

Adriana no improvisa.

—No voy a responder sin revisar origen, base de tratamiento y fechas. Que un archivo exista no demuestra que todo su contenido se incorporara de la misma forma ni con el mismo permiso.

Versión conservadora. Otra vez. Samuel abre una tabla antigua. No contiene mensajes de Helena ni predicciones literarias.

Tiene columnas torpes: evento, señales previas, resultado observado, error.

—Esto parece una prueba de referencia —dice.

—¿Para qué?

—Para comprobar si el modelo detectaba cambios antes de que ocurrieran.

—¿Antes de que ocurrieran o antes de que vosotros supierais que iban a ocurrir?

Samuel no intenta defenderse.

—Buena diferencia.

Busco mi nombre. No aparece. Hay identificadores. Pero reconozco una fecha.

El día de la ruptura que terminó sacándome de VALDERYN.

La fila no dice Clara. Dice C84. Y el registro empieza diecisiete meses antes de que yo supiera que quería marcharme.